domingo, 13 de marzo de 2011

Hombre muerto

Perdonarte no es lo más difícil. Tú sabes igual que yo que lo que se destruye con la infidelidad no es el amor, sino la confianza.
La herida en la espalda de tu puñalada cicatrizará. Durante meses ocuparé mis sueños y mis tiempos muertos con la imagen de un tipo fornicando contigo.
Pero eso no evitará que te siga queriendo. Y tal vez, como ya he dicho, hasta podría llegar a autoprovocarme una suerte de amnesia redentora que borrara la peor versión de ti, esa que ahora acarreo y que me hace sentir como la víctima de un timador cualquiera.
Contra lo que no puedo luchar es contra la desconfianza. Aceptaría tus disculpas, sí, y te abrazaría otra vez, sin duda, pero ¿qué pasará entonces cada vez que salgas por la puerta, cada vez que no estés al alcance de mi vista?
Los amigos se convertirán en tapaderas y los viajes en coartadas. Me duele saberme ahora capaz de albergar los recelos más vulgares y elementales. Saber que sufriría cuando te retrasaras a la vuelta del trabajo o cuando salieras con uno de esos viejos amigos que nunca me he empeñado en conocer por respeto a tu pasado y por miedo a comportarme como un esposo entrometido y caduco.
Tampoco me habría enfadado especialmente al saber que, una vez terminado aquel maldito congreso, decidiste sacarte el anillo del dedo y dejarlo en la habitación del hotel para salir con tus compañeros a cenar por ahí y relajaros después de una larga jornada de trabajo.
Puede que hasta me hubiera hecho gracia descubrir ese prurito de coquetería en ti. Con la confianza intacta, llegaría a creerme que lo hiciste sólo para divertirte y encajar en el ambiente, para volver a experimentar el placer egocéntrico de quitarse de encima a una legión de babosos que, cubata en mano, te adulan torpemente y exprimen el repertorio trillado del conquistador ibérico.
Y si, al acercarse a ti cualquiera de aquellos trovadores etílicos y preguntarte si estabas sola, tú hubieras respondido afirmativamente, quizá la cuerda se habría tensado más de lo debido, para qué negarlo, pero jamás tanto como para romperse del todo, tal como está ahora.
No fue eso lo que ocurrió. En efecto, alguien se te acercó con intención de seducirte. Antes de lanzarse, quiso saber si eras una mujer libre. Tú no te limitaste a asentir. No dijiste “Estoy sola”, sin más. Ni siquiera te declaraste una mujer soltera, lo cual, aun fastidiándome, estaría todavía lejos de la dolorosa realidad.
El tipo te abordó y te preguntó si estabas casada o tenías novio. Entonces, tú le respondiste: “Soy viuda”.
Viuda.
Tengo un centenar de llamadas tuyas registradas en la memoria de mi teléfono móvil. No pienso cogerlo. Tampoco voy a decirte dónde estoy. En cuatro días no habré dormido más de un par de horas. A veces me siento flotando por algún extraño paraje ajeno a la dimensión que conocemos. Hasta yo mismo me creo estar muerto.
Algunas mentiras son tan cabronas que acaban convertidas en verdades. Sólo para joder, supongo.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bien escrito, sincero y directo.

L.M. dijo...

¡Me gusta mucho!

T.M. dijo...

Peatón esto ya lo he leído antes...ya lo habías colgado verdad?
Da igual, lo importante es que me gusta mucho.
Saludos.

Terine dijo...

Me gusta mucho este texto, escribes muy bien, qué afortunado eres. He conocido tu blog por una amiga mía y pienso seguirte leyendo, también me gustan tus comentarios sobre cine.

Recomendaré tu blog a mis conocidos. Que tengas un buen día.

El último peatón dijo...

Terine: retiro lo dicho hace unos días sobre que Santiago Segura es el mejor director de marketing de este país. ¡Sin duda eres tú!
Mil gracias por la promoción.

Y a los demás, ídem: gracias por seguir transitando esta acera virtual.

Terine dijo...

Ya he colgado un enlace en mi muro y he escrito algún correo, el resto ya depende solo de ti. :)

María. dijo...

Está muy bien.

Asun dijo...

Me gusta tu reflexion sobre las mentiras.Eso de que son tan cabronas que acaban convertidas en verdad. Pero debo advertirte, por si no lo has comprobado ya en tu propia carne, que se nos da muy bien. Asi, en global, hablo del genero humano.
Ademas siempre nos queda eso de que nada es verdad y nada es mentira. Me pregunto si Calderon tendra un sueno eterno " relativo" o si habra terminado por comprender lo desafortunado de su expresion. ( Existen algunas verdades inmutables de las que no hablare aqui)
Volviendo al tema de las mentiras, quizas las necesitemos. Algunas. Fantasear, imaginar, crear, jugar, no es solo es imprescindible. Los medicos lo recomiendan. Parece que existe una relacion no demostrada del todo entre la fantasia y la salud mental.
Siempre y cuando esas mentiras, no acaben danando a terceros, claro. O a uno mismo! Algunos se mienten tanto, en su afan desmedido de ser los protagonistas de la historia que terminan por sentirse perdidos, sin identidad ni valia propias.