martes, 18 de noviembre de 2014

Libros vivos


 
¿Cuál es la esperanza de vida de un libro? ¿Cuándo se hace un libro adulto? ¿Depende ello del género, del autor, de ambas cosas o de ninguna? ¿De verdad existen la suerte y los autores revelación? ¿De verdad se lee lo que se elige, o más bien se elige lo que se debe? No existen estudios al respecto, así que hago mi propia conjetura:
 
No tengo la más puta idea.
 
Bien. Pasando a otro asunto, aunque no del todo ajeno a lo anterior, nos acercamos al final del año según el calendario, segunda temporada de existencia de La vida privada de Dios, un año y medio de vida impresa y publicada. Ya lo repasamos en su día con motivo del primer aniversario, pero recapitulemos otro poco: Madrid, Barcelona, Talavera de la Reina, Día del Libro, Aula de Escritores, Revista de Letras… Para el 2015 vienen los clubs de lectura en Bibliotecas de Barcelona, y seguro que aparecerán nuevos eventos y convocatorias en los que asomar la nariz y las páginas.
 
Sea como sea, y venga lo que venga, la criatura está ya lo suficientemente crecidita como para poder dejarle un margen de autonomía, y al mismo tiempo empezar a prestarle mayor atención a la que está por nacer y lleva algún tiempo gestándose. Así pues, con un ojo puesto en La vida privada de Dios y el otro en el ser nonato y anónimo que cada vez pide más energía y atención de su progenitor, seguiré compartiendo con quien quiera transitar esta acera virtual las anécdotas, inquietudes y otras variantes del onanismo encefálico que vayan surgiendo en paralelo al proceso creativo.
 
Las luces de Navidad ya están colgadas por las calles, e imagino que en breve empezarán a lucir a todo vatio para recordarnos que hay que comprar regalos. ¿Por qué no un libro? ¿Por qué no éste?