jueves, 16 de febrero de 2012

El sexo de los libros


Lo mismo que a todo el mundo, de vez en cuando alguien me pregunta acerca de mis lecturas o escritores preferidos. Depende del momento y del estado de mi memoria, respondo una u otra cosa, siempre varios nombres, aunque nunca exactamente los mismos (si tuviera que nombrar realmente a todos me alargaría demasiado).

La semana pasada volvieron a interesarse por mis gustos literarios, y tras responder con la retahíla más o menos habitual, mi curiosa interlocutora me sorprendió con una extraña observación: “¿Nunca lees a mujeres?”

Reparé entonces en que efectivamente mis escritores favoritos son casi todos hombres, sin que ello se deba a ningún tipo de intención consciente o prejuicio. Cuando elijo un libro no me planteo el sexo de su autor, si bien es cierto que la oferta de escritores masculinos es considerablemente (e históricamente) más amplia.

Este dato resulta aún más interesante si observamos que, según parece, la afición a la lectura abunda más entre las mujeres que entre los hombres, aparte de que, tal como he venido comprobando, la representación femenina es ligeramente superior a la masculina también en las escuelas de escritura y talleres literarios.

Además, esta anécdota coincide justo en el tiempo con una de las lecturas más sorprendentes que he realizado en los últimos meses. Hablo de la novela Dientes blancos, la opera prima de la británica Zadie Smith, todo un descubrimiento (y una autora cuya obra, que es aún poco prolija, estoy deseando repasar).

Así se lo hice saber a la persona que me cuestionó sobre mis gustos literarios, y a continuación me tomé unos minutos para hacer recuento de otras tantas novelas escritas por mujeres que he disfrutado en los últimos tiempos.

Reseñé en su día la asombrosa Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver, de quien también me gustó mucho su siguiente libro, El mundo después del cumpleaños. Otro feliz descubrimiento fue A. M. Homes, con dos títulos más que interesantes: El fin de Alice y Este libro te salvará la vida. De Siri Husvedt conozco Elegía para un americano, la cual me dejó tan buen sabor de boca que en breve me asomaré a su última obra, El verano sin hombres. De Sarah Waters leí este año Falsa identidad, un brillante ejercicio neovictoriano, y de Amélie Nothomb ya disfruté Estupor y temblores (y me han recomendado Metafísica de los tubos).

Hay bastantes más. Clásicas como Nada, de Carmen Laforet, y contemporáneas como La conquista del aire, de Belén Gopegui. Nombres como Isak Dinesen, Yasmina Reza, Patricia Highsmith, Almudena Grandes, Cristina Cerrada, Clara Sánchez, Luisa Castro, Neus Arqués, Agatha Christie o Eva Díaz habitan en minoría de género —como al parecer hay que decir ahora— en mi biblioteca personal.

Es evidente que existe una cierta producción literaria dirigida de manera intencionada y transparente al sexo femenino, en una operación editorial que va más allá de los contenidos y se refleja incluso en el propio diseño gráfico de los libros. Sucede lo mismo con determinadas obras de literatura infantil, lo que no impide que algunos adultos puedan disfrutarlas (y en este terreno, hoy por hoy, gana por goleada precisamente una escritora: J. K. Rowling).

Por lo que a mí respecta, no me interesan los traumas de Bridget Jones ni me atrae el universo cool que proponen escritoras como Marian Keyes o Lauren Weisberger, aunque tampoco me atrevería a afirmar que sus libros no puedan ser accesibles para otros lectores masculinos con gustos diferentes al mío.

Y soy consciente de que mi biblioteca acusa la ausencia de dos figuras fundamentales: Ana Rosa Quintana y Corin Tellado. Pero mucho me temo que prefiero pasar por lector machista antes que sucumbir a semejante tentación...

7 comentarios:

Neus dijo...

José Ignacio,
Me temo que la clasificación de las obras por género -y pienso en la Chick Lit- ha perjudicado más que ayudado a las autoras en general. La Chick Lit es ese club al que nadie quiere pertenecer. Un abrazo. Neus

Neus dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
issue dijo...

Añadiría (siempre humildmente :D)a Elvira Lindo y "Lo que me queda por vivir" y sus "Lugares que no quiero compartir con nadie" que aunque suene a guía turística de N.Y., no lo es.
Ah, y "Sushi para principiantes" de Keyes, me gustó mucho, pertenezca al género-lista-club que sea. Saludos

T.M. dijo...

Me gustó muchísimo "El mundo después del cumpleaños".

¿Hay que fijarse en si un libro lo escribe un hombre ó una mujer?
Es lo último que miro, la verdad.

On the road dijo...

Me permito algunas recomendaciones de obras escritas por mujeres que me parecen muy interesantes: "El muro", de Marlen Haushofer; "Ella, tan amada" (excepcional) y "Vita", de Melania G. Mazzucco, "Extraña en un tren", de Jenny Disky, "Detrás de la boca", de Menchu Gutiérrez, "Cuentos completos", de Lydia Davis, "Mrs. Dalloway" y "Orlando", de Virginia Woolf... "Metafísica de los tubos", de Amélie Nothomb y un par de novelas de Belén Gopegui también me han gustado mucho. De Jean Rhys tengo muy buenas referencias...
Un saludo

antonio dijo...
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El último peatón dijo...

Neus: Estoy de acuerdo. El mejor club es de los autores/lectores unisex... Un abrazo.

issue: Yo conozco "Ventanas de Manhattan", de Muñoz Molina, es decir, el señor esposo de Elvira Lindo. Y pienso lo mismo: aunque suene a guía turística de NY, es otra cosa mucho más interesante.

T.M.: Ya ves. Sospecho que incluso hay gente que mira la parte de abajo de los propios libros, a ver si tienen ovarios o testículos...

On the road: Gracias mil por tu lista. Hay algunas autoras que no conocía y que agrego a mi lista de futuribles ya mismo.