lunes, 30 de mayo de 2011

Agente de bolsa


Desde hace unas pocas semanas han empezado a cobrarme las bolsas en el supermercado. La excusa se apoya en supuestos argumentos ecologistas hábilmente pensados para frenar las hipotéticas protestas de clientes sorprendidos o incluso indignados (palabra de moda en estos momentos).
Frenar el impacto medioambiental, racionalizar la acumulación de residuos, ya sabéis, alambicadas vacuidades retóricas que suenan a ambiciosas obras de caridad y que esconden, en realidad, una maniobra financiera que les viene de perlas a los comerciantes en estos tiempos de bolsillo famélico y overbooking en el INEM.
Son dos céntimos. Desde luego que no es una fortuna, pero en mi rudimentaria mentalidad de consumidor la bolsa de plástico siempre se ha interpretado como un elemento intrínseco al servicio que presta la tienda. O sea, la bolsa no es un producto de los que están a la venta. Además, si queremos ponernos puntillosos, no deja de ser una forma de hacerles publicidad a los del supermercado mientras la paseas por la calle de la mano, o colgando de la muñeca, como hacían las madres de antes, con el monedero aprisionado bajo la axila y la rebequilla por los hombros.
Imaginemos que otros establecimientos toman nota y descubren que pueden sacar unos euros extra sin necesidad de subir directamente los precios de los artículos. Tiemblo al pensar en la posible desaparición de los servilleteros en los bares. “¿Quiere una servilleta?”, nos dirá el tabernero, “Pues un céntimo”. Teniendo en cuenta que los residuos que dejan determinados manjares de freiduría en nuestros dedos poseen la capacidad de desintegrar literalmente el papel, el presupuesto para servilletas podría conducirnos directamente a la ruina.
En los restaurante, lo mismo. Servilleta de papel, diez céntimos. De tela, cincuenta. No digamos ya si nos andamos con pijerías y chuflainas de sibarita, que si pan integral, vinagre y aceite, pimienta, mostaza, un cubito de hielo para el pacharán… Ya puestos, todo vale, porque todo lo que sea no consumir puede traducirse en ahorro y disminución de materia desechable.
Así que, desde hoy mismo, he decidido introducir en el bolsillo trasero de todos mis pantalones una bolsa de plástico bien dobladita, discreta, que no se note a simple vista (no soy una fashion victim, pero tampoco conviene pasarse de cutre), y así no me arriesgaré a tener que pagar dos céntimos por culpa de la improvisación.
Hasta he pensado en recopilar bolsas por ahí (en casa tengo varias, como todo el mundo) y plantarme en las inmediaciones de las tiendas cobrándolas a un céntimo. A lo mejor tengo éxito y todo. Como los del top manta, o el top bolsa, mejor dicho. No es Wall Street, pero es un nuevo enfoque del concepto “Agente de bolsa”.
Joder con la crisis.

5 comentarios:

Palimp dijo...

Lo de hacer 'reventa' de las bolsas me parece una idea estupenda...

Yo antes llevaba una bolsa encima por si acaso. Pero descubrí que las bolsas de basura que tengo que comprar ahora que no me las regalan me salen a 3 céntimos la unidad. Más caras que las de 2 céntimos e igual de caras que las 'grandes' del Mercadona, que tienen mayor capacidad y son más resistentes. Así que ahora ya no la llevo, y las sigo reutilizando como antes.

era2010 dijo...

http://www.eleconomista.es/desarrollo-sostenible/noticias/2885874/03/11/El-Gobierno-quiere-poner-en-marcha-un-impuesto-por-usar-bolsas-de-plastico.html

C. Martín dijo...

Recuérdame que en la próxima B&B te enseñe cómo plegar una bolsa para que quede un triangulito que llevar cómodamente en cualquier sitio (cosas de madres).
En cualquier caso es cosa de pasarse al furoshiki que no es demasiado masculino, pero es cuestión de dar con el estampado adecuado o de llevarlo puesto con gracia alrededor del cuello en plan fashion victim.
Salud-i-lios.

El último peatón dijo...

Palimp: acabo de recordar las famosas bolsas de basura llenas de pasta del ayuntamiento de Marbella... a ver si todo va a venir de ahí.

era2010: con la palabra "impuesto" suena todavía peor...

C. Martín: llevaré una bolsa a la próxima B&B para la clase práctica (lo del modelito tipo Agatha Ruiz de la Bolsa quizá lo pruebe también, pero no en público).

Anónimo dijo...

Interesante