viernes, 10 de enero de 2014

Feliz tamaño nuevo


 
Tenemos que reconocer que vivimos bajo una especie de dictadura de la tecnología que nos afecta a todos, incluso a los que parecemos andar un paso por detrás de lo que se conoce (o conocía) como estar a la última.
 
Me asombra el poder que el mercado de la industria tecnológica e informática posee para manipular nuestro concepto de idoneidad respecto al tamaño de los aparatos (dejo aquí un espacio para que os detengáis a imaginar por enésima vez el enésimo chiste que se os ocurra sobre la interrelación entre los términos tamaño y aparato).
 
Resulta que la tendencia clásica era la que apuntaba a equiparar avance tecnológico con reducción de tamaño. Los microchips, las microcámaras, los microondas, los aparatos de dimensiones reducidas en general han ilustrado tradicionalmente los efectos del progreso científico. Por el contrario, los primeros ordenadores eran almacenes de lata y cables que ocupaban espacios  tan inmensos como para provocarle un orgasmo a un concejal de urbanismo de antes de “la que está cayendo”, y los teléfonos portátiles de la primera época eran maletones que harían babear a un operario de Ryanair pensando en el exceso de bulto (de nuevo dejo aquí un espacio para que os detengáis a imaginar por enésima vez el enésimo chiste que se os ocurra sobre el binomio compuesto por los términos exceso y bulto).
 
En fin. Se suponía que los ordenadores portátiles y los móviles del tamaño de un paquete de tabaco representaban el futuro. Hace poco más de tres meses cambié de teléfono móvil. Ahora tengo uno que funciona con sistema Android y todo eso. Creí, como tonto, que con ello bastaba para traspasar el umbral de la prehistoria y dar mis primeros pasos en el reino del progreso. Pues no. Resulta que mi teléfono móvil (Samsung Galaxy Mini) se considera una antigualla porque se trata de un modelo de hace unos años (no muchos), y lo que me resulta más incongruente es que me señalen como algo negativo el hecho de que sea “pequeño”. ¿Qué pasa, que como san Steve Jobs inventó el iPad ahora todo lo que sea más pequeño es una bazofia? Además, tengo la impresión de que esta moda no afecta tan sólo al ámbito de los dispositivos electrónicos portátiles, sino que ha extendido su poder de infección también a otros sectores (véanse las ópticas, por ejemplo: ahora llevar las gafonas de Betty la Fea es lo más cool… quién iba a imaginarlo).
 
O sea, se acabó lo de llevar el móvil en un bolsillo. ¿Será una confabulación entre los fabricantes de tabletas y los de bolsos? ¿O será que Apple, Sony, Samsung y compañía han descubierto un filón en la venta de fundas, bolsas, carteras, bandoleras y demás complementos? ¿O es todo a la vez?
 
Por si esto no fuera suficiente, escucho a un experto en televisión vaticinar que el televisor, como aparato, va camino de la desaparición. La forma de ver la tele, en su opinión, está cambiando por el influjo de las redes sociales; ahora la gente quiere ver y comentar el programa al mismo tiempo, y para eso ya no vale estar mirando el televisor y tuiteando o feisbuqueando desde el ordenador o el móvil. La tendencia apunta a integrarlo todo en un mismo aparato, en ventanas activas que se abren de forma simultánea en una misma pantalla. O sea, que sustituiremos el televisor por una ventanita del Windows o similar, para verlo, además, en el recuadro exiguo de un teléfono o un cacharro que tendrá el tamaño de una tarjeta  de visita. Pues qué bien.
 
He dicho al principio que lo habitual desde siempre ha sido equiparar avance tecnológico con reducción de tamaño, pero había una excepción. En el caso de los televisores, la equivalencia entre modernidad y tamaño era en teoría la inversa. En los años 90, las dimensiones medias de los televisores que teníamos en casa eran de entre 20 y 24 pulgadas. De repente, las megapantallas planas irrumpieron en los bazares y las tiendas de electrodomésticos, y los televidentes en general (más los aficionados al cine en particular) lo recibieron con lógico entusiasmo. Menos carcasa y más imagen. Bien. Que me quieran convencer ahora de que lo que mola de verdad es ver una película o un partido como si estuviéramos a diez kilómetros de la pantalla o del estadio es peor que un chiste de Jaimito Borromeo. Ya me jode que las salas de cine estén en peligro de extinción como para que encima me vengan con minimalismos posmodernos. Teléfono pequeño, tele grande. ¿No era así el misterio?
 
En fin, no me queda otra que cuidar mi televisor como si fuera un cachorro de oso panda, porque me temo que si un día se avería lo que me ofrecerán a cambio será un cachivache tan grande como un Sugus que tendrá que servirme de ordenador, teléfono, televisor, impresora, secadora y cortacésped (suerte que no tengo jardín).
 

3 comentarios:

Palimp dijo...

Como bien dices, el tamaño va a modas -como las gafas o las faldas- pero hay otros factores por medio.

Antes los teléfonos se hacían pequeños porque sólo se usaban para llamar. Ahora se usan para todo menos para llamar (fotos, ver vídeos, jugar, facebook,...) por eso las pantallas se van haciendo grandes, para ver el multimeedia mejor. Esto tendrá un límite, supongo :). Cuando se inventen las pantallas plegables se volverá a miniaturizar el teléfono pero aumentar la pantalla (pantallacas enormes pero que plegadas cabrán en un dedal).

Con la tele no hay que sufrir, seguirán haciéndose enormes (mis padres han tenido que cambiar el mueble del salón para poder comprarse tele nueva... les ha salido más caro el mueble que la pantalla). Otro tema es la ploriferación de nuevas pantallas pequeñas, que serán los tablets (tendremos más de uno) y estarán todos sincronizados, para poder irte a mear con el tablet viendo el mismo programa que tienes en la tele).

En fin, la tecnología cada vez más rápido.

Alberto NL dijo...

No creo que sea algo exclusivo de la tecnología, creo que ocurre algo similar con el calzado, con los relojes (bueno me refiero a la época en que el reloj no estaba eclipsado por los móviles), con los coches, con los bolsos, ... En todos ellos ha habido épocas de tendencias hacia lo pequeño y hacia lo grande... y por supuesto, en la gafas también. ¿Qué mejor manera de hacerte sentir desfasado (o poco deseado) que por el tamaño? es algo que no puedes disimular ni cambiándole el color ...

El último peatón dijo...

El futuro ya no es lo que era...
Gracias por la visita, colegas.