martes, 16 de junio de 2015

En modo novela (12) - Enredando punto com


 
Esto que estáis leyendo ahora mismo es una introducción que he creído apropiado añadir al texto que viene más abajo, y que es el escrito inicialmente para cumplir mi cita periódica con esta bitácora.

La razón no es otra que el pifostio que se acaba de montar con los tuits de Guillermo Zapata (no me enrollo porque ya sabréis de lo que va; y el que no lo sepa, puede informarse aquí). Ya que mi comentario de esta semana iba dedicado a las redes sociales, y la actualidad se ha vuelto a empeñar (¿cuántas veces van ya?) en plagiarme, no me resisto a decir tres o cuatro cosas.

Las redes sociales son un envoltorio moderno que alberga un contenido más antiguo que el libro de estilo de 13TV. Lo sabe todo el mundo. La diferencia es que, en el universo 1.0, cuando el cafre de turno soltaba la animalada a voz en grito en el bar, contaba con la ventaja de que nadie lo había grabado, y además se amparaba en el recurrente “no era yo, era el alcohol quien hablaba”, y aun (tampoco es que entienda demasiado por qué) los demás tendíamos a disculparle.

Hoy por hoy, el chiste, el chascarrillo, la bufonada, la boutade, el aforismo de almanaque (o de taberna), la barrabasada, la cita de Paulo Coelho o el eslogan publicado en Twitter o Facebook queda escrito, grabado y difundido masivamente. Ay… parece mentira que no aprendamos. Da igual que hablemos de políticos, de cantantes, de futbolistas, de novelistas,  de empresarios, de periodistas  o de actores.  Cae todo el mundo. Qué cosa.

Allá cada cual, faltaría más. Lo que sí me molesta (un poco, tampoco os vayáis a creer que no duermo) es que, como en casi todo, las reacciones que surgen tras un patinazo como el del tal Zapata rezumen ese tufo a corriente organizada, a sectarismo, a tendencia, a etiqueta cosida a la carne misma. A la necesidad de condenar o lamentar o censurar públicamente (vía Twitter, se entiende) las palabras xenófobas o injuriosas del político que sea, los internautas le agregan la no menos necesaria obligación de dejar claro que “los otros” (sean quienes sean) también lo hacen.  Y volvemos al juego del “Y tú más” y del “Nosotros seremos malos pero vosotros sois peores”, y de esta manera lo que ocurre es que los bocazas como Zapata, García Serrano, Losantos, Sostres y compañía seguirán aspirando al trono del reino del Trending Topic por los siglos de los siglos o por los tuits de los tuits.

En fin.

 
De esta guisa posa servidor en Twitter
 

Cuando me asomo al muro de Facebook veo empastes, pústulas, animales muertos, vómitos, miembros escayolados, puntos de sutura, muecas de borracho… Alguien pone en su perfil una foto de recién levantado, con legañas, despeinado, enseñando la hucha; y voy yo, y pienso: si alguien llama a mi puerta y estoy con esa pinta, no le abro ni loco, soy capaz de fingir que estoy muerto. Y al instante llego a la conclusión de que ese mismo individuo tampoco recibiría a nadie en persona de tal guisa, aunque misterios de la vida (o de la informática, vete a saber) cuando se trata de la red social, es capaz de grabarse la colonoscopia con el móvil y presumir de plano secuencia entrañable (por lo de las entrañas).

Y más: alguien pone la foto de un genocidio, o de un bebé enfermo con la cabeza deformada, y entonces dudo unos segundos si hacer clic en “Me gusta”. ¿Qué interpretarán? ¿Que me gusta eso que pasa o que me gusta que mi contacto lo difunda o lo denuncie?… Ay. Que inventen ya el botón de No me gusta, Me da igual, Te pongo me gusta para que veas que te leo o Espera un momento que me lo pienso. Qué se yo.

