lunes, 22 de octubre de 2012

Lo mismo de siempre


Tiene J. A. Bayona un merecido prestigio como director. Filma bien, y ha demostrado con sus dos películas que sabe manejar a los intérpretes, en especial a las actrices. Pero tiene también un talón de Aquiles que se manifiesta de forma casi calcada en su segundo largometraje y que ya constituía el principal lastre de su opera prima, El orfanato. Era ésta una película de terror que terminaba sacrificando el miedo en aras del melodrama maternofilial. Y eso es justo lo que me encuentro en Lo imposible. Veinte minutos iniciales de angustia y terror, de sufrimiento y drama genuino como mandan los cánones del género catastrófico. Pero Bayona no puede huir de sí mismo, y tras el señuelo, lo que viene es un recorrido irregular y algo tedioso por los lugares comunes del telefilme dominical vespertino (ahora las llaman tv movies para que suene más modelno, pero es lo mismo que cuando se llamaban Estrenos TV). Es admirable la valentía de Bayona al revelar claramente su fidelidad a la historia real en que se basa la película. Esto significa que el público ya sabe que el final será feliz, con lo que el guión debería nutrirse de alicientes y conflictos añadidos para asegurar que el metraje aguanta. Y eso es precisamente lo que le falta a Lo imposible. Superado el espectacular comienzo, no hay nada más que un rutinario bagaje de emociones previsibles, empatía estándar y de piloto automático, como si vamos al funeral de alguien a quien no conocemos de nada y terminamos contagiados por el entorno. Es decir, no es tanto la película lo que funciona, sino más bien la idea preconcebida con la que el espectador ya entra en la sala. Claro que lo que vemos da pena. Claro que uno no es un monstruo insensible y es capaz de ponerse en el lugar de la gente que sufrió una experiencia tan horrible. Lo malo es que ya me lo sé todo antes de verlo. Nada me sorprende, y así es difícil que me contagie.

Hay ejemplos de películas que partieron de una premisa similar. Historias reales cuyo desenlace ya conocíamos y que gracias a la habilidad de buenos guionistas y directores consiguen mantener el interés y la tensión. En Lo imposible hay una secuencia (una parte, en realidad) que apunta a ello: desde el momento en que Naomi Watts atisba una sombra tras una cortina hasta que vemos a un niño que se baja de un camión porque se hace pis… Parece claro que se trata de una licencia narrativa, que es más que probable que los hechos no sucedieron literalmente así, pero por eso se hacen películas, obras de ficción basadas en historias verídicas. Es una pena que Bayona no se prodigue más en esos trucos y efectos. Otros filmes, como digo, apostaron más fuerte, y se ganaron mi admiración. Me ocurrió con Zodiac (David Fincher, 2007), El pianista (Roman Polanski, 2002), La vida de nadie (Eduard Cortés, 2002), ¡Viven! (Frank Marshall, 1993), La gran estafa (Lasse Halström, 2006), Valkiria (Bryan Singer, 2008) Atrápame si puedes (Steven Spielberg, 2002), Man on the moon (Milos Forman, 1999)…

Me temo que Bayona ha confiado demasiado en el innegable valor humano del suceso que le sirve de base, y en cierto modo tiene razón. La película va a funcionar bien, recaudará dinero en taquilla, y eso es una buena noticia para cualquier cinéfilo, especialmente en estos tiempos de amenaza semi apocalíptica para el séptimo arte. Lo imposible no es mi rollo, pero de la misma manera puedo entender que el público la elija mayoritariamente.

Por otra parte, presiento un duelo encarnizado entre esta película y Blancanieves, de Pablo Berger, por batir el récord de goyas ganados. Naomi Watts se lo merece, y también los responsables de los apartados técnicos. Sin embargo, entre una y otra no hay color (perdón por el chiste fácil; Blancanieves, como es sabido, está rodada en blanco y negro). Es más, lo verdaderamente injusto de esta más que previsible dicotomía es que quedará fuera del podio la mejor película española del año: Grupo 7, de Alberto Rodríguez. Inspirada también en hechos reales, por cierto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pienso como tú, me quedo con los primeros 20 minutos de la peli