martes, 7 de agosto de 2012

¿Sueñan los atletas con ovejas eléctricas?


Una de las sensaciones de los juegos olímpicos de Londres ha sido el atleta sudafricano Oscar Pistorius, a quien le amputaron las dos piernas y corre con unas prótesis que le dan un aspecto de androide o personaje de película de ciencia ficción (no en vano, en su entorno se lo conoce cariñosamente como Blade Runner).

Logró clasificarse para disputar la semifinal de los 400 metros lisos, en la cual quedó último. El primer impulso es el de afirmar que no importa el lugar en el que este hombre haya llegado a la meta, pues el mérito está en el simple hecho de haber sido capaz de clasificarse (un atleta olímpico sin piernas es casi un oxímoron). Ah, bueno, y eso de que lo importante es participar.

Pero no creamos que todo ha sido una avalancha de parabienes solidarios. Hay quien sostiene que Pistorius debería participar en los juegos paralímpicos, como tantos otros atletas discapacitados, e incluso hay quien afirma que el empleo de las prótesis puede ser un arma de doble filo, y esto lo entiendo en cierta manera (intento no dejarme llevar por la demagogia fácil; mejor tratar de razonar las cosas).

Me refiero a que, por costumbre, tendemos a asociar los avances tecnológicos con la mejora de las posibilidades en el campo que sea. Por el momento, a Pistorius sus prótesis le han valido únicamente para cumplir un sueño y protagonizar una imagen histórica y todo eso. Ahora bien, ¿y si hubiera logrado una medalla? ¿Y si en vez de último hubiera llegado, pongamos, entre los tres o cuatro primeros? (De hecho, se clasificó en su serie llegando cuarto, lo que quiere decir que ya superó a algunos.) Como no entiendo un carajo de biomecánica tampoco estoy seguro de hasta qué punto unas prótesis de ese tipo podrían considerarse una “trampa”, del mismo modo que se sanciona a quien se ha tomado una pastilla para correr más rápido o tener mayor aguante en la pista.

Reconozco que es admirable lo que ha conseguido este hombre, y emociona ver al campeón de la prueba pidiendo intercambiar su camiseta con la del sudafricano. Sin embargo, entiendo por igual las suspicacias de quienes no son amigos de mezclar la tecnología con la anatomía en el deporte. Nadie es perfecto.

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