jueves, 10 de noviembre de 2011

Disidente


Desde el pasado lunes, he tenido la sensación de que alguien me seguía. No soy ningún paranoico, y quien por aquí se asome a menudo sabrá ya lo categóricamente que reniego del más odioso de los refranes, aquél que sostiene que pensando mal siempre se acierta.
Sin embargo, llevo varios días notando un aliento en el cogote, unos pasos a mis espaldas, un ojo escondido que se asoma a mi intimidad y que no puedo ver aunque sí percibir de algún modo.
He intentado sobreponerme y obviar las sospechas, pero reconozco que la aprensión ha acabado venciéndome, así que no he tenido más remedio que actuar, aun a riesgo de protagonizar un vergonzoso espectáculo público.
Guiado por una intuición dudosa (la que se deriva de estereotipos novelescos y fílmicos) he decidido que mi sombra amenazadora era el tipo con gabardina que leía el periódico dos taburetes más allá de donde yo estaba sentado tomando el café.
Impostando un valor del que carezco en condiciones normales, me he acercado y le he espetado: “Bueno, vale ya, ¿no? ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué no me dejas en paz?”
Justo en ese instante se me ha ocurrido que tal vez exista una variante empresarial del archifamoso Cobrador del Frac, denominada el Cobrador de la Gabardina. Puede que le deba dinero a alguien, pero no hasta el punto de llegar a plantearse tales medidas.
Lejos de alterarse, el fulano, con una media sonrisa en su cara, me ha invitado a acompañarle a los baños. Entonces me ha venido otra imagen igualmente estereotípica, pero esta vez más bien de tebeo: el hombre de los caramelos, el exhibicionista plantado a la puerta del colegio. Demasiado cómico para ser cierto.
Ya en los aseos, el tipo ha improvisado una especie de interrogatorio express. Lo sabía todo: mi nombre, mis apellidos, mi lugar y fecha de nacimiento, dónde vivo y trabajo, etcétera. Y, finalmente, ha añadido: “¿Dónde estaba usted el pasado lunes entre las diez y las doce de la noche?”
Se lo he dicho sin problema: en el cine. “¿Qué película vio?” Con el aplomo del que posee una coartada irrefutable, he vuelto a contestarle: “Las aventuras de Tintín”. (¿Coartada? ¿Por qué? ¿Acaso soy sospechoso de cargarme a alguien?)
“Ajá”, ha dicho el hombre de la gabardina; y después: “¿Se puede saber por qué no estaba viendo el debate, como todo el mundo? ¿Es usted un elemento subversivo peligroso para el sistema? ¿Son sólo ganas de llamar la atención? ¿Tiene algún problema de autoestima? ¿Es eso? ¿Pretende demostrar algo? ¿Se cree un revolucionario por ello?”
Un Real Madrid-Barça, por poner un ejemplo, es un espectáculo que nunca procuro perderme. Pero la repetición un Real Madrid-Barça, cuyo resultado ya sé que es empate a cero, seguro que no lo veré. Esto es lo que me hubiera gustado explicarle a mi perseguidor. No lo he hecho, claro. Todavía mantengo intacto el instinto de supervivencia.
Al marcharse, el siniestro individuo me ha dejado un recado: “Recuerde que el día 20 estaremos ahí, atentos a todo”.
Ahora no voy a tener más cojones que ir a votar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Muy bueno!

Suciedad Anónima dijo...

Acabo de ver el comentario en mi blog! (y no sé por qué, no me deja responder desde allí... así que pido disculpas por escribir aquí xD)

Muchas gracias!!! Tienen mucho valor tus palabras. Que alguien con tu experiencia se pase por mi blog y simplemente me diga "me ha gustado" es mucho.

Lo tengo un poco abandonadillo, pero bueno... ahora es una época de prodigarme en otro tipo de "artes"

Yo voy leyendo lo que vas publicando. Increíble!!

DANIEL dijo...

Inteligente relato! i la foto le pega como anillo al dedo.

Un saludo