viernes, 14 de marzo de 2014

Ella punto com


La principal característica del director Spike Jonze era hasta la fecha el gusto por la extravagancia narrativa, el retruécano formal y el delirio creativo conocido vulgarmente como paja mental. Es decir, que uno lo tenía más bien catalogado como un pirado con ingenio o como el friki más espabilado de su pandilla (idea que se veía reforzada cuando te lo encontrabas formando parte de la caterva gamberra de Jackass).
Después de ver Her, escrita y dirigida por el propio Jonze, empiezo a pensar que ese estilo atribuido al director tenía tanto de sí mismo como de su colaboración con el guionista Charlie Kaufman, autor de los guiones de Cómo ser John Malkovich y Adaptation, las primeras películas de Spike Jonze, tan estimables como raritas.

Her supone, al menos en apariencia, un cambio notable de registro (en lo que a mí respecta, Donde viven los monstruos no terminaba de funcionar). La historia sigue teniendo un punto de surrealismo modelno, sí, pero se queda casi por completo en el planteamiento. Un hombre solitario y que todavía no ha superado su última ruptura sentimental encuentra consuelo en la compañía de un programa informático que reproduce la voz y el pensamiento de una mujer, hasta el punto de terminar enamorado de esa señorita virtual e incorpórea a la que pone voz una conmovedora y sensual Scarlett Johanson (reivindicando de forma indirecta que la versión original no es un esnobismo de cinéfilo, sino la única manera posible de valorar en su justa medida el trabajo de un actor). El protagonista, un perfecto Joaquin Phoenix, trabaja escribiendo cartas de amor para otros, prestando su ingenio y su sensibilidad para que los demás sean capaces de expresar lo que sienten sin torpezas ni aburridos tópicos. Suena a Cyrano de Bergerac, pero no va por ahí. Jonze reproduce con acierto una atmósfera futurista que sin embargo se muestra más cercana que lejana, apoyándose en determinados detalles tecnológicos (ese niño cibernético y malhablado, para llevárselo a casa) y en un diseño de vestuario que uno no sabe si pega más en el armario de Julián Muñoz (esos pantalones sobaqueros) o en la cabina de una nave interespacial cualquiera. 
Al principio parece que la cosa podría transitar por los senderos de Shame (Steve McQueen), pero enseguida comprobamos que Jonze no quiere ser tan sórdido, y aunque su película es agridulce en términos generales, maneja bastante bien los tonos y los tiempos para que ni se le desmadre la comedia ni se le desboque el drama, logrando un aire de amarga ternura al estilo del cine de Alexander Payne (tenéis Nebraska aún en cartelera; vosotros mismos). La aventura romántica funciona, es sorprendentemente verosímil, y en el trayecto uno se plantea reflexiones parecidas a las que te venían a la cabeza viendo películas como Inteligencia Artificial (Steven Spielberg) o Eva (Kike Maíllo). Por suerte, no tiene nada que ver con la grotesca y fallida Lars y una chica de verdad (Craig Gillespie), aunque de algún modo Her pudiera considerarse su prima hermana.

Hay hallazgos interesantes, como ese primer chat subido de tono, el ya mencionado personajillo del videojuego, las excursiones del protagonista y su cibernovia, o el hecho de que la escena probablemente más emotiva de la película transcurra con la pantalla en negro. El punto débil, en mi opinión, es que la trama está peor resuelta que planteada. Quizá se alarga demasiado en el tramo final, y lo que uno se ha empezado creyendo pese a lo excéntrico de su premisa, termina resultando algo forzado a partir del minuto 90, más o menos.
No obstante, la película puede interpretarse tanto en sentido literal como metafórico, y en este segundo caso diría que funciona al cien por cien, pues no deja de ser un cuento, una fábula moderna o posmoderna sobre un tema eterno y universal. Merece la pena, y su Oscar al mejor guion no puede estar mejor concedido.
 

2 comentarios:

colifata por el mundo dijo...

Interesante, dan ganas de verla. Ahora ¿volvemos a hablar de tu libro? ;)

El último peatón dijo...

¡Dale! Hablemos de mi libro... O mejor lo dejamos para el martes ;)