viernes, 29 de abril de 2011

Certificado de autenticidad (in inglis, plis)


Muchas de las historias que conocemos popularmente como leyendas urbanas suelen nacer de entradillas como “Me han contado que..”, o “Un amigo me ha dicho que...”, o incluso “Un amigo me ha dicho que un conocido suyo le ha contado que...”.
Por regla general, solíamos recurrir a los medios de comunicación para amparar la historia que contábamos y certificar de algún modo que era real, auténtica, verídica. “Lo he leído en la prensa” o “Ha salido por la televisión” eran afirmaciones que bastaban para demostrar la veracidad de un suceso.
Internet ha contribuido a que se haya ido perdiendo de forma progresiva la fe en los medios de comunicación como notarios de la verdad incuestionable. La libertad de publicación que ofrece la Red venía ya con ese efecto secundario implícito. Es decir, la fiabilidad se resiente cuando no existe filtro alguno, y al final lo acusa nuestra credulidad. Ninguno queremos resucitar la práctica siniestra de la censura, pero al mismo tiempo debemos ser conscientes de que el inabarcable foro cibernético es tan prolijo en información como susceptible de cargarse de infundios y falacias. Cuidado con los “sabios de Wikipedia”, en otras palabras.
Así pues, ¿qué nos queda? Visto (y oído) lo que hay por ahí, diría que el sistema actual de determinación o certificación de la veracidad pasa por la conversión idiomática de los conceptos. Es decir, tendríamos que empezar a aplicar la misma norma oficiosa que ya se viene imponiendo desde hace tiempo respecto a ciertos fenómenos, sucesos o roles, y que sería algo así como “Si hay una palabra en inglés para denominarlo, es que existe”.
Por ejemplo, las putadas en el colegio son una histórica lacra que se remonta a tiempos aun anteriores a los de El Florido Pensil. Alumnos acosados, marginados, maltratados, ninguneados, acribillados a collejas, rebautizados con hirientes apodos, todos lo hemos visto (espero que ninguno de los que esto leéis lo hayáis sufrido en vuestras carnes). De repente, un día, los medios comienzan a introducir el término bullying y la alarma se multiplica, la preocupación se extiende, y en consecuencia se nos transmite la impresión (probablemente errónea) de que hoy se acosa y se putea en los colegios más que antaño. Hemos tenido que traducir el palabro para tomar conciencia del problema. O eso parece.
Lo mismo si hablamos de mobbing. Los jefes que hacen la vida imposible a sus subordinados, los miserables que se valen de su posición poderosa para abusar sexualmente de quien no puede defenderse en términos jerárquicos, los compañeros trepas, tiralevitas, chismosos, traicioneros, insolidarios, desaprensivos, de eso hay y ha habido siempre desde que nos vimos en la sufrida obligación de currar para llegar a fin de mes.
Y qué decir de las personas sin pareja, los solteros, como se han denominado siempre y como todavía figuran definidos en los diccionarios. Las lumbreras del marketing descubrieron recientemente que si se nos imponía el anglosajón single para referirnos a este sector de la sociedad, las posibilidades de hacer negocio a su costa se multiplicarían por mucho. Y la verdad es que funciona. Supongo que si alguien, a día de hoy, anunciara la organización de un baile, un crucero o una caravana para solteros, la imagen que se impondría sería una más bien decadente, o anacrónica, la de una legión de mozos talluditos ávidos de aliviar necesidades elementales por la vía más primitiva y menos elegante.
Así pintan las cosas. La palabra “soltero” ha quedado relegada al ámbito de lo chusco y populachero, a las despedidas de soltero y los partidos de solteros contra casados en las fiestas de los pueblos (imaginad lo ridícula que sonaría la expresión “partido de singles contra casados”). Con el uso cada vez más extendido de single, la soltería —algo que para muchos, no sé bien por qué, sigue siendo un estigma— queda dignificada y elevada a los altares del glamour y la vanguardia. Se acabaron las solteronas que quedaron para vestir santos y los llamados mozos viejos.
Ya lo sabéis. En caso de confusiones de identidad o de crisis existencial inminente, corred a la embajada británica más cercana y pedid la nacionalidad.

9 comentarios:

L. dijo...

Pensamos lo mismo.

T. dijo...

Tienes alguna direccion de correo donde te pueda mandar una cosa.

El último peatón dijo...

L.: OK (lo pongo en inglés para ser coherente...).

T.: la dirección de correo elultimopeaton@gmail.com está a tu disposición.

T. dijo...

No te gustan las palabras en inglés mezcladas con el castellano o me lo parece? Te escribo en unos días que estoy fuera.Gracias.

L. dijo...

Para ser coherente.Vaya.Pues se de una que usa el OK unas cuarenta veces al dia por lo menos.

Frank dijo...

Qué curioso. Aquí en las islas decir "fiesta" (palabra ampliamente extendida entre los teens) tiene connotaciones más desmadrantes que decir party. Consecuencias del turismo de masas lloretdemaresco...

Un abrazo, amigo peatón. En un par de semanas estaré por allí, una breve escapada , o escaping...

Decati Sonde Teibol
(título que ejemplifica el tema del post, perteneciente a un pobre y lánguido blog).

El último peatón dijo...

Hombre, Frank, un placer tenerte de visita. Seremos benévolos contigo y te perdonaremos el espanglish...

A ver si coincidimos un momento durante tu "escaping".

Un abrazo.

Asun dijo...

El problema del bullying no es ese. Sucede que antes, existia lo que hoy ha desaparecido por completo del panorama escolar y social. Se llama educacion en valores. Ese seria el termino educativo sustito de lo que antes se conocia como formacion, moral o religion.
No voy a extenderme respecto a estas ultimas pero si voy a correr el riesgo de parecer una anciana, aunque soy joven, diciendo que hecho de menos en las aulas eso que hoy se denomina " limites" y que viene acompanado de un cierto aire despectivo acunado en la filosofia del todo vale y que no termino de comprender del todo.
Antes, un nino, podia ser objeto de burlas, insultos y algun que otro golpe. He vivido lo suficiente como para saber que ese tipo de heridas psicologicas dejan huella. No obstante, no son nada, comparadas con lo que sucede hoy en dia.
A ese crio, o cria, por ser: demasiado guapo, o listo, o tonto, o raro, o estupido, lo que sea, pueden llegar a matarlo.
No hablamos de unos cuantos collejones. Hablamos de quitar una vida. Ese es el verdadero drama del bullying. No creo, como tu, que crear escandalo social, pueda conducirnos a nada, a menos que ese escandalo, sea el pilar de una toma de decisiones encaminadas a remediar el problema. Pero, silenciarlo, es mucho peor.
Al menos, asi, se nos brinda la posibilidad de permanecer alerta.

Asun dijo...

Por cierto, perdon por mis errores al escribir. Echar de menos va sin h.