miércoles, 14 de noviembre de 2012

Democracia y paradoja



Para bien o para mal, trato de que mis opiniones provengan de lo que veo, experimento e interpreto. Después, si acaso, ya me molesto en contrastar mis puntos de vista con los del resto de la humanidad, y de este modo decido si estoy más cerca o más lejos de las corrientes o doctrinas preestablecidas. Sé, no obstante, que no todo el mundo funciona así. Lo que compruebo al compartir mis ideas con los demás es que la mayoría de la gente procede de la manera opuesta. Es decir, se definen o etiquetan previamente, son tal o cual, de este bando o de otro, nosequeistas o nosequecráticos, y partiendo de ello emiten posteriormente sus juicios y definen asimismo sus posturas.

Será por ello que tengo la sensación de ser prácticamente el único que cuestiona la necesidad y la vigencia de ciertas cosas en el contexto de una sociedad que se define como democrática.

Por ejemplo, hay un aspecto referente al hecho de votar que no acabo de comprender, y cuya aceptación generalizada siempre me ha provocado cierta extrañeza. Todos asumimos aquello de que el voto es secreto como si fuese una necesidad, un imponderable democrático y un síntoma de respeto sin matices.
Pues bien, una vez más, voy a cuestionar la sacrosanta sabiduría popular. Y pregunto: ¿Por qué hemos de temer nada si declaramos públicamente nuestra predilección por uno u otro partido? ¿Por qué hay que encerrarse (es un decir) en una cabina para introducir la papeleta en el sobre antes de depositarlo en la urna? ¿Por qué está más que demostrado que muchos ciudadanos mienten cuando, al salir del colegio electoral, alguien les pregunta para una encuesta que a quién han votado?
No creo que esto sea síntoma de respeto, sino más bien de todo lo contrario. Me da la impresión de que ese aferrarnos a preservar la intimidad electoral delata un concepto de la democracia aún diletante e inmaduro.
Si de verdad fuésemos respetuosos con la libertad de opinión ajena sólo censuraríamos a aquellos que apoyan ideologías no contempladas en el espectro político de una sociedad supuestamente civilizada como la nuestra.
Sería natural reaccionar airadamente contra quien defiende determinados radicalismos y sinrazones extremas, pero, nos guste o no, ser conservador o marxista, democristiano o socialista, monárquico o nacionalista, no constituye delito alguno, y nadie debería tener miedo a expresar sus preferencias delante de nadie.
Pero la realidad es otra, como bien sabemos. Hoy en día (y más aún en estas fechas) nadie puede decir que simpatiza con un partido sin que le llamen facha o separatista, reaccionario o perroflauta.

Otra cosa que me chirría tiene que ver con algo presente en el día en que escribo estas líneas. Hoy es 14 de noviembre, fecha en la que se ha convocado una huelga general. Sacamos ahora la fórmula estándar para afirmar y pregonar a los cuatro vientos que el derecho a la huelga es fundamental, que todo trabajador debería tener la libertad para secundarla sin miedo a represalias, que es un síntoma de salud democrática, etcétera. Pues sí. Pero del mismo modo que cuestiono la necesidad del secreto de voto, sigo sin comprender la figura del piquete. Algunos me diréis que existe el llamado “piquete informativo”, respecto al cual, es obvio, no hay nada que objetar. La realidad, en cambio, demuestra que en muchos casos el término “informativo” resulta eufemístico, cuando no directamente tramposo, y lo que uno ve y escucha son crónicas de cristales rotos, barricadas de fuego, mamporrazos y coches volcados. Comercios y negocios que no pueden abrir porque el susodicho comité “informativo” se lo impide a la fuerza. Lo siento, pero no me va. Es contradictorio con el concepto que yo tengo de la libertad de expresión, la tolerancia y el respeto. Me parece que a día de hoy todavía muchos confunden la pluralidad con la multitud. Porque la democracia no es una cuestión de cantidad, sino de diversidad.

6 comentarios:

Palimp dijo...

En el primer caso en un país con una verdadera democracia no hace falta el secreto del voto, y de hecho seguro que conocemos el voto de amigos, pareja, etcétera. Pero en según que circunstancias, si pueden perseguirte por lo que votas, el secreto es necesario.

En el segundo caso, igual. Si un trabajador pudiera hacer huelga sin miedo a las consecuencias -que te echen del trabajo- no haría falta ningún tipo de piquete. Creo que no es el caso.

El último peatón dijo...

Así es. Por eso mismo, no me parece que el secreto de voto sea exactamente un "derecho" (como parece ser que se considera), sino más bien un parche o como mucho, un consuelo, y, sobre todo, la evidencia de que algo no termina de funcionar bien. Dicho de otra manera: yo no quiero exigir mi derecho al secreto de voto, sino mi derecho a tener que ocultarlo (de hecho, no lo hago: siempre he votado en blanco).

Por otra parte, ya sabemos cómo funciona el asunto. Muchas personas no secundarán la huelga por miedo a represalias empresariales. Pero yo me refiero a los piquetes que recriminan, acusan e incluso atacan a quienes sí deciden ir a trabajar, por el motivo que sea; a los que agreden y se manifiestan de forma violenta contra personas o negocios que deciden (creo que también están en su derecho) no poners ene huelga.

Anónimo dijo...

Entiendo que el piquete informativo existiera en los años 60-70, cuando no había apenas información del porqué se hacia una protesta o una huelga.
Pero hoy no nos hace falta que un tio lleno de pegatinas de UGT Y CCOO nos informe de nada que ya no sepamos.
Los piquetes de hoy son de los de " tu no vas a currar hoy pq no me sale a mi de los huevos...y si abres te arranco la cabeza" Verídico y de ayer mismo.

Anónimo dijo...

No considero que vivamos en democracia.
No hay respeto por ningún bando. Y lo peor de todo seguimos teniendo miedo. Miedo de que se sepa a quien votamos y miedo por poder perder el puesto de trabajo si hacemos huelga.
Vaya democracia de pacotilla.
Lo que tampoco entiendo es que un obrero pudiendo hacerla, decida por sí mismo no hacer una huelga cuando es para defender sus derechos, luego nos viene bien a todos lo que los demás puedan conseguir.

El último peatón dijo...

El asunto de los piquetes lo veo igual. De todas formas, me molesta el uso que de ello hace una determinada camarilla de carcundas y filofranquistas, encantados de llamar "subnormal" a un actor o de sugerir que manden tanques a Cataluña...

Por otra parte, entiendo perfectamente que un trabajador no haga huelga. Más aún si ello le supone cobrar 80, 90 o 100 euros menos a final de mes (hacer huelga no es gratis, y trabajamos para comer; he ahí el dilema).

Anónimo dijo...

La huelga ha sido un exito para el gobierno y los empresarios.....para el gobierno, y contando con que hayan hecho huelga 2 millones de funcionarios, a un coste medio de 100 euros/dia, ya tienen 200 millones de euros, para cubrir déficit......amén del desprestigio sindical por las actuaciones de los "piquetes ostiativos"......para los empresarios 8,5 millones de trabajadores a un coste diario medio de 70 euros (cobran menos que los funcionarios), han ganado unos 600 millones de euros........Los sindicatos actuales han muerto......Vivan los sindicatos.¿Quien gana, quien pierde? LOS DE SIEMPRE...