jueves, 27 de octubre de 2011

Ah...


“…no es sólo la superficie, por supuesto; se trata de ver más allá. ¿No te irrita la vulgaridad de los que le buscan el significado a todo? Qué horror. ¿Y este cuadro qué quiere decir? ¿Y esta escultura qué significa? Por el amor de Dios… hay que darles todo mascado. Necios. Ni idea de lo que es el arte, la creación en estado puro. Fíjate bien. No es la forma, el objeto, la cosa. Mira la textura, la composición, y ese goteo blanco que no está ahí por casualidad, ¿eh? El blanco… claro, el color del jugo de la vida. No es la pintura, ni el color, obviamente. Es la imagen del símbolo. Ahí es donde no llegan las mentes simples. Ellos ven salpicaduras blancas sobre maderas cruzadas, y nada más, pero nosotras sabemos mirar el alma de la obra, de su creador, eso es el arte. Fíjate en la sombra, cómo se proyecta sobre la pared. Tampoco es baladí, ¿verdad? Sí, seguro que está ahí porque no podría estar en otro sitio. No hace falta que lo digas, sé que tú lo ves igual que yo. Perdona… es que me troncho… cada vez que me acuerdo. Cuando estuve con ellas la semana pasada, aquí mismo, donde estás tú. ¿Pero esto qué es? No paraban de decirlo, delante de cada pieza. ¿Cómo que qué es? ¡Es una obra de arte! ¡No tiene que ser nada! ¿Te das cuenta? Necesitan reconocer una forma concreta, asociarla con un objeto conocido para que tenga sentido. Desconocen el significado de la palabra alegoría, o metáfora, o, sobre todo, libertad. ¿Te das cuenta? Esa es la diferencia entre nosotras y ellas. Que nosotras sabemos mirar, somos libres, no necesitamos que esto sea algo. Lo observamos y sentimos, nos dejamos seducir por lo intangible, por la fuerza de la simple composición y no por su definición oficial. ¿Recuerdas la exposición de la bienal de Hamburgo? Sí, eso es, la de… sí, Entrañas, creo que se llamaba así. A eso voy. ¿Sabes lo que veían? ¿Te lo imaginas?... Me da hasta vergüenza repetirlo. Veían vómitos. Tal cual. De acuerdo, sí, eran vómitos, en sentido literal. Pero esa no es la cuestión. Lo verdaderamente importante, en el arte, no es la materia prima, ¿no crees? Son las manos del artista que la transforma. Son incapaces de comprenderlo. Menos mal que puedo venir contigo aquí. No sé si soportaría otra visita con ellas. Qué vida más triste, ¿no te parece? Me refiero a lo triste que debe de ser el sentirse incapacitado para valorar algo como esto, esta composición aparentemente caótica y a la vez tan llena de matices, esa madera astillada, ese moteado blanco, esa sombra, todo, es de una espontaneidad poética, no sé, casi me deja… ¿Eh? ¿Sí? ¿Qué pasa?”
“Disculpe, señora”.
“¿Qué ocurre?”
“La escalera. Tenemos que llevárnosla para pintar el techo del descansillo”.
“Ah…”

¡Ah! El arte.

3 comentarios:

T.M. dijo...

jajaja qué bueno !!!

Anónimo dijo...

Coincido con T.M. en su valoración, me ha encantado, está muy bien.

El último peatón dijo...

¡Gracias! Vosotros sí que sabéis valorar el arte verdadero...