miércoles, 28 de agosto de 2013

Agosto a la sombra - Caspa rock


 
Homenajeamos hoy a algunos de los máximos exponentes de la caspa pachanguera, esos personajes creadores de hits de los que aborrecemos en público por el bien de nuestra presunta reputación, pero con los que —es sabido— nos deleitamos en la intimidad y aun en cómplices congregaciones de nostálgicos camaradas.
 
Qué queréis que os diga: si se trata de hacer el ganso agitados por el ritmo de la orquesta de pueblo y la música embriagadora del calimocho, mejor esto que los típicos pelmazos rumberos, salseros y mayoneseros que luchan por ganarse el dudoso título de la canción del verano.
 
A disfrutarlo (no os preocupéis por mi silencio; soy una tumba).

Andrés Pajares – Drácula ye ye

Atentos al prólogo narrado, claro antecedente del epílogo que incluyó Michael Jackson años después en Thriller, con la voz del legendario Vincent Price. Desde luego que es terrorífico, pero de un modo que no habría alcanzado ni el más inspirado Lovecraft. Eso sí, el Pajares de ahora da todavía más miedo…

 

 
Fernando Esteso – Los niños con los niños, las niñas con las niñas

Que no os despiste la indumentaria infantil. Esto no es Barrio Sésamo ni Verano Azul. Tampoco es una apología adelantada a su tiempo de la homosexualidad. Esto es droga dura sólo apta para tipos duros de verdad, como el inefable “El hombre blandengue”, de El Fary (podéis verlo aquí, si tenéis lo que hay que tener).

 
 

Como sé que una dosis es poco, os dejo de propina este fragmento de Bellotero Pop (también junto al Ballet Zoom; entonces no había otro).

 

La charanga del tío Honorio – Hay que lavalo

Viejos conocidos de esta bitácora. Ya tuvieron su homenaje con motivo del año nuevo, pero en una recopilación como ésta no podían faltar los inventores del rock agropecuario. El solo de trompetilla y la elipsis demoledora a golpe de bastón en la estrofa de la hija del boticario son impagables. Salud y algarabía etílica, compañeros.
 
 
 

martes, 20 de agosto de 2013

Agosto a la sombra - AC/DC


 
 
Cuenta la leyenda que si se acerca un plato de ensaladilla rusa a un altavoz en el que esté sonando cualquier canción de AC/DC, las salmonellas brotarán de inmediato y por millones (calor infernal), emergiendo a la superficie de la mayonesa y contoneándose al irresistible ritmo rockero.
 
También es sabido que, en estas fechas estivales, es bastante común asistir en las plazas de nuestros pueblos al singular espectáculo protagonizado por multitudes que, al unísono, doblan el espinazo y sacuden la cabeza de arriba abajo y de abajo arriba, al modo reverencial. Esto se debe, principalmente, a la interpretación del hit Paquito el chocolatero, número uno en el ranking de pachanga y  verbena, aunque de vez en cuando dicho ritual es celebrado por otros individuos, melenudos o calvos (no hay término medio), que ejecutan en efecto idéntica coreografía, pero en su caso al son de otra música bien distinta. Puede ser Highway to Hell, o Back in Black, o tal vez You shook me all night long.
 
Me hago casi la misma pregunta que hace dos semanas. ¿Por qué me gusta este grupo, si el heavy metal nunca fue mi rollo? Ni idea. Pero algo tiene esta banda australiana, que le saca a uno su lado más macarra y lo incita a rascarse el bolsillito de las monedas del vaquero a modo de rasgueo guitarrero.
 
Más que reconocible es la imagen de su guitarrista Angus Young, ataviado como Guillermo el Travieso y trotando espasmódicamente por el escenario, pero sin duda el rasgo más carismático del grupo es la voz cazallera de sus cantantes. El primero, Bon Scott, que murió en 1980 a causa de una sobredosis etílica (por si alguien dudaba del porqué de su peculiar registro vocal), y el segundo y actual, el británico Brian Johnson, digno continuador de su predecesor.
 
Curioseando en Youtube para recopilar los vídeos que incluyo a continuación, me encontré con un comentario cachondo y macabro de un internauta que decía algo así como (el comentario original es en inglés): “Señor, por favor, devuélvenos a Bon Scott. Si quieres, te damos a Justin Bieber a cambio”.
 

Shot down in flames. Aclaro antes de nada que, en general, las letras de las canciones me importan relativamente, y, en particular, si las canciones son en inglés, me importan menos aún. No obstante, a veces hace gracia descubrir qué se esconde detrás de esa lírica que acompaña al ritmo cañero que nos seduce, y en el caso de esta canción, siempre me pareció irónicamente simpático que, viniendo de un grupo de rock duro, el tema hable sobre un castigador al que le dan calabazas las mujeres en un bar de solteros.
 
 
 
 
 
 
 
Thunderstruck. El palabro en castellano significa “patidifuso”, “pasmao”, “alelao”, “atónito”, “ojiplático”, en fin, tal cual se queda uno admirando el espectáculo de gentío y decibelios. No se me ocurre una canción mejor para empezar o terminar un concierto (tiene eso que me gusta tanto, un principio más estático que deriva en un crescendo y culmina en pura tormenta).
 
 
 
 





You shook me all night long. Últimamente están pasando mucho este vídeo en el canal RAC105. Parece que por un día las barras bravas se olvidaron de las madres de los árbitros y de los huesos de sus contrincantes, y reservaron sus fuerzas para jalear a Angus y su pandilla. Bestial.

 
 
 

 

martes, 13 de agosto de 2013

Agosto a la sombra - Peatones



“Si tenéis cojones, quemad los carnets de conducir”. Esta frase podría ser mía, pero no lo es. Esto lo dijo Santiago Auserón a grito pelao el 9 de marzo de 1989, y con ello daba comienzo el concierto que unió por un día a su grupo, Radio Futura, con otro de los grandes, El Último de la Fila, con motivo de la fiesta del programa Diario Pop de Radio 3.

Juntar a dos monstruos de rock español no sucede a menudo, por lo que la banda resultante debía tener un nombre a la altura de las circunstancias. Y así fue que (ejem), con gran acierto, el grupo ocasional fue bautizado como los Peatones.

Interpretaron cuatro temas, uno de Radio Futura (La vida en la frontera, con un cambio sustancial respecto a la melodía original), uno de El Último de la Fila (Insurrección, en una especie de versión reggae), más dos versiones: una de Peret (La noche del Hawaiano) y la otra de The Troggs (I can’t control myself, esto es, No me puedo controlar).

A los que habéis crecido ya con Emule y Youtube a lo mejor no os parece mucho, pero para quienes vivimos la época esta grabación era todo un tesoro, conservado hasta ahora (como es mi caso) en una cinta grabada de la radio o incluso de casete a casete.

Os dejo con los Peatones. Buen paseo.


La noche del Hawaiano
 
 
 

 

Insurrección 


 

 

Y aquí, La vida en la frontera (Audio)


 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Agosto a la sombra - Adam and the ants

 
Estáis todos por ahí, lo sé; no os apetece hacer ni el más mínimo esfuerzo físico o mental porque os tomáis el verano como un tiempo relajado, y hacéis bien. Así que nada de hondas parrafadas ni intrincadas disquisiciones. En esta acera, donde por suerte da la sombra, vamos a dedicar el mes de agosto a realizar una selección (subjetiva y caprichosa, como no podía ser de otra manera) de momentos musicales que le hagan la competencia a los pesados de siempre, que vale ya de tanto Georgie Dann y tanto King África.

Empezamos fuerte. Atentos, cuarentones que a día de hoy habéis aprendido (como éste que suscribe) a disimular que una vez también fuisteis un poco frikis, aunque por entonces no fuerais conscientes y, muy al contrario, vivierais convencidos de que vuestra opción estético-musical era lo más de lo mejor, un proyecto indudable de clásico que perduraría en la memoria y soportaría el paso del tiempo sin apenas resentirse.

Desempolvando viejas cintas de casete me he reencontrado con esa caterva de estrafalarios ruidosos que se hicieron llamar Adam and the ants. La banda, liderada por esa mezcla de galán rococó e indio sioux apodado Adam Ant (fielmente secundado por su lugarteniente y guitarrista Marco Pirroni, un tipo que en su día dijo “No me gustan los Beatles”, y casi arma un cataclismo), se inició en el meollo del movimiento punk en los últimos 70 para transformarse luego en una amalgama seudo étnica al rebufo de las tendencias new wave y new romantic de los primeros 80. Baste comprobar la evolución (¿involución?) reflejada en las pintas de su cantante, que pasó de alardear el mestizaje pirata/piel roja (carátula del disco Kings of the wild frontier, 1980) a vestirse como si hubiera decidido presentarse a un casting para ser miembro de Locomia (portada del disco Prince charming, 1981).

                 


¿La verdad? Vuelvo a escuchar sus canciones y —lo confieso— la mayoría me siguen gustando. A día de hoy suenan innegablemente retro, kitsch, hortera, viejuno, lo que queráis, pero somos pasado, como dijo el poeta (¿o fue el enterrador?).

Os regalo tres temas para asombro de los neófitos y deleite de los nostálgicos.

Picasso visit the planet of the apes. Titular una canción “Picasso visita el planeta de los simios” es más que una declaración de principios. Si existe la lista de los temas más raritos, marcianos y frikis de la historia del rock, no dudéis que éste figurará en dicho ranking. ¿Por qué me gusta? Pregunten a mi psicoanalista, cuando lo tenga.

 
 

Beat my guest. En los 80, las caras B de los singles eran tan cotizadas como lo son hoy el último Smartphone o cachivache tecnológico de turno. Esta canción estaba en el reverso del single más conocido del grupo, Stand and deliver, y es quizá una de las mejores muestras de la condición híbrida de sus intérpretes,  de esa transición del punk al pop-rock convencional. El estribillo es delirante; suena como si un tirolés —harto de ir por ahí con peto, pantaloncillos cortos y un gorrito con pluma— decidiera un día pasarse al lado oscuro y jugar a ser Sid Vicious.

 


Red scab. Algo parecido al ejemplo anterior. En 1982, Adam and the ants desapareció como banda, y su cantante inició carrera como solista (la originalidad al poder). Su canción de presentación fue el rockabilly Goody two shoes, que parecía apuntar hacia nuevos horizontes melódicos, pero por si acaso los fans de antaño se mosqueaban demasiado, Adam Ant rescató para la cara B un tema punkarro a la antigua usanza (ojo, que la canción empieza como cansina pero se va volviendo cañera a medida que avanza y explota en la parte final). Quien tuvo retuvo.