viernes, 17 de diciembre de 2010

El pecado de la pereza, versión oenegé

Estoy viendo la tele. Es el intermedio del partido. Tras una sucesión monótona de mercancía automovilística y telefónica, se ve de pronto a un joven sentado en un parque y leyendo un libro. Una voz en off dice: “Parece que no esté haciendo nada, pero en realidad está haciendo mucho”.
A continuación, nos enseñan una imagen de una niña africana sosteniendo una pizarra, y la misma voz grabada confirma que el chico del parque ha contribuido a que niños como ese puedan comer y escolarizarse, todo ello gracias a que es voluntario o colaborador de la ONG Ayuda en Acción.
Desde luego que no se trata de un anuncio original. Es el típico spot publicitario que las organizaciones humanitarias acostumbran a elaborar y a difundir con especial énfasis en estas fechas, más dadas a sacar la sensibilidad de paseo por eso de las celebraciones familiares y el final de año.
Si algo me ha llamado la atención del anuncio, no ha sido por tanto su mensaje institucional, manido y previsible. Lo que me parece en verdad curioso es que para los miembros de Ayuda en Acción leer sea sinónimo de no hacer nada.
Pues vaya. Toda la vida creyendo que la lectura es una actividad edificante y constructiva (bueno, una actividad, a secas) y ahora va a resultar que es lo mismo que tumbarse a la bartola en un parque y rascarse los huevos.
Qué engañados me tenían los bibliotecarios, los editores, los Académicos de la Lengua, los profesores y maestros en general, los prosistas, poetas, periodistas y chupatintas del universo, los libreros y los correctores de estilo, el Cuchitril Literario y la Librosfera, todos los que viajáis en el autobús, en el tren, en el vagón del metro con las narices sumergidas en el papel, vagos, holgazanes, parásitos, haraganes, inicuos ociosos, así va el país, so gusanos, por culpa de tanto alforjazas que en vez de hacer algo de provecho (como ingresar pasta en la cuenta de una ONG) se dedica al improductivo ejercicio de leer.
A ver si espabilamos, cojones.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido último peatón,
Yo he visto ese mismo anuncio y no me da esa sensación, pero seguramente dependerá de los ojos con que se mire.
A mí lo que me sugiere es que hay ciertas actividades diarias que a nosotros nos parecen normales, ya que son nuestros derechos (eso sí, que no los valoramos), y que sin embargo, hay mucha gente que no puede disfrutar de ellos.
Obviamente, estoy de acuerdo contigo en que leer es algo muy importante.
Saludos.

T.M. dijo...

Colaboro con esta oenege mediante un apadrinamiento hace ya como quince años...no me deprimas por favor...jajaja.
Estoy de acuerdo con el anónimo de arriba, habría que mirar el anuncio con otros ojos, no seas malo peatón.
saludos.
PD.Feliz año nuevo, y si celebras estas fiesta, pués Feliz Navidad también, ea.

Palimp dijo...

Pues claro que los que leemos no hacemos nada ¡faltaría más!

Recuerdo una vez que estaba leyendo en un banco, tranquilamente, y me saludó un conocido -no recuerdo quien, pongamos que el panadero- y me dice ¿Qué, estudiando? Tuve que aclararle que no, que no hacía nada productivo.

¡Viva la vagancia!

El último peatón dijo...

Las intenciones de la ONG las presupongo nobles, aunque ya sabemos que hay de todo por ahí. Pero sigo pensando que existe un error de “redacción” en el discurso del anuncio, al utilizar la expresión “parece que no esté haciendo nada”, cuando lo que se adivina que intentan decir es que “parece que está haciendo otra cosa” o “no parece que esté ayudando a nadie”. Una cosa es no ayudar o no contribuir con una causa concreta, y otra cosa es “no hacer nada”.
Llegados a este punto, tal vez deberíamos preguntarnos qué significa hacer algo, lo que sea (incluido hacer el vago, por supuesto).
No obstante, desde que me he enterado de que leer y vaguear son sinónimos, me lo leo todo, incluido Sánchez Dragó.

Buenas fiestas a todos.