miércoles, 6 de noviembre de 2013

Incultura popular


 
Minutos antes del partido Barcelona-Real Madrid de hace dos semanas, mientras los jugadores del equipo madrileño calentaban pegados a una de las gradas del Camp Nou, un grupo de aficionados exaltados y cerriles comenzaron a increpar a los futbolistas del eterno rival. Esto no es noticia. Pasa en todos los estadios. Cafres sin fronteras, ya se sabe. Lo que me llamó la atención de esta imagen a la que me refiero fue que, aparte del previsible recital de exabruptos de manual (que si hijo de tal, que si me cago en tal o cual), uno de los descerebrados acérrimos se desgañitaba lanzando sus berridos hacia Sergio Ramos, al que llamaba en repetidas ocasiones “Cordobés de mierda” y “Analfabeto”.

Ramos es tan buen profesional como propenso a protagonizar episodios cuanto menos pintorescos, incluso esperpénticos, desde la caída de un trofeo desde el piso superior de un autobús hasta una felicitación vía Twitter con semanas de retraso. Esto ha provocado que se haya impuesto la tendencia a pasar por el filtro de lo grotesco cualquier cosa que el futbolista andaluz haga, y entonces es cuando el forofismo, la incultura y la desinformación  componen ese cóctel mortal para las neuronas e irresistible para los necios. Por poner un ejemplo: no recuerdo más chistes sobre una jugada que los que circularon por internet a raíz del penalti que Ramos falló en una tanda de semifinales de la Champions. Puedo asegurar, para quien no conozca el suceso, que no es el fallo más garrafal que se ha producido en la historia del fútbol, por mucho que la sobredosis de tuits y similares que provocó pudieran hacer pensar que sí. Me permito recordar (y aclaro, para los listillos y los despistados, que no soy del Real Madrid, sino del Athletic de Bilbao) que el niño mimado del deporte mundial, Leo Messi, falló un penalti que también evitó que su equipo se clasificara para la final de la Champions, creo que en el 2012. Y, ya puestos, si alguien cree que Messi es la viva imagen del desparpajo dialéctico, el pensamiento ilustrado y la intelectualidad, va a ser que le ciegan los colores.
 
En fin. Lo que creo que se ve bastante claro es que Sergio Ramos es hoy en día (hablo sobre todo de Cataluña) la excusa fácil y recurrente para hacer mofa. En parte, insisto, por méritos propios (es él quien se mete en según qué charcos), aunque, oyendo hablar a ciertos ineptos del balompié y otros desinformados, me da la impresión de que no saben distinguir al verdadero Ramos del actor que lo parodia en el programa de TV3 Crackovia. Hay también otro factor, claro está, y aunque el tema me aburra y no me interese, tampoco voy a obviarlo: Sergio Ramos es cañí, como el toro de Osborne o la flamenca de fieltro, para entendernos, lo cual provoca que las iras de una gran parte de la afición, a mi parecer, excesivamente politizada, recaigan sobre él.
 
Pero, volviendo al principio, lo que me llamó la atención, como he dicho, es que un energúmeno al que se lo ve en su salsa insultando y rebuznando como un jumento (y que además tiene al lado a un niño de cuatro o cinco años, probablemente su hijo) tenga las alforjazas de gritarle “Analfabeto” a otra persona (la que sea), pero con el agravante de que antes lo ha llamado “Cordobés de mierda”, cuando resulta que el jugador, Sergio Ramos, es… ¡sevillano! Igual es que la geografía no es cultura, y yo no me he enterado.

 

3 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Buenooooooo, pero que esperas de semejante ejemplar de zoológico perteneciente a masas que maman cultura de un estadio ya que carecen de capacidad de enfoque para leer un libro.
El deporte se ha convertido en el opio de los pueblos.

colifata por el mundo dijo...

Estee...si vas a meterte con Leo, te espero en la esquina...;)

El último peatón dijo...

Carlos: Como bien dices, poco espero de ciertos energúmenos, pero los libros nada tienen que ver en esto. Albert Camus, por ejemplo, fue aficionado y aspirante a futbolista, y de hecho declaró que el fútbol le había enseñado más sobre el comportamiento humano que cualquier otra materia. En mi opinión, el verdadero opio de los pueblos es la política. El deporte me parece sanísimo.

Colifata: Nos vemos en la esquina, pues. Yo iré con el portero suplente del Athletic, ya sabes...