viernes, 18 de octubre de 2013

Sin gravedad


 
La economía y la tecnología (cada una por razones diferentes, eso sí) están contribuyendo a partes iguales a que el público pierda la ilusión por ir a una sala de cine. Es una pena, porque habría espacio y tiempo para combinarlo todo, la comodidad de ver cine en casa y la expectación por contemplar determinadas películas en su formato genuino, en una pantalla grande. Esto ha llegado a tal punto que, incluso los que seguimos acudiendo con regularidad al cine, empezamos a notar que hay películas que parecen hechas pensando más en la vida posterior que les espera vía televisor u ordenador que en su antaño lógica exhibición ante una platea dentro de una sala oscura.

Por suerte, de vez en cuando se encuentra uno con obras como Gravity, una película que (más allá del 3D) exige ser vista como mandan los cánones. Alfonso Cuarón saca un partido sorprendente a un espacio (valga la redundancia) no precisamente original, pues son ya muchas las historias que hemos visto sobre astronautas, misiones espaciales y otras odiseas allende la atmósfera. Sin embargo, Gravity combina los elementos de tal manera que, sin resultar novedosa en ningún aspecto, termina siendo fascinante por la pericia con la que el director mexicano maneja los ingredientes. Tenemos, por un lado, unos efectos visuales pluscuamperfectos, más efectivos que fanfarrones, y con una voluntad (que este peatón agradece hasta no sabéis qué punto) de realismo que nos aleja de la ya cansina estética videojueguil tan en boga en los últimos tiempos. Por otra parte, la tensión y el misterio se apoyan en una interesante paradoja: dejar a los personajes en el más abierto e inabarcable de los espacios se traduce en la misma angustia claustrofóbica que tan bien funciona en filmes como Náufragos (Alfred Hitchcock, 1944) o Buried (Rodrigo Cortés, 2010). Y si hacemos acopio de los elementos técnicos, me sale una combinación brillante, desde la preferencia por el plano secuencia (la escena inicial haría enfermar de priapismo al mismísimo Brian de Palma) en contraposición a la fiebre contemporánea por el exceso de planos como trampantojo para crear ilusión de acción, hasta la fotografía o la música, que toma protagonismo cuando toca pero que desaparece también cuando los rigores del contexto se imponen. La sustancia dramática puede ser más o menos convencional, es verdad, una historia de superación y nuevas oportunidades típica y vista en mil películas, por eso el mérito de Cuarón es doble, ya que su pericia cinematográfica suma a favor de un guión más sencillo, todo lo contrario de lo que en su día hizo Kubrick en su sobrevalorada 2001: Una odisea del espacio, con la que este peatón fue de más a menos, abrumado al principio por su genial despliegue visual para después, y de forma progresiva, irme cabreando por culpa de los delirios de grandeza y las elevadas pretensiones del director.
 
Gravity es una película sobre personas atrapadas en un entorno sin gravedad, y como si de un juego de palabras se tratase, Cuarón desdeña la gravedad para adscribirse al más popular género del thriller, añadiendo unas gotas de melodrama (ojo a las gotas, por cierto, sobre todo los que la veáis en 3D), y la cosa funciona. A Bullock le va a caer la nominación de la Academia casi seguro, pero con el carisma de George Clooney no pueden ni los meteoritos. Clooney es un pedazo de actor, pese a que todavía hay quien se empeña en renegar de los galanes sólo por serlo (acordaos de Cary Grant, o de Gary Cooper, desmemoriados), y baste apuntar que en Gravity su cara es, de hecho, lo que menos se ve; con su voz y unas líneas de diálogo que transmiten sabiduría y un punto de amargo cinismo ya le sobra.

Hay y habrá más películas buenas, interesantes y aun mejores, pero si sois de los que vais a ir al cine sólo una vez en lo que queda de año, apuntaos ésta en la lista.

 

3 comentarios:

Alberto NL dijo...

Apuntada en la lista !!

colifata por el mundo dijo...

Una película estupenda, que deja las mandíbulas resentidas de apretar los dientesd por la tensión que genera...

El último peatón dijo...

Alberto, espero que la disfrutes (y si no, me perderé en el espacio exterior para que no me encuentres).

Colifata, conozco un dentista que además es novelista, si quieres te doy las señas...