jueves, 19 de diciembre de 2013

Lo fácil es no leer

 
Fuera caretas. Fuera corrección política. Fuera falsa modestia. Al carajo con las apariencias. La próxima vez que alguien me pregunte eso de “Oye, tú, como autor, ¿qué opinas de que el libro de Belén Esteban sea el número uno en las listas de ventas?”, responderé la verdad, y la verdad es que me importa un truño ese libro que mencionas y, ya que preguntas, por cierto (ejem), ¿has comprado tú el mío?...

No miento. El libro de Belén Esteban no es la competencia, no tiene nada que ver conmigo, ni como lector ni como autor. Que exista, que se publique, no me parece ni mal ni bien, me la refanfinfla. Lo digo de otra manera, si queréis: a los compradores de la biografía de la susodicha les supongo admiradores de la susodicha; telespectadores o lectores de prensa del corazón que suspiran por su chabacano ídolo; vecinos, amigos y familiares, chonis y poligoneros del mundo, en fin, no es el tipo de lector con el que yo a priori contara, por lo que ni me dan ni me quitan nada.

Ahora bien, después llegan los indignados del mundo, los corazones sensibles y con ínfulas de dignidad intelectual, los que pregonan a grito pelado y calzón quitado su furia, o bien sencillamente los lectores habituales, ese grupúsculo minoritario formado por los que empalman un libro detrás de otro, aficionados a la literatura y al esfuerzo de leer palabras enteras (con todas sus vocales y consonantes) y frases completas (con todos sus sujetos y predicados y sus signos de puntuación), en conjunto, unos y otros, los que no eligen a Belén Esteban y sí a Vargas Llosa, a Paul Auster, a Oscar Wilde, a Ruiz Zafón, a Homero, a Mendoza, a Dostoievski, a Pérez-Reverte, a Dan Brown, a Cercas, a Falcones, a J. K. Rowling, a Stevenson, a Shakespeare, a Umberto Eco, a García Márquez, a Faulkner, a Joyce, a Stephen King, a María Dueñas, a Muñoz Molina, a Maupassant, a Sánchez Piñol, a Cortázar, a Nabokov, a Albert Espinosa, a Camus, a Lorca, a Elvira Lindo, a Sartre, a Larsson… Y entonces me pregunto: ¿habrán comprado mi libro?

Fíjese el avispado lector que la cuestión planteada en el párrafo anterior es exacta a la formulada en el párrafo inicial de esta entrada. Conclusión: si me preguntan qué opino como autor, sólo puedo contestar que, como autor, lo que en realidad me interesa es que alguien lea lo que yo escribo. El resto del tiempo, como comprenderéis, es cosa de cada cual, y me importa un zurullo si se lo dedicáis a Lope de Vega o a las memorias de Falete.

Vale que queda de puta madre indignarse a la hora del vermú o del café con leche, pero que nadie piense que eso, sin más, ayuda a los autores menores y repercute en el bien del fomento de la lectura fuera del circuito de consumo masivo. Entiendo que prefiráis a Cervantes o a Dickens o a Roth o a Zweig (yo también lo haría) antes que a mí, pero también os digo que el hecho de no comprar un libro (el que sea) no implica necesariamente un beneficio para otro libro (el que sea), si no se compra ese libro en concreto (el que sea; o, ya que estamos en mi chiringo, uno de los míos). Casi os diría que vayáis a la librería, aunque sea con la intención de llevaros el mamotreto infumable de la princesa cateta, porque pisar una tienda de libros sí que aumenta la posibilidad (por voluntad o por error) de acabar reparando en el de uno.

Aclarado el asunto, añadiré que lo que me molesta del personaje en cuestión no es su libro, sino ella, en sí misma. No recuerdo a nadie tan desagradable para la vista y el oído (el resto de mis sentidos, a día de hoy, permanecen a salvo de contacto). Por supuesto que no me refiero a la simple descalificación física, a si una persona es o me parece fea, pues esa es una apreciación muy personal y a menudo gratuita. Todos sabemos que hay personas que pueden provocar idéntica repugnancia visual aun siendo guapas (guapos con cara de vinagre caducado los hay por decenas). Así que no hablo de fisonomía, sino de gestualidad. Y tampoco de cultura, sino de educación. Si la cara es el espejo del alma, el de esta señora debe de ser un espejo retrovisor, porque de otra forma no se entiende esa capacidad para lucir invariablemente cara de culo (si creíamos que el súmmum era El Fary chupando un limón, imaginaos a ésta aguantándose un estornudo). Un careto así no lo encuentras ni en la papelera de un fotomatón, y ya es mucho decir. Y sobre su discurso (sic), cabe la ristra completa: ordinaria, chabacana, basta, burda, cateta... Reúne todas las acepciones posibles de la expresión “hablar mal”, y eso abarca desde su vocabulario marrullero y paupérrimo hasta su entonación cacofónica. Una joya, sí. ¿Pero el libro? Pensemos en positivo: lo mismo ha salvado el cierre de alguna librería, y también habrá servido para que un negro o escritor fantasma se gane el chusco. No os engañéis: hay cientos de miles de millones de libros que no leeremos nunca. ¿Nos vamos a escandalizar por uno más? Si lo fácil es no leer, hombre.

3 comentarios:

Alberto NL dijo...

Peatón, tranquilo la cuestión es solo matemática, según datos del 2012, la revista Pronto tiene una tirada de 931.419 ejemplares al año, La revista Hola unos 490mil,... El libro de Belén, es como un extra de Navidad que tiene una tirada casi asegurada, otra cosa es que lo lean. Qué tirada debe tener revistas sobre Arte o Historia, o por supuesto de literatura,... divídelo por el número de libros de esos mismos temas y multiplica por el número de libros anuales que compraría un aficionado/a al tema en cuestión y te dará una idea de cuantos libros puedes llegar a vender como máximo... Bueno, se me acaba de ocurrir una cosa, que mejor te la explico el próximo día que nos veamos...
Por cierto, los datos de las tiradas los eh sacado de aquí:
http://pendientedemigracion.ucm.es/cont/descargas/prensa/prensa32313.pdf?pg=cont/descargas/prensa/prensa32313.pdf

Chelo dijo...

¡Qué grande eres, peatón! Eso de ir por las aceras adema de ejercitar tus piernas y el latido de tu corazón, está claro que pone a mil tu cerebro. Añadiré humildemente que lo mejor para que esos seguidores de princesas del pueblo leyeran tu novela, es que ella leyera tu blog, se agarrara un subidón de indignación y te llevara a su programa con la burda idea de replicarte (¡a ti!) tus comentarios. Pero eso, querido amigo y compañero de largas mañanas, no sucederá porque seguro que ella leer, lo que se dice, leer, no lee.

cazadordenarvales.com dijo...

Si realmente lo ha escrito ella me planteo leer algún capítulo... Puede ser un auténtico festival de la risa xD