Y resulta que ahora es muy importante que hablen de ti en Twitter. “Nuestro programa está siendo trending topic”... “En las redes sociales se habla todo el rato de nosotros”... O sea, que ahora nos parece la hostia que nos siga la gente que está todo el día tocándose los cojones. Quiero decir: antes (no hace tanto) uno presumía de que se hablara de él en las universidades, en las tertulias intelectuales, en la prensa especializada, en las conferencias, en las casetas de la Feria del Libro, en los descansos entre actos de la ópera, en el ambigú de los cines de versión original, en fin... A lo que voy: parece ser que lo que uno debe considerar “el público” no se corresponde con lo que tradicionalmente hemos denominado “los lectores”, sino más bien con ese colectivo inconcreto llamado “los internautas”. Tiene algo de retorcido que uno deba deshacerse en esfuerzos para llamar la atención de personas que probablemente pasan 23 horas al día pegados al ordenador, la tableta o el móvil chateando, tuiteando, feisbuqueando, descargando películas y series, yutubeando, instagrameando, husmeando entre webs, es decir, haciendo cualquier cosa menos leer una novela (menos aún ir a comprarla).

Lo mismo no. Igual todo esto es paranoia mía. Y cierto que tan inconcreto es decir “los lectores” como “los internautas”. Todos somos muchas cosas a la vez y casi todas son compatibles. Pero yo me entiendo. Y por eso ando con un moscardón que me zumba en la oreja y me dice que a lo mejor estoy haciendo algo mal.

Me explico. El dilema es estar en las redes sociales o escribir en las redes sociales. Y por escribir (el avispado lector ya lo ha adivinado) me refiero a ejercer el oficio literario, claro. No limitarse a la promoción o la simple visibilidad (que ya es mucho, tal como yo lo veo), sino abrumar al respetable con parrafadas densas e intensas, esa clase de texto típico de muro de Facebook que quiere sonar visceral y espontáneo pero que se nota calculado e intencionado, o bien ese descarado eslogan publicitario o propagandístico disfrazado de genialidad improvisada que se vomita en los ciento y pico caracteres de un tuit… Ya no se trata de 15 minutos de fama una vez en la vida. Se trata de 15 minutos de fama al día, como mínimo. Uf.

En fin, seguiré pensando en ello. Por lo pronto, tranquilos, que las parrafadas me las sigo guardando para este espacio.

2 comentarios:

Palimp dijo...

Un comentario al prologo por alusiones (es que me he sentido aludido por una cosa que he puesto en el facebook).

Una cosa es justificar el chiste de Zapata con el 'y tu mas' y otra -que es mi caso- sorprenderse que personas que sueltan perlas por la boca cada dos por tres se escandalicen por un tuit escrito en un contexto determinado.

Me paso lo mismo cuando denunciaron a un tuitero por una alusion a la concejala del PP asesinada por incitacion al odio pero luego se dejan pasar otras sin problemas.

Vamos, que si la dimision la pide la asociacion de amigos de Israel yo no digo nada, pero que la pida Esperanza Aguirre me da cosica.

Sobre este tema se podria hablar muchisimo, pero todavia no le hemos pillado el punto a las redes sociales. Yo por si acaso procuro no hablar demasiado.

El último peatón dijo...

Estoy de acuerdo con lo que pusiste en Facebook. Es más, creo que normalmente son los políticos y tertulianos más reaccionarios los que acostumbran a rasgarse las vestiduras y escandalizarse (o hacer ver que se escandalizan) con mayor vehemencia.

A lo que yo me refiero es, más bien, al hecho de que este tipo de debates en las redes se montan movidos más por rivalidades políticas que por una verdadera crítica hacia comportamientos xenófobos, racistas o miserables de cualquier tipo, que, en teoría, deberían estar por encima (o, como mínimo, al margen) de siglas y colores.

Ahora bien, como se imponga la costumbre de definirnos en plan "Eres lo que tu muro de Facebook dice de ti", apañaos vamos...