jueves, 29 de septiembre de 2011

Hombría en peligro


Días atrás, el presidente del F.C. Barcelona, Sandro Rosell, era preguntado en una entrevista acerca de las palabras que acababa de pronunciar el futbolista del eterno rival, Cristiano Ronaldo, autocalificándose como “Guapo, rico y buen jugador”.
Concretamente, se le pedía a Rosell su opinión sobre la presunta belleza de Ronaldo, a lo cual, el directivo blaugrana se fue por la tangente, respondiendo que, si tuviera que elegir un novio para su hija, él escogería a Messi (que para eso juega en su club, claro). Lo mejor del asunto es que el amigo Sandro se sintió obligado a matizar un par de veces (no una, sino dos) en su breve respuesta que él “no entendía de hombres, ¿eh?”.
Me hace gracia que aún exista este temor a poner la virilidad en tela de juicio por el mero hecho de reconocer a otro hombre como guapo. Es un prejuicio bastante troglodita y carente de sentido, como si la heterosexualidad fuese incompatible con la capacidad objetiva de apreciación de la belleza y ejerciera por el contrario un efecto restrictivo insuperable entre personas del mismo sexo.
Pero absurdos prejuicios aparte, lo verdaderamente cómico es que esos mismos individuos que necesitan justificarse declarándose incapacitados para opinar sobre si un hombre es o no guapo, no muestran en cambio titubeo alguno cuando deciden calificar a otro varón como feo, o aun horroroso o caraculo (especialmente si ese otro tipo se ha ligado a la mujer que nos gusta).
Si se tiene criterio para reconocer e incluso valorar la fealdad, por fuerza se ha de gozar de la misma capacidad para juzgar lo opuesto, pues un concepto necesita al otro, a su antagónico, para poder ser asimilado y comprendido convenientemente.
Bastaría apuntar algo todavía más obvio: todos nos miramos en el espejo y procuramos arreglarnos o acicalarnos en función de una idea subjetiva de lo que significa estar más o menos guapo. Si un día el reflejo me devolviera la imagen de George Clooney, me diría: “Hoy estoy que lo rompo”, mientras que si lo que me mostrara el cristal fuese el careto de El Dioni, tendría que reconocer que mi belleza, de existir, estaría en todo caso en mi interior.
Así que tranquilo, Rosell, que no es usted menos culé ni menos “hombre” por opinar sobre el físico de un futbolista del Real Madrid. Y tampoco se vaya a asustar si alguna vez sorprende a su hija reconociendo que Irina Shayk (la novia de CR7, para más datos) está buena, porque se estará limitando a decir la verdad… aunque luego se case con Messi, como es su deseo de padre.

3 comentarios:

T.M. dijo...

Bienvenido peatón !
las mujeres para esas cosas de opinar sobre la belleza de otra somos más sinceras. Aunque nos fastidie reconocer que cierta chica es un bombonazo, lo hacemos y ya está. Bueno matizo un poco...solemos decir que es guapa, o que tiene un tipazo, aunque siempre intentamos poner un "pero..." que es debido a la envidia está claro...

El último peatón dijo...

Bueno, no sé si exactamente más sinceras; lo que desde luego no parecéis tener es ese miedo absurdo a que se dude de vuestra heterosexualidad por reconocer que otra mujer es guapa.

M.Paternoster dijo...

Pues es verdad lo que comentas. Parece efectivamente que nos cueste tanto reconocer la belleza de otro hombre. Después en silencio hacemos esfuerzos titánicos para parecernos. Pues yo hace tiempo que no tengo rubor alguno por reconocerlo. No es tan dificíl y nadie va a cuestionarte por esto tu heterosexualidad.