martes, 18 de enero de 2011

El escritor narcoléptico


Es esa misma sensación, que parece sacada de un sueño inquietante, de la pesadilla urdida por una mala digestión, igual que cuando se pisa el acelerador y la carretera no sólo no mengua, sino que parece multiplicarse, prolongarse hacia el infinito, atrapándonos en un bucle que es lineal y no circular, pero tanto da, es la angustia de verse atrapado, la conciencia definitiva de que en verdad existe la eternidad y que ésta es mera repetición, y una vez aquí ya no existe el freno ni mucho menos la marcha atrás, es el destino de no tener destino, caer para ggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggg


Éste es uno de los centenares de textos hallados —y gentilmente cedidos por su abogado y albacea— en el domicilio de Gaspar Tucadamba, para muchos la gran esperanza truncada de las letras hispanas.
Son todos ellos párrafos incompletos, interrumpidos bruscamente sin aparente razón y rematados invariablemente por una única letra que se prolonga durante varios renglones.
Sus más allegados conocían que Gaspar padecía de narcolepsia, por lo que, para ellos —al igual que para los muchos fans que ya había conseguido aunar en torno a su obra, pese a que ésta no fuera otra cosa que mera expectativa inflada estratégicamente por ciertos editores orgullosos de su presunta visión de futuro—, la explicación a este raro fenómeno tipográfico era más que evidente: al quedarse dormido en mitad del proceso de escritura, la consecuente cabezada provocaba que la nariz del malogrado autor quedara incrustada en alguna de las letras del teclado (a veces era la g, como en el ejemplo arriba expuesto, y otras podía ser la p, la h o la j, o incluso cualquier otra o aun un número o un asterisco).
Circula no obstante otra versión, mucho más maliciosa y tal vez avivada por ciertas envidias (sin entrar ahora en que pudieran estar totalmente justificadas), y es la que sostiene que la razón por la que Gaspar Tucadamba se quedaba dormido mientras trabajaba en sus textos no se debía a cuestiones de tipo médico o patológico, sino que era el propio sopor producido por la tediosa espesura de su narrativa el que lo hacía caer frito una y otra vez.
Tucadamba falleció el 9 de febrero de 2002. Se encontraba en la cocina, tratando de preparar una cafetera (un remedio que siempre resultó inútil en su batalla contra el sueño impertinente e inoportuno), y el azar quiso que su enésima cabezada le sobreviniera justo antes de poder encender la llama del quemador. Murió como consecuencia del gas inhalado.
Su obra enigmática y fragmentada podrá verse próximamente expuesta en la Galería Carrincho, de Miami, con motivo del IV Simposio Internacional de Arte Nonato y Post mortem. Casi nada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

He buscado por internet pero no encuentro ninguna entrada de Gustavo Tucadamba. Me interesaría mucho conocer algun dato más sobre este escritor narcoléptico, pero solo he encontrado lo referente a este blog. ¿Podrías facilitármela? ¡Muchas gracias!