domingo, 16 de septiembre de 2012

Ese puto arte


 
Aún no conocía las nuevas instalaciones de la Filmoteca de Cataluña, en Barcelona, que a principios de este año se trasladaron desde su antigua ubicación en la Avenida de Sarriá a la nueva en el barrio del Raval.
Dos salas de proyección, biblioteca, mayor comodidad, mejor sonido, ampliación de la programación… es decir, ventajas y mejoras sustanciales, lo cual es de agradecer. Otra cosa es que este nuevo emplazamiento parezca pensado para atraer a más público. Lo digo porque no está precisamente en el mejor sitio para dejarse caer por casualidad, menos todavía a según qué horas.
Tiene que ser uno muy amante del cine para plantearse acudir, pongamos, un martes de noviembre a la sesión de las 23 horas. El lugar es idóneo para rodar un especial del programa Callejeros o para desarrollar el trabajo de campo correspondiente a un estudio sobre el lumpen barcelonés. Sí, ya sé que para ir de artista por la vida hay que ponerle un punto de marginalidad, bajos fondos, drogas y burdeles, pero a mis años no estoy ya para clichés culturetas y romanticismos bohemios.
Debe de haber una conexión que se me escapa entre las filmotecas y las putas. Así es, porque si bien la sede anterior estaba en un barrio más bien acomodado, igualmente cierto es que en los alrededores de la vieja Filmoteca proliferaban los locales de alterne más aún que los cajeros de La Caixa, y ya es decir. Uno no tenía que sortear, como sucede ahora, a una comitiva interminable de camellos y prostitutas para llegar hasta la puerta del cine, pero si la calentura apremiaba tampoco iba a tener dificultades para aliviarla en pocos metros a la redonda.
A ver si todo va a formar parte de la aparente maniobra orquestada en los últimos tiempos para cargarse definitivamente el séptimo arte. Una corriente, por cierto, a la que nos hemos sumado todos, sin excepción. Productores, distribuidores, exhibidores, espectadores y gobernantes. Subidas canallescas de impuestos, precios cada vez menos asequibles, piratería de garrafón… Una pena.
Por mí, que no se diga. Seguiré como hasta ahora, pero si de aquí a un tiempo me he vuelto un putero drogadicto, la culpa no será mía: es que el cine me hizo así.
 

5 comentarios:

Palimp dijo...

XD

Palimp dijo...

Yo conozco muy de cerca la calle Robadors. La plaza donde està ahora la filmoteca es la única zona de Bracelona que me ha dado miedo recorrer por la noche.

Cuando tiraron Can Tunis la venta de droga se trasladó a esa calle.

Yo no sé quien ha decidido esa ubicación pero... ¡Ánimo valientes cinéfilos!

El veí de dalt dijo...

Si acabes traficant amb entrades de cine, ja les passaràs!

El último peatón dijo...

Os mantendré informados... Por lo pronto, intentaré acercar la oreja a los corrillos de proxenetas, no sea que estén improvisando tertulias sobre las metáforas de "El Acorazado Potemkin", o haciendo pronósticos sobre el palmarés del festival de Sundance. Cosas más raras se han visto.

Anónimo dijo...

pues tienes mucha razón, yo fui a visitarla una vez, con ilusión y amor por el cine, por la tarde y a buenas horas y aun así me encontré decenas de prostitutas, algunas hasta putas, y hombres muy amigables. Pregunte a la chica de la librería de la central que por favor me indicara cual era el mejor camino de vuelta. Recuerdo que me dio una calle concreta. Pero se me ha olvidado esa calle y por el temor a equivocarme he acabado siempre o en casa con el cine TORRENT o si acaso en Verdi, aunque solo antes de la subida del iva... Ahora vuelvo a mirar la cartelera de la filmoteca, haber si me atrevo...tan díficil hubiese sido poner la filmoteca en el paseo de Gracia, en la rambla de Cataluña o incluso en algún lugar extraño donde catalanes y españolas hasta vivan cerca?