jueves, 5 de mayo de 2011

Pereza preelectoral

Cada vez queda menos para que haya elecciones de nuevo y ya me está entrando una pereza que ni os cuento.
Vaya gol que nos colaron en su día con lo de la precampaña, por cierto. Se supone, digo yo, que la campaña electoral es ya en sí misma una fase previa, un prolegómeno de la legislatura o mandato que se elige en las urnas. (De hecho, siendo estrictos, la duración real de la campaña electoral coincidiría con la vida misma en toda su extensión, con todos sus días laborables y festivos, pues la auténtica labor de persuasión y propaganda, la más efectiva, es la que nos vomitan a diario vía periódico, parte radiofónico o informativo televisado.)
Pero los insaciables políticos necesitaban más, claro está. Se les quedaba corto el periodo habitual de promoción propagandística y se sacaron de la manga otro tramo previo a lo previo, que en rizar el rizo y enredar la retórica no hay quien los gane.
Con ello, la otra parte interesada en el meollo —es decir, la prensa— no tardó en dar su aprobación a esta nueva estrategia, sumándose incondicionalmente a la misma y saturándonos con la artillería pesada de promesas y diatribas que caracteriza a toda campaña electoral con casi medio año de antelación.
Huelga decir que me aburren soberanamente las monsergas de los candidatos, pero de esto se puede escapar, por difícil que parezca. Uno puede huir de los medios de comunicación, intoxicados y manipulados más que nunca durante esta época previa a los comicios. Aún estamos a tiempo.
Pero de lo que resulta imposible evadirse es del ambiente cotidiano que se crea como consecuencia de esta avalancha de electoralismo glotón y lucrativo. Y es esto lo que más me fastidia.
Casi todo el mundo, como es natural, es simpatizante de algún partido. Yo, sin embargo, no comulgo con ningún catecismo político, y eso me coloca siempre en la incómoda posición de aparentar la ideología contraria de quien me habla.
Seguro que os pasa a otros tantos. Cada vez que alguien pretende defender a su político favorito ante mí, yo siempre tengo alguna objeción que hacerle, de lo cual mi interlocutor deduce que soy votante del enemigo. Cosa absurda, pues mis conjeturas o discrepancias siempre rezuman escepticismo y nunca proselitismo alguno, pero ya sabemos cómo es esto de defender los colores presidenciables, que en poco o nada se diferencia del forofismo futbolero.
Así que ahora las charlas entre amigos, las sobremesas de domingo, las tertulias de la hora del bocata, o sea, todo, o casi todo, será hablar de política. Mejor dicho, será hablar de educación, de economía, de seguridad, de urbanismo, etc., pero no desde la perspectiva individual de cada mente librepensadora, sino amparados en el marco de la defensa o el descrédito hacia uno u otro partido en liza.
Un coñazo.

6 comentarios:

Palimp dijo...

Peor es tener una simpatía ideológica y encontrar muchas objeciones al candidato de turno...

T. dijo...

Hay mucha gente que en politica y en otros temas piensan libremente. De todos modos, criticarlo todo por sistema, ademas de estresante, no lleva a nada. Mas practico seria emcontrar soluciones.

El último peatón dijo...

Tenéis razón, y creo que todo es a causa precisamente del forofismo, porque, en realidad, cuando hablamos de campaña electoral, hablamos, simple y llanamente, de una competición.
Puede que mi impresión no sea acertada, pero oyendo las opiniones de mis semejantes, no deduzco que vayan a votar a su candidato porque confíen verdaderamente en que arreglará las cosas, sino por el simple hecho de que prefieren que este él ahí en vez del rival.
Dentro de esto, hay matices, claro, y sin duda la versión más indigesta es la que proviene de ese reducto siniestro y neofranquista conocido como Intereconomía.

Asun dijo...

Creo que hay que tener un poco de perspicacia y saber elegir, de entre lo malo, porque desgraciadamente el panorama politico ofrece pocas alternativas, lo mejor. Aquel partido que apueste por la defensa, en cualquiera de sus formas, de los derechos humanos mas basicos, siendo capaz, por lo menos en algunos aspectos, de priorizar el bien comun por encima del bien personal merece nuestra atencion y nuestro voto.

De todos modos modos, dejame decirte que creo que tenemos exactamente lo que nos merecemos. Una ciudadania sin criterio no puede optar a un programa politico coherente. Nuestra sociedad no esta preparada para asumirlo. Tampoco para exigir responsabilidad politica. Es mas, ni siquiera sabe que tiene derecho a ello. 
Y eso, seguramente,es lo peor de todo.

Letras de arena dijo...

No sé si no estamos preparados para nada, a veces tengo la sensación de que nos falta tanta cultura que no tenemos manera de ponernos al día para saber realmente cómo actuar. Lo que está claro es que nos manipulan de mil formas y ya no tiene ganas uno ni de protestar. Tal vez sea cierto que hay que crear una nueva manera de hacer política, pero ¿cómo?

El último peatón dijo...

Bueno, no nos vengamos abajo. También hay algo positivo: que podamos quejarnos libremente (cuánto darían en otros países tan sólo por esto).