miércoles, 13 de marzo de 2013

Leer sin haber leído


Había oído hablar de este libro hace tiempo y ahora ha vuelto a surgir su título por casualidad y lo he recordado. Se trata de Cómo hablar de los libros que no se han leído. El autor se llama Pierre Bayard, y es, además de escritor, profesor de Literatura en la Universidad de París y psicoanalista. El libro arrasó en su día en Francia y Alemania, y, según contaba Íker Seisdedos en el diario El País, se publicitó en algunos países bajo el eslogan “¡Si no piensa leer ningún libro este año, que sea éste!”.

Bayard afirma que su intención es “Reflexionar sobre la esencia de la lectura y despojar a los libros de su condición de objetos sagrados y de aterradoras llaves para ingresar en el mundo de la cultura”. Me encanta que alguien diga esto. En serio. Ahora ya sé que no soy el único que desea terminar con el repelente estereotipo del escritor anacoreta y del lector taciturno e incapacitado para relacionarse socialmente. Ya va siendo hora de que alguien se lance a defender sin vergüenza que un libro puede ser un instrumento destinado a alcanzar un placer y no sólo un símbolo de distinción o un patrón de medida para juzgar la capacidad intelectual del prójimo.

Y que nadie piense que quien ha osado escribir un libro como éste es un terrorista literario o alguna especie de cazurro con ínfulas. Muy al contrario, Bayard deja claro que “No es un libro contra la lectura, ni una apología de la incultura”, y se confiesa “Un amante de la literatura que vive rodeado de libros”. No obstante, aclara: “Pero no me parece razonable el modo en que funcionan las cosas. No puede haber sólo dos maneras de afrontar un libro: leerlo o no leerlo. Hay un vasto espacio intermedio. Incluso los libros que se hojearon o se dejaron a medias pueden determinar la vida de uno”, y añade una verdad demoledora: “Pocos creyentes han leído La Biblia de cabo a rabo y fíjense cuánto ha influido”.

Así pues, y aparte de un ensayo elaborado bajo el sano criterio de la desmitificación y la autocrítica, el libro de Bayard puede entenderse también como una guía práctica o un manual de emergencia para situaciones comprometidas, para quedar bien delante de un grupo de enteradillos, para tirarse el pisto en una entrevista laboral, para caerle bien al jefe o impresionar a los suegros…

Porque —reconozcámoslo— cuánto conocimiento literario no habremos adquirido a través de las sinopsis de contraportada o los resúmenes de las solapas, a fuerza de oír a tertulianos y entrevistados que recurren siempre a las mismas citas y referencias, o incluso por medio de nuestros lejanos recuerdos escolares. Saber que Cervantes es un escritor no implica haber leído su obra. Hay quienes en su vida no han abierto una novela o conocido más poesía que los chascarrillos del envoltorio de un caramelo adoquín de Zaragoza, y sin embargo podrían llenarse el bolsillo en un concurso de la tele respondiendo que Machado era un poeta o que Camilo José Cela ganó el Premio Nobel.

Alguien me dijo una vez que una persona que no hubiera leído a Borges nunca podría ser un buen escritor, y entonces yo pensé en Quevedo, Homero, Shakespeare, Stendhal, Melville, Cervantes y Dostoievski (todos ellos murieron antes de que naciera Borges). Pobres taruguillos, ¿eh?.

5 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Tu pregunta final ilustra como se dan las generalizaciones a base de repetición.
Leer enfoca al individuo a desarrollar concentración y lo abre a todo tipo de información.
La Biblia influyó más por lo que se habla de ella que por la lectura de la misma, la cual es difícil sostener por la mención tediosa y excesiva de personajes que dan la sensación de estar leyendo un directorio.
Quienes la escribieron no tuvieron clases de literatura.
Estoy de acuerdo en que hay que vivir con bondad y amor, más cultos y religiones han dado todo tipo de resultados.

Anónimo dijo...

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Raquel Hdez dijo...

No son de Zaragoza si no de Aragón, pero "ten points", "dix points", excelente, me has dejado perpleja. A muy pocos se les ocurriría mencionar las chascarrillos del envoltorio de los adoquines de Aragón como comparativa cultural. Mi padre estaría orgulloso de tí. Muy acertado en todo lo demás. Argumentos de una lógica aplastante. Sublime.

Raquel Hdez dijo...

No son de Zaragoza si no de Aragón, pero "ten points", "dix points", excelente, me has dejado perpleja. A muy pocos se les ocurriría mencionar las chascarrillos del envoltorio de los adoquines de Aragón como comparativa cultural. Mi padre estaría orgulloso de tí. Muy acertado en todo lo demás. Argumentos de una lógica aplastante. Sublime.

El último peatón dijo...

Carlos: Un libro muy "hablado" termina siendo más popular que un libro muy leído.

Raquel: Queda claro que el "adoquín" era yo mismo. Como a mí me los traían de Zaragoza, había limitado injustamente su denominación de origen. Zenkiu por la aclaración.