miércoles, 8 de diciembre de 2010

Sonrisas en el desastre

Desde las profundidades de la obtusa ineptitud surge la costumbre de la ira, de la sistemática crispación, del cabreo como norma —no tanto de autodestrucción como de necesidad de reafirmación ante los supuestos defectos y debilidades de los demás—; proliferan legiones exaltadas de agitadores reaccionarios y masoquistas, de insatisfechos crónicos encantados de su tormento interior, de aguafiestas vocingleros, de nostálgicos de la autocracia tenebrosa, de buscadores de amenazas externas y detectores de aberrantes conjuras, de déspotas jactanciosos y necios fantoches que contemplan con mal disimulada delectación los tiempos difíciles, deseando que en el fondo se prolonguen el caos y la decepción popular para justificar sus desfachateces, sus exabruptos, sus hediondos escupitajos contra las libertades y la pestilente retórica de su discurso anacrónico y espeluznante.
Que el panorama exija reflexión (cuándo no) tampoco es para flagelarse pensando en el Armagedón inminente. Espías cibernéticos que destapan miserias imperiales que en el fondo todos sospechábamos; profesionales que se cagan en nuestras sagradas vacaciones (ahora fueron los controladores aéreos como otras veces han sido los pilotos o los maquinistas); airados borregos que apedrean el autobús del equipo rival, cuyos homólogos —no lo dudéis— harán lo propio cuando se juegue el partido de vuelta; el actual gobierno ha perdido el crédito y el aspirante a la poltrona me inspira aún menor confianza… Es decir, los de siempre haciendo lo de siempre.
No es que esté bien, pero que nadie trate de convencernos de que ahora es peor que nunca, tan sólo para concederse el execrable derecho a sacar al vampiro golpista de su ataúd de naftalina.
Ante tal avalancha de estridente pesimismo me alivio revisando y disfrutando por enésima vez de El golpe, Nueve reinas, Misery, Olvídate de París o La noche es nuestra, porque el entretenimiento, en contra de lo que acostumbran a proclamar ciertos pelmazos enfermos de trascendencia, es vitamina para el cerebro. Y rescato asimismo el sonido demoledor del disco La rueda de las armas afiladas, en el que el grupo La Frontera hizo novillos de su identidad country para marcarse un contundente alegato rockero que no sólo perdura, sino que gana con los años; y casi por el carril contrario me llega lo nuevo de Siniestro Total, que se titula precisamente Country & Western, porque los gallegos han aparcado momentáneamente sus reminiscencias punk para decantarse por un repertorio más canónico en lo musical, conservando el ardor contestatario en sus letras, eso sí, y con idéntico acierto al conseguido hace una década en el estimulante —y me da que incomprendido— álbum La historia del blues. Vida y tiempo y de Jack Griffin.
En el televisor me reencuentro con los disparates cotidianos de Seinfeld y Frasier, cuyos poderes analgésicos intuyo semejantes a los de la marihuana (no en vano, cuentan que Spielberg, mientras rodaba La lista de Schindler, pidió que le grabaran la última temporada de Seinfeld para refugiarse en ella cuando sintiera flaquear sus sentimientos, lógicamente agitados por su implicación personal en la historia que estaba filmando). Y a ambos uno ahora el descubrimiento autóctono del año, la serie ¿Qué fue de Jorge Sanz?, de David Trueba, un retrato del reverso tenebroso de la fama y un ejemplo de valentía paródica, en un país donde se lleva más el pataleo que la autocrítica (ingrediente fundamental de eso que se conoce como sentido del humor).
Y están también los libros, por supuesto. A punto de terminar con el último Mendoza (y sin olvidarme de los hombrecillos de Millás), el nuevo Paul Auster me reclama ya desde la estantería, fiel a su cita anual, al igual que otros infalibles antídotos contra el mal rollo que me visitan cada año firmados por esos venerables ancianos llamados Woody Allen y Clint Eastwood.
Será nihilismo en defensa propia o pereza de cuarentón, pero servidor no piensa amargarse; como mínimo, lo intentaré.

Cuando alguien arregle el desastre, me avisen, plis.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Brindo por el entretenimiento!!

Saludos Peatón.

Asun dijo...

Está bien lo de no amargarse, mientras no pongamos la mente en "pausa" y dejemos de reflexionar.Eso lo hacen muchos por desgracia.