martes, 17 de febrero de 2015

En modo novela (4) - La novela o cómo convertir tu vida en un parque temático


Consideremos esto como una primera ecografía. Hasta ahora, lo que he contado aquí de la novela es poco más que un predictor cargado de retórica y de raquíticas pistas. Bueno, no es que haya para mucho más; aún queda para poder hablar de fisonomías, de corazones que laten y de miembros. Digamos que ésta es la fase aquella en la que el engendro se parece más a una alubia que a un proyecto de humano. Pero la paciencia, casi tanto como la creatividad, es la mejor virtud a la que puede aferrarse el novelista. Así que nada de prisas.
 
El feto, o la alubia, posee ya ciertos rasgos marcados en su ADN. Hablé de banda sonora semanas atrás. Enseñé alguna foto de mi material de documentación, y ahí ya lo pudisteis ver. Estaba Lennon, sí. Pero no sólo él cuenta. Los otros tres melenudos de Liverpool también suenan de fondo. Y acordaos del patético ejemplar, de apellido Pérez, rescatado del mugriento desván de la tele…

Así es: del mismo modo que los 60 no son sólo los Beatles, los 80 no se hicieron exclusivamente a base de movida y nueva ola. Las crestas punkis y las chupas de cuero son tan ochenteras como las Yumas blancas con rayas naranjas y las casetes de gasolinera. La novela, no obstante, crece y se reproduce en el final de la década anterior, en los 70 del rock sinfónico y el destape, del Libertad sin ira y el Españoles Franco ha muerto.


Asumido esto, alterno mis días recuperando canciones de esas que aún desprenden el rumor de la fritura de vinilo, el entrañable crepitar del surco rasgado por la aguja del tocadiscos… Ay. La nostalgia. Qué gran palabra para el mundo de los negocios: os hicieron tirar a la basura todos vuestros elepés y ahora os los venden a 40 euros la pieza. No es mi caso. Yo, bendito Diógenes, aún conservo los míos. Pero aclaro: líbreme el cielo del método Stanislavski. No es que oiga esos viejos temas porque necesite escucharlos para escribir (o, más osado aún, para crear); no los convierto en la melodía escupida por la flauta del encantador de serpientes, ni mucho menos en el canto de las sirenas embaucadoras de musas en paro. La manera de definir el fenómeno es justo la opuesta, es decir, la obligación de ubicarme en una determinada época para dar vida a esta historia es lo que ha despertado ciertos recuerdos musicales aletargados o incluso proscritos.

El mencionado fenómeno acostumbra a desencadenar una oleada de autoritis radical transitoria. Bueno, yo lo llamo así. No soy demasiado amigo de la idealización extrema de este oficio, de ese cliché que me obligaría a convertirme en un ser superior cargado de hipersensibilidad y profundidad forzada, y exento a su vez de sentido terrenal y espíritu lúdico. No es para tanto, hombre. Me encanta esto y no me veo haciendo otra cosa, pero preferiría no perder la chaveta como un quijotillo de medio pelo.

A lo que me refiero con lo de autoritis radical transitoria es a que podría tirarme el pisto ahora mismo diciendo que estoy poseído por la novela y que sus personajes me hablan y todo eso. Queda bien, no vayáis a creer. Pero mentiría. Mi forma de verlo es, de nuevo, a la inversa. Estar tan entregado a un trabajo como el que supone escribir una novela provoca un estado de sugestión que indudablemente condiciona tu visión de la realidad. Cierto. Es como estar formando parte de un experimento Kulechov a largo plazo. Es lo mismo que pasa cuando uno se enamora o es abandonado por su amante: todo te recuerda a esa persona. La novela es también así de encantadora o así de puta, según por dónde soplen los vientos. Y ahora que me encuentro en fase de idilio y cortejo con esta nueva obra, por así decir, el fenómeno se manifiesta y convierte mi vida cotidiana en un parque temático de la novela: pongo la tele y la música de los anuncios me cuenta que está de mi parte. Give a little bit, de Supertramp; Una décima de segundo, de Nacha Pop; From me to you, de los Beatles… Son anuncios de bancos y de coches; puede que de teléfonos móviles… La vida me plagia.

2 comentarios:

Alberto NL dijo...

Por cierto, ayer dieron en la Tele BackBeat. Lo digo por si pensabas que era una ilusión provocada por dicha autoritis, jeje

Tengo ganas de leer ya tu nueva novela ;-)

El último peatón dijo...

Yo también espero que no tardes mucho en leerla, aunque aún queda faena... ;)