viernes, 1 de octubre de 2010

Falacias populares 1 - Una imagen vale más que mil palabras

Por cuarta o quinta vez, un poder incontrolable me había obligado a girar el cