viernes, 5 de noviembre de 2010

Conjeturas que dan miedo

Mi elucubración no se basa en datos contrastados ni en argumentos realmente sólidos. Se trata de una de esas cosas que se piensan justo al meterse en la cama, mientras esperamos a que el sueño nos capture, o nada más despertarnos, mientras un locutor de radio cualquiera nos murmura las primeras noticias del día desde la mesilla.
Me entero de que Obama no vive precisamente sus momentos de mayor popularidad en Estados Unidos. El hombre que simbolizó el cambio hacia posturas menos reaccionarias y hacia un clima de mayor tolerancia comienza a perder fans en las urnas, y eso trae como consecuencia un avance de los republicanos, esto es, de los más radicalmente conservadores.
Las causas de que aquel prometedor sueño se haya desvanecido en tan sólo un par de años serán sin duda diversas, aunque parece que existe una fundamental (y común a todo el planeta, de hecho), relacionada con la puñetera y omnipresente crisis económica global.
Al mismo tiempo, todo indica que las próximas elecciones que se celebren en España darán el triunfo al Partido Popular, donde obviamente hay de todo (y lo digo en serio), pero donde, igualmente, militan más o menos ocultos los elementos de la derecha más retrógrada y siniestra.
Hilando este par de hebras me he retrotraído hasta el año 1929, una fecha tristemente histórica por ser la del crack de la bolsa de Nueva York y el inicio de la época conocida como La Gran Depresión.
O sea, hablamos de una gran crisis económica mundial, que se parecerá mucho o poco a la de ahora —sinceramente, no lo alcanzo a saber— pero que podría haber servido de escenario idóneo para que en los años inmediatamente posteriores emergieran triunfales personajes como Hitler en Alemania o Franco en España, además de reforzar a otros que ya se habían adelantado, como Mussolini en Italia.
No lo veo yo tan negro, tampoco nos volvamos locos. No obstante, mi propia asociación de ideas respecto a lo acontecido en aquella gran crisis del siglo pasado me ha provocado, eso sí, una mínima inquietud.
Puedo entender que ante las penurias del hambre nos obliguemos a ser algo más primarios y pragmáticos, que dejemos las utopías para tiempos de futura bonanza. Lo que me preocupa de alguna manera es que nos pasemos de frenada y en nuestro ímpetu por salir del atolladero nos saltemos según qué fronteras.
La alternancia es un imponderable de la democracia, en mi opinión. Unas veces nos tocará circular por el carril izquierdo y otras por el derecho, independientemente de que llueva o no a gusto de nuestras afinidades. El temor aparece cuando empiezas a percibir que la desesperación y la urgencia de los ciudadanos se convierte en la moneda de curso legal para los más oscuramente extremos, y compruebas paulatinamente cómo se van enriqueciendo día a día y van perdiendo el pudor para desnudar su discurso, despojándolo del disfraz retórico que les impuso la democracia y alardeándolo cada vez con mayor impunidad.
Eso es lo que asusta; no que se arremeta contra la inoperancia de un gobierno concreto, de izquierdas o de donde sea, sino que se empiece a cargar contra el sistema democrático en sí, que vuelvan a la lista de grandes éxitos arcaicos y deleznables conceptos como la “mano dura”, que se confunda “autoridad” con “despotismo”, “control” con “prohibición” o “justicia” con “castigo”.
Por si acaso, aquí queda dicho.

2 comentarios:

T.M. dijo...

Qué miedo da.
El Tea Party me pone los pelos de punta. Esperemos que la cosa no sea tan extrema.
saludos.

El último peatón dijo...

Pues ya sabes. Si alguien te invita a tomar el té, tú, por si acaso, infórmate bien antes...