lunes, 13 de agosto de 2012

Sunday happy Sunday



En compañía uno hace cosas que probablemente no haría estando solo. Esto no es nuevo ni tampoco raro. El domingo sin ir más lejos me ocurrió a mí. Las ceremonias de inauguración y clausura de los grandes eventos no me suelen llamar demasiado la atención, ni siquiera cuando el evento en sí me atrae, como es el caso de los campeonatos mundiales o europeos de fútbol, o los mismísimos Juegos Olímpicos que acaban de celebrarse en Londres.

La coincidencia de este acontecimiento con la conmemoración del 20 aniversario de los juegos de Barcelona ha provocado que durante las últimas semanas se hablara de algo más que de las típicas pruebas, partidos o records. Mucha gente por estos pagos se ha sentido en la obligación de comparar —no sé muy bien por qué; no hacía ninguna falta— y de sacar pecho defendiendo que como los de aquí no hubo ningunos, ni en lo referente a organización ni en lo que respecta a los espectáculos de inauguración y clausura. Más de una vez he oído y leído que los de Barcelona fueron los primeros juegos de la era moderna o los primeros juegos modernos, o algo así, y no dudo en absoluto, no es eso; es sólo que, como es algo de lo que no estoy realmente pendiente, tampoco le veo muy bien la necesidad de reivindicar nada. La competición está en las disciplinas deportivas, lo otro es entretenimiento.

Por eso mismo, y que nadie se enfade, debo ser sincero y reconocer que me he entretenido más viendo las ceremonias de Londres —que no he visto, insisto, por propia voluntad, sino más bien por cortesía—, por la sencilla razón de que el contenido de los números, las actuaciones y las atracciones se correspondía mejor con mis gustos.

Así pues, sin menospreciar en absoluto el trabajo realizado hace veinte años en ésta la ciudad donde tan a gusto vivo, sin restar un ápice del mérito a la organización logística, al voluntariado ejemplar, a los éxitos aún no superados del deporte español, a la elegancia y la originalidad de las ceremonias, a La Fura del Baus, a Montserrat Caballé, a Freddy Mercury, al arquero Rebollo y a Pasqual Maragall, pues lo siento, pero prefiero, ya puestos, ver y escuchar a Paul McCarney tocando Hey Jude, y a Madness recordando el éxito Our house, y a Beady Eye interpretando Wonderwall, y a Russell Brand versionando I am the walrus, y a Brian May y Roger Taylor cantando con Jessie J el legendario We will rock you, y las demás versiones de los Beatles, The Who, Electric Light Orchestra, Pink Floyd, John Lennon…, y a Eric Idle poniendo la guinda con el apoteósico Always look on the bright side of life, el himno del buen rollo por excelencia.

Este peatón ha crecido con Hitchcock y con Los Roper, con los Beatles y los Monty Python, con el fútbol y la música rock. Qué queréis.

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