domingo, 10 de mayo de 2015

En modo novela (9) - Fiesta y cine


No estamos en temporada alta de estrenos cinematográficos, y se nota. Aun así, no quiero dejar pasar dos películas que, aunque no pertenecen a la categoría de experimento u obra minimalista, tampoco son de aquellas que abarrotan los espacios publicitarios, y dado que hoy arranca una nueva edición de la Fiesta del Cine (entradas a precio de bazar chino: 2,90 euros), puede que el espectador por lo general timorato se atreva a arriesgarse con propuestas impensables en épocas de tarifas regulares.
 
 
El mérito principal de Felices 140 es que parece que la hemos visto ya cincuenta veces (otra película sobre el reencuentro de viejos amigos, como Reencuentro, Los amigos de Peter, Pequeñas mentiras sin importancia y un etcétera tan largo como la obra de la Sagrada Familia), pero resulta que guarda cartas en la manga para  convencerte y sorprenderte a partes iguales. Gracia Querejeta, que no suele brillar en la faceta técnica, sí acostumbra a hacerlo en la narrativa, y aquí alcanza el buen nivel que ya mostró en El último viaje de Robert Rylands, Héctor y Siete mesas de billar francés. Los actores y, sobre todo, las actrices, destacan en una trama que viaja de lo corriente a lo extraordinario y que se enriquece a base de un par de giros cuya efectividad depende del tipo de información previa que hayáis leído o visto sobre el filme. Me explico: por desgracia, la práctica del tráiler chivato acusica spoiler (hijo de la gran puta) se sigue perpetrando con alevosía e inmunidad judicial, por lo que me temo que es demasiado tarde para recomendaros que no consultéis ningún medio ni leáis crítica alguna. El que se atreva, que se fíe de mí y vaya a verla lo más virgen posible. Sólo os puedo adelantar que, además de la típica historia de secretos, rencillas y nostalgias que suele derivarse de este planteamiento, la película termina regalando una jugosa invitación a plantearnos hasta qué punto el ser humano puede ser egoísta o generoso, leal o traidor, noble o rastrero, incluso con sus amigos y sus seres presuntamente queridos.
 
 
Mi otra sugerencia es El capital humano, del director italiano Paolo Virzi. Se puede decir que en el fondo es una película sobre la crisis, pero que nadie tiemble. Esto no va ni de tertulianos de Intereconomía, ni de clases magistrales de finanzas, ni de arcanos bursátiles de esos que requieren más fe que conocimiento para comprenderse. Aquí nos las veremos con un aspirante a nuevo rico y con un buitre inversionista accidentalmente emparentados (sus respectivos hijos andan medio liados), cuyo deseo mutuo de aprovecharse del otro desencadenará una trama que combina la intriga con la comedia negra y le pega un repaso, a veces elegante y a veces un punto histriónico (como sólo un italiano sabe sacar provecho del histrionismo, va fan culo, stronzo, putana, cazzo, imbecile di merda) a todo bicho viviente. En este sentido, la película es inmisericorde; reciben todos, y aunque cada espectador encontrará matices para decidir sus mayores simpatías o antipatías, resulta complicado -y por ello digno de elogio- poner etiquetas de héroes y villanos (el único personaje que en principio puede parecer menos sucio, la doctora interpretada por Valeria Golino, termina conduciéndolo a uno a formularse una pregunta -¿Qué le puede haber visto a ese tipo (el constructor pelmazo y grimoso) para querer formar una familia junto a él?- cuya respuesta resulta demoledora: tiene que ser por la pasta).
Siendo una obra bien diferente, tiene algo en común con la película de Gracia Querejeta: un retrato del hombre contemporáneo en el que la codicia, la ambición y el afán arribista son las señas de identidad más reconocibles.
Virzi utiliza una estructura manida (la de historias cruzadas con un accidente o suceso trágico como nexo y que se reformulan según diferentes puntos de vista, igual que en Amores perros o Crash, por citar sólo un par) y en la que el cinéfilo o el amante de los juegos de filmoteca puede encontrar ecos que van desde el ciclista clásico de Bardem hasta el menos popular de la argentina y muy recomendable Sin retorno (Miguel Cohan, 2010).
 
Me voy al cine. La semana que viene, más crónicas de novelista remangado.

No hay comentarios: