viernes, 8 de abril de 2016

En modo novela (28) - Palabras y cacharros



Ocurrencia del día:

No me importa reconocer que la primera vez que oí la palabra procrastinación pensé que la cosa iba de una campaña a favor de cortarle los huevos a alguien (o al género masculino en su totalidad, incluso). Es normal. Por eso hay gente que dice “delgado como una sífilis” o “encontró la hormona de su zapato”. Cuando nos enfrentamos a una palabra desconocida nos puede la pereza, y en vez hacer el esfuerzo de averiguar nos resulta mucho más cómodo tirar de repertorio y buscar en el saco de los términos ya aprendidos el que más se parezca a ese tan raro que acabamos de escuchar.
Al ignorar el significado de esa nueva palabra, obviamente, la semejanza encontrada será siempre superficial, un mero parecido ortográfico o sonoro.

Es curioso como a veces el sonido de las palabras es la pauta que nos conduce hacia su significado, con el riesgo que ello conlleva. Los árboles de la fonética nos impiden ver el bosque de la semántica, por decirlo en modo meme o viral 2.0 (o lo que sea, que para eso estamos en internet).

Ya sobre la novela, propiamente dicha:

Algunas cosas no han cambiado apenas en el transcurso del último siglo, pero si atendemos a todo lo relacionado con la tecnología, los últimos diez años concentran una actividad tan desaforada que ha terminado por distorsionar nuestros parámetros para decidir qué es antiguo o moderno.

Una historia ambientada en 1979 implica prescindir de teléfonos móviles, de reproductores de DVD, Blu-Ray, MP3 o MP4; de tablets, iPads e iCacharros en general, y no sólo eso: de ordenadores, no ya portátiles, sino de cualquier computadora de uso cotidiano o doméstico. Olvídate del fax, de la impresora láser, del GPS, de la PlayStation, y ojo al dato: accesorios tan corrientes como el mando a distancia de la tele o el cajero automático, aunque ya inventados entonces, eran material más cercano a la ciencia ficción que a la teletienda (que, por cierto, tampoco existía; los televisores eran todavía mayoritariamente en blanco y negro, y había un canal y medio para ver, nada más).

Así que no puedo decir que esté escribiendo lo que se conoce como una novela histórica, pero si bien la brecha cronológica sitúa los hechos en una época que podemos definir como contemporánea, la brecha tecnológica me obliga a tener activado el modo “alerta de anacronismo” cada tres líneas, y también a resolver según qué situaciones sin ayuda de la informática, lo que supone un ejercicio francamente estimulante.

Para acabar, otra pista musical, que ya no tiene que ver con los Beatles, pero que no explicaré más, para no hacer trampas… si es que no las estoy haciendo ya…


2 comentarios:

C. Martín dijo...

Deacon Blue..., hum, vas muy bien, sí señor, muy bien... al menos musicalmente hablando :-)))

El último peatón dijo...

Pues esto no va a quedar así, que he desempolvado el cajón de los vinilos... :)