jueves, 31 de mayo de 2012

La vida sexual del Barón Ashler


La primera perturbación sexual de muchos niños de mi generación fue provocada por la visión continuada del lanzamiento de las tetas de la robot Afrodita A, que en realidad eran sendos proyectiles (o senos proyectiles, por hilar fino).

Desconozco si nuestras coetáneas anhelaban el ejemplo equivalente por parte del robot Mazinger Z, de cuyo pecho emanaba fuego destructor pero al que nunca vimos disparar su hipotético y metálico miembro viril a modo de torpedo.

(Recuerdo ahora una viñeta de Mariel y Manel Barceló en la revista El Jueves, en la cual un personaje afirmaba que “un coño es erótico pero una polla es pornográfica”.)

Lo que sin duda no le quedó claro a nadie por aquel entonces (creo que hoy en día sigue siendo tema de debate en las principales universidades de todo el mundo) fue el misterio de la anatomía íntima de otro personaje de la mítica serie japonesa de dibujos animados: el Barón Ashler.

Para los más jóvenes y los más despistados, decir que el tal Ashler era un extraño individuo compuesto por una mitad masculina y otra femenina, en sentido vertical (si la división hubiera estado hecha horizontalmente, tipo “hombre de cintura para arriba y mujer de cintura para abajo”, no habría, obviamente, misterio alguno). Así pues, uno se preguntaba qué ocurriría en aquel cuerpo a la altura de la ingle. Es decir, ¿era un hermafrodita literal o tendría mitad y mitad de cada, como en el resto del cuerpo? ¿Era promiscuo? ¿Doblemente bisexual? ¿Mitad homo y mitad hetero? ¿Se autosatisfacía sexualmente y, por consiguiente, en su caso onanismo y coito podrían ser la misma cosa?

Seguro que hay versiones para todos los gustos, pero yo, que hoy me siento romántico y en paz con el mundo pese a la puta prima de riesgo y a la putísima madre que la parió, prefiero imaginar la versión en la que el hemisferio A del susodicho ama secretamente al hemisferio B desde su más tierna infancia (si el roce hace el cariño, en este caso no digamos), crece con ese platonismo enquistado hasta que un día se atreve a declararle su amor, pero su otra mitad se lo niega, ofreciéndole a cambio (la originalidad al poder) seguir siendo amigos. Cualquiera con un mínimo de orgullo rechazaría tal oferta, pero cuando eres el flanco derecho del mismo cuerpo de cuyo lado izquierdo estás enamorado, la cosa cambia.

Así se construyen los malos en la ficción, y por eso a menudo nos seducen más que los buenos, que suelen representar arquetipos más manidos y menos complejos. Los “malos porque sí” no son interesantes, pero el villano “porque el mundo le hizo así” ya mola más.

Hannibal Lecter, Max Cady, Joker, Mourinho… Si no fuera por ellos, todo sería mucho más aburrido. Así que, compasión con el Barón Ashler, que ya tiene lo suyo.

11 comentarios:

C. Martín dijo...

El barón Ashler no tenía ingle, eso es algo que sabe todo el mundo.
A mí me producía una extraña mezcla de miedo y placer..., ah, esa voz...

XDD

El último peatón dijo...

Calla, calla, que me pierdes... :)

Anónimo dijo...

El Baron Ashler tenía un clítoris de 23 centímetros, pero no tenía el segundo testículo.

Saludos,
MAP

Anónimo dijo...

el baron ashler me la pela

Alonso Rodriguez dijo...

no es la misma serie pero http://www.youtube.com/watch?v=e8tzMYpsssE

Anónimo dijo...

jajajaja se pasan,jaja pobre ashler xD

Anónimo dijo...

El barón Asler. tendría digo yo de todo, hasta muy malas pulgas,en eso me recuerda a otro villano de ficción llamado Zoltar.

Anónimo dijo...

Paok dice que le da al baron ashler por la cola.

Anónimo dijo...

El Barón Ashler era un pinche joto maricón.

jose quispe dijo...

Amo la serie mazinger z. Y los villanos. Como el baron ashler .jeje

Anónimo dijo...

todos aca son una bola de jotos