miércoles, 6 de abril de 2011

Letras fecales

Me consta que existe un libro recopilatorio de textos escritos en servilletas de bares. Del mismo modo, imagino que debe de circular por ahí (aunque todavía no tenga constancia de ello) algún que otro volumen que recoja el ingente material literario que decora las paredes y puertas de los baños públicos de todo el mundo.Ya sé que, igual que nos quejamos de tanto cochino incapaz de atinar con el chorro del pis o de permitirse el detalle de tirar de la cadena después de aliviarse las tripas, no deberíamos exaltar la práctica del graffiti en los servicios de uso comunitario, pero lo cierto es que de vez en cuando encuentra uno auténticas joyas escritas por ahí, ya sea en prosa, en verso o en arameo.
Mi afición juvenil a la cerveza y otros brebajes diuréticos me dio la oportunidad de enriquecer mis lagunas culturales a base de innumerables leyendas y rúbricas que aún hoy recuerdo, a pesar de que la lectura de muchas de ellas se produjera hace un par de décadas y en un estado de embriaguez considerable. A veces eran pueriles chascarrillos (“Si eres buen titiritero, llega con la picha a este letrero”) y otras profundas reflexiones (“La muerte está tan segura de su victoria, que te da toda la vida de ventaja”). El caso es que la costumbre de pintarrajear retretes nos ha dejado un legado testimonial que abarca todos los géneros, desde la fábula costumbrista hasta el ensayo urgente, desde la lírica barriobajera hasta la consigna ideológica, con espacio igualmente para el refranero popular y la rima canallesca, y sin olvidar el piropo, la declaración de amor o de odio, los emblemas generacionales y la simbología universal (en pocos lugares que no sean un váter público pueden encontrarse esvásticas, estrellas de David, hoces con martillos y yugos con fechas conviviendo como si fueran cromos de una misma colección).
En los evacuatorios comunes tenemos, además, el antepasado directo de los chats y foros de Internet. Quién no se ha entretenido alguna vez observando el discurrir de una cadena de pintadas que cierto día se inició con un simple “Pedro tonto”, y a la que el tal Pedro añadió: “Tu madre”, para que, posteriormente, algún amigo o extraño más cachondo completara la frase con un “cobra por follar”, y entonces, lo que finalmente queda inmortalizado sobre los azulejos o la madera desconchada de la puerta es: “Pedro tonto, tu madre cobra por follar”, y así es hasta que Pedro se da cuenta y añade: “con tu padre”, y la siguiente vez que entramos a hacer nuestras necesidades comprobamos que la historia ha avanzado y ahora está en la fase en que la madre de Pedro cobra por follar con el padre de un amigo suyo (posiblemente, el que hizo la primera pintada).
En fin, sabida es la tradición popular de leer sentados en el retrete, y muchos han asegurado a lo largo de la historia poseer una pequeña biblioteca en su cuarto de baño. Hay que recordar que hubo un tiempo en que no existían ni el bífidus ni los lácteos de Coronado, con lo que la labor de distraer el estreñimiento no era asunto para tomarse a broma (y qué mejor entretenimiento para una sala de espera que un buen libro).
Siempre he pensado que deberían fabricarse rollos de papel higiénico impreso con extractos de obras literarias. Imaginad que en cada una de esas hojitas en que se divide el rollo encontráramos una cita de Shakespeare, un poema de Machado, una descripción de García Márquez, un diálogo de Cervantes, una rima de Quevedo o un pensamiento de Aristóteles.
Es verdad que puede sonar un tanto ofensivo y contradictorio, si tenemos en cuenta que el destino de ese pedazo de papel será ir a parar a las cloacas cubierto de excrementos. Pero pensemos que, al menos, antes de sufrir la escatológica humillación de la higiene anal, aquellos párrafos o versos habrán sido leídos, y quién sabe si incluso memorizados. Mejor eso que penar el abandono en una triste estantería de biblioteca o librería, cubriéndose de polvo o del tinte amarillo del olvido. Si hay que acercar la literatura al pueblo, por qué descartar precisamente uno de los escenarios populares por antonomasia.
Esto me hace recordar, por cierto, una pintada que leí alguna vez en el servicio de un bar: “Caga el rey, caga el Papa, y de cagar nadie se escapa”. Es burdo, ya lo sé, pero todo sea por el fomento de la lectura.

6 comentarios:

T. dijo...

Supongo que pasa lo mismo que con todo, cogemos la televisión y la convertimos en basura, cogemos la literatura, tres cuartos de lo mismo. No todo vale, peatón.Hay que despertar el gusto por la lectura pero no a ese precio. No hace falta ser soez, ni superficial. Para leer según que guarrada y/o estupidez, mejor es no leer. Es mi opinión.

T. dijo...

Y lo mismo digo del cine. Y de toda forma artística. El arte, en todas sus manifestaciones, se creó para la belleza.O para transmitir una idea, un concepto, un modo de entender la vida y el universo.
Lo demás,no se que es, pero arte, no.

El último peatón dijo...

Vaya, cómo te has puesto... :)
No es la primera vez que cito esta frase, pero ahora viene muy al caso: "Lo divertido es lo contrario de lo aburrido, no de lo serio". Es decir, el ocio, o el entretenimiento (como queramos llamarlo) no siempre coincide con el arte, pero eso no significa que no sea algo igualmente importante (y más aun: necesario) en nuestra vida.
De hecho, opino que si los artistas en general (y los escritores en particular) hicieran gala de un mayor sentido del humor, sus obras (sean como sean; serias o desenfadadas, ligeras o trascendentales) serían mucho más populares.
Y, por supuesto, no confundir nunca sentido del humor con frivolidad.

T. dijo...

Sospecho que tenemos puntos de vista distinto a cerca de lo que es divertido y lo que no lo es. Insisto, la vulgaridad no me parece aceptable, ¡ni tampoco divertida!

T. dijo...

De todos modos, entiendo lo que quieres decir y lo respeto aunque no lo comparta del todo :)

Asun dijo...

Veo que tienes una lectora inteligente cuya opinion comparto. Un libro, un texto, lo que sea, puede estar muy bien escrito. Si no aporta nada signifocativo, no deja de ser basura.