miércoles, 16 de marzo de 2011

¿Nos hacemos unas pajillas (mentales)?

A cada estreno de una nueva aventura del ex madero casposo Torrente, resurgen cual marabunta encabritada las ofendidas voces de ciertos individuos heridos en lo más profundo de su sagrada integridad intelectual.
Parece ser que todavía hay gente, después de trece años y cuatro entregas, que no se ha enterado bien de lo que pretende Santiago Segura cada vez que filma una película. Hablamos, por supuesto, de ganar dinero, pero también de ofrecer un producto a medida y basado más en la complicidad sistemática que en el factor sorpresa o la originalidad.
Aun así, leo y oigo estos días ciertas críticas que analizan Torrente 4 con una mezcla de saña y voluntad académica que no termino de comprender. Que a estas alturas alguien (y más un crítico especializado) pudiera albergar según qué expectativas artísticas o creativas es sencillamente grotesco.
Por otra parte, resulta ya cansina la eterna letanía con que nos machacan determinados próceres de la salud cultural (sic), convencidos de que “el hecho de que las películas de Torrente sean las más taquilleras, es la prueba irrefutable de que el nivel intelectual de los españoles es alarmantemente bajo”, o algo por el estilo.
Vamos a ver. ¿Cuáles diríais que son las películas más taquilleras en Francia? ¿Las de Tavernier, Cantet, Audiard y Téchiné? ¿Los ciclos de la filmoteca sobre autores de la nouvelle vague? Pues no. El último bombazo cinematográfico que batió todos los records en el país vecino fue Bienvenidos al Norte, que, para entendernos, es como una revisión en clave gala del arquetipo Martínez Soria, o sea, el humor basado en el contraste pueril y reaccionario entre lo rural y lo urbano, y que ya tiene remake italiano (Bienvenidos al Sur, recién estrenada aquí). Aclaro el tema para que nadie se sienta el ciudadano más cazurro de Europa sólo por ser espectador de las odiseas torrentianas.
En serio. Diría que para medir el nivel intelectual de un pueblo se precisan argumentos más consistentes. Y aunque imagino que no existen estadísticas concretas al respecto, estoy seguro de que la humanidad en general se gasta más dinero en bares que en librerías. Este revelador dato (escalofriante, sin duda; apocalíptico, incluso) no deja duda de que habitamos un planeta superpoblado por millones de analfabetos borrachos. ¿A qué es una conclusión ridícula? Pues eso.
Esto no es nuevo. Durante años se utilizó el fútbol como chivo expiatorio. Después, ha sido la televisión el blanco preferido para que los pretenciosos desubicados clavaran sus dardos. Y cada cinco o seis años, aparece un nuevo Torrente a quien masacrar para sentirnos más civilizados y menos necios.
Querer interpretar Torrente 4 como una obra de arte es como pedir la carta de vinos en el Burguer King. O como ir a la ópera y preguntar dónde venden las palomitas.
No nos hagamos pajas mentales, por favor.
Y eso que la película tiene mucho donde exigir ciertas mejoras, a sabiendas, sobre todo, de las muestras que Segura ha dado de su capacidad como comediante a lo largo de estos años.
El "amiguete" Santiago no es el mejor director de cine del mundo, pero es sin duda el mejor director de marketing de este país. Asimismo, se le puede acusar de cualquier cosa menos de deshonesto. Publicita sus trabajos con eslóganes del tipo “La obra cumbre del cine chusco”, y acostumbra a apellidarlos con sarcásticos subtítulos como “El brazo tonto de la ley” o “Lethal Crisis”, además de incluir a veces alguna que otra coña en los créditos (en la primera entrega de la saga se decía “Una película perpetrada por Santiago Segura”). Más claro, ginebra de garrafa.




Su forma de entender el humor puede ser discutible (como todas, por otra parte), demasiado zafia y previsiblemente vulgar, quizá, pero al mismo tiempo contiene dosis de incorrección política más que encomiables en estos tiempos de melindre, sobreprotección e hipersensibilidad colectiva.
Es evidente que José Luis Torrente, el personaje, representa todo lo que Santiago Segura, el cineasta, repudia. Su capacidad de provocación ha perdido intensidad con el tiempo, es verdad, pero aun así sigo entendiendo (o creo entender) que la torrentada juega en la misma liga que las corrosivas comedias de Larry Charles y Sacha Baron Cohen (Borat, Brüno) y la legendaria cruzada iconoclasta de la revista El Jueves (más cerca de Vaya Semanita que de Escenas de matrimonio, por decirlo de otra manera).
Dicho esto, Torrente 4, aun mejorando lo visto en la secuela anterior, acusa dos debilidades esenciales. La primera, una palpable sensación de desgaste y repetición (la escatología y el onanismo tienen sus limitaciones como materia prima para el chiste). La segunda, y más grave a mi parecer, es la progresiva renuncia a valerse de actores profesionales para ceder la casi totalidad del apartado interpretativo a los famosos y los frikis.
Probablemente, razones de presupuesto hayan terminado influyendo en ello (los honorarios de un actor, por breve que sea su papel, serán siempre más elevados que lo que sea que reciban personajes como Carmen de Mairena o Cañita Brava por sus intervenciones), y así se ha podido invertir más en tecnología y efectos, incluyendo el prescindible 3D.
En este sentido, resulta especialmente significativa la asignación del rol del ayudante o compañero de fatigas del inefable ex policía. Hasta ahora, Segura había elegido de forma acertada a actores de contrastada experiencia en la comedia (Javier Cámara, Gabino Diego, Javier Gutiérrez, José Mota), mientras que en esta última ocasión opta por ceder los honores a Kiko Rivera (el artista antes conocido como Paquirrín). El tirón popular del personaje es tan indiscutible como discutible su vis cómica fuera de su hábitat natural (algo me dice que Rivera debe de ser el rey de la juerga y el cachondeo cuando sale con sus colegas por Sevilla, pero para hacer reír delante de una cámara hacen falta otros atributos).
Siguiendo en esta línea, echo de menos un plantel de solventes secundarios. Desde luego que una de las armas más efectivas de todos los Torrentes la constituyen los cameos, y sin ellos también notaríamos algo a faltar. Pero ocurre que el cameo pintoresco ha terminado absorbiendo por completo al papel de reparto propiamente dicho, lo cual no es una buena noticia.
Es decir, hemos pasado de que los frikis de turno alternen metraje con Tony Leblanc, Manuel Manquiña, Juan Luis Galiardo, Jorge Sanz, Chus Lampreave, Javier Bardem, Álex Angulo, José Luis López Vázquez, Neus Asensi, Jesús Bonilla, Antonio Resines o Ariadna Gil, a que la práctica totalidad de roles suplementarios (con la excepción del sempiterno Leblanc, el gran Enrique Villén y dos o tres actores más) estén protagonizados por figuras más o menos conocidas de la martingala televisiva, el deporte, la crónica mugrosa y el papel satinado, gente como Ana Obregón, Carmen Martínez-Bordiú, El Dioni, los cantantes Francisco y Bisbal, los futbolistas Agüero, Ramos, Fábregas, Arbeloa e Higuaín, la periodista Patiño, el tertuliano Matamoros, el karateka poligonero John Cobra, o ese esperpento maledicente llamado Belén Esteban (cuya gestualidad fecal es todavía más repugnante en tres dimensiones).
Son, como digo, detalles susceptibles de revisar y enmendar, pero en conjunto Torrente 4 da lo que se espera de ella, y si alguien se espanta, será que finge, o que ha vivido en otro planeta durante los últimos quince años, o —quién sabe— tal vez sea masoquista y le guste indignarse con algo que se ve venir y que no esconde sus cartas.
Este peatón se ha reído a ratos y, a ratos también, ha tenido la sensación de déjà vu que ya sabía que tendría antes de entrar al cine. Nada nuevo. Para lo bueno y para lo malo. Como en la barra libre de una boda o una fiesta de fin de año; con la predisposición positiva a beber y divertirse, pero sin pensar en la marca del güisqui que nos echan en el vaso.

9 comentarios:

L.M. dijo...

He intentado "tragarme" a Torrente pero ni entiendo su sentido del humor ni me gusta el personaje, ni nada de nada. He ido con unos amigos,a ver varias de ellas(esta última ya no porque ya veo que no hay química y sería tirar el dinero) y la verdad es que no puedo con ello, me ataca los nervios.

Entiendo lo que has comentado en la entrada y creo que es muy posible que tengas razón, no te lo discuto, además lo argumentas muy bien, pero aún así no hay nada que hacer, no lo soporto :(

Mucho mejor, en cambio, otra que ahora mismo también está en cartelera:Destino Oculto.La vi ayer noche y la verdad es que me encantó.

(Contra gustos no hay nada escrito, dicen)

El último peatón dijo...

La verdad es que, no gustándote, tiene mérito que hayas aguantado tres películas.
Espero que tus amigos sepan valorarlo si algún día tienes que pedirles un favor. :)

María. dijo...

A mí tampoco me gusta Torrente.Pero me gusta lo que dices.

El último peatón dijo...

Pues de eso se trata. De discrepar, pero de buen rollo. Zenkiu.

L.M. dijo...

¡Eso díselo a ellos! ;)

Nada, es broma, que son muy buena gente. Pero si es verdad que me ha tocado ver algunas pelis que no me van. :(

Saludos.

Terine dijo...

A mí tampoco me va la película, Peatón, al final esto será un club anti Torrente.

(L.M. ¿Tú por aquí? Ja ja ja. No lo habría dicho nunca.A ver si te veo, recuerda:25)

T.M. dijo...

Estoy contigo peatón.
Es como poner tele 5 y pretender ver un programa culto.
No he visto ninguna película, pero me encanta Santiago Segura. Sobre todo cuando últimamente en la tele para anunciar su peli al final dice "disculpen las molestias" me parto...jajajaja. Con eso él mismo ya lo dice todo.
saludos peatón.

lacaraoculta dijo...

Vista una...vistas todas, falta de originalidad, chistes y situaciones cansinas, cameos absurdos. No le niego su cierta gracia a la primera, a partir de ahí aburrimiento total. Muchos de los que la gozan con este Torrente, son los mismos que apedreaban el cine de la transición y el destape. Porque, el que te caiga bien algún tipo de friki, queda incluso hasta bien y el tal Segura, es uno de ellos.

Anónimo dijo...

en tiempos de crisis economica y de valores es bueno reirse, te lo dice un "panchito"