viernes, 11 de febrero de 2011

Traidores a la patria

No seré yo quien afirme que Javier Bardem y Penélope Cruz son personajes especialmente accesibles, simpáticos y generosos con los medios de comunicación.
Admitido esto, he de confesar que me asombra la animadversión extrema que la pareja despierta entre los miembros de la prensa —y aquí es necesario matizar que nos referimos a la prensa en general, y en particular a la de sociedad, del corazón, del cotilleo, y no a la especializada en cine, ya que nunca he leído ni oído quejas de esta parte concreta de la profesión—; es increíble, como digo, que dos personas que han triunfado tan ostensiblemente en sus carreras y que, fuera de ello, no han protagonizado nada más allá de lo ordinario y común que casarse y tener un hijo, se hayan convertido en el blanco de puñaladas traperas y balas envenenadas que los mismos periodistas jamás emplean contra dictadores, políticos corruptos, delincuentes habituales, famosillos chupasangres y demás calaña indigna de respeto.
Que el uno no sea la delicadeza en persona y que la otra no sea el colmo de la campechanía no me parecen argumentos suficientes como para nombrarles los enemigos públicos número uno de este país.
Porque, repasemos, ¿qué podrían haber hecho Bardem y Cruz para ganarse tanto odio?
A priori, la excusa que se nos da es la de su renuencia a conceder entrevistas o declaraciones a los medios españoles. Aquí, insisto, conviene dejar claro que los medios supuestamente marginados son las revistas y los programas del corazón, y no los dedicados al séptimo arte y la interpretación.
¿Alguien les reprocharía a Messi, o a Nadal, o a Iniesta, que sólo hablaran para la prensa deportiva y no para el resto?
Es más, ¿por qué Fernando Alonso, un tipo como mínimo igual de antipático (a mí me lo parece todavía más) que Pe y Javier, no les parece tan endemoniadamente maligno a esos mismos periodistas y su entregado público?
Creo que sé el porqué de esta corriente de acoso y despelleje contra los dos únicos actores españoles que han ganado un Oscar de Hollywood.
Sí, amigos, la razón es la de siempre. La (puta) política.
Javier Bardem ha sentido siempre debilidad por las manifestaciones y los actos reivindicativos. Que si el “no a la guerra”, que si el chapapote, que si el problema del Sahara… Por si esto fuera poco, su madre, la actriz Pilar Bardem, representa uno de los ejemplos más claros del activismo izquierdista de pancarta y megáfono, o sea, de meterse en todos los fregados en los que exista atisbo de polémica ideológica o crispación social, y eso incomoda mucho a una parte importante de la clase política y sus respectivos medios afines (esos que han acuñado el término “titiriteros” para referirse al colectivo de los actores españoles).
Para rematar la faena, Penélope Cruz ha dado a luz a su primer hijo en Estados Unidos, y se arma la de San Quintín, resucitan Roberto Alcázar y Pedrín, El Guerrero del Antifaz y el Generalísimo en pose ecuestre y sable en ristre. Resulta que ahora es un pecado mortal y una afrenta imperdonable el hecho de parir fuera de la madre patria, aunque (como es el caso) la parturienta resida y trabaje fuera de la misma.
Julio Iglesias vive en Miami y tiene hijos americanos. Pero no es malo. No es Satanás encarnado en titiritero. ¿Por qué? Porque da exclusivas al ¡Hola!, supongo. Y también, imagino, porque aunque se le adivine más o menos por dónde van sus tiros en materia ideológica, nunca se ha manifestado abiertamente al respecto.
He leído en estos últimos días expresiones tan ridículas como “Falta de respeto a sus compatriotas” o “Desprecio a su país” en referencia al alumbramiento del bebé Bardem-Cruz en Los Angeles.
Seguro que quienes eso escriben, y también quienes lo suscriben, no han reparado en que existen españoles como Fernando Torres o Pau Gasol que también trabajan y residen fuera de nuestras fronteras. Seguro que a nadie le extrañará que sus hijos nazcan en Gran Bretaña o Estados Unidos, que tengan doble nacionalidad y que estudien en inglés, del mismo modo que a día de hoy nadie se altera (y tendría motivos) cuando comprueba que hay niños nacidos en Galicia, Extremadura o Murcia que se llaman Norton Kevin o Jessica Wendy.
Y lo más sangrante es que no pocos de estos reaccionarios y ultrabeatos ofendidos por el comportamiento del par de actores suelen jactarse de, por ejemplo, enviar a sus hijos a estudiar a prestigiosas universidades extranjeras, y tampoco parecen ver la sombra de Belcebú en personajes que fijan su residencia estratégicamente lejos de su pueblo para no pagar impuestos y gestionar con mayor libertad sus negocios o chanchullos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bueno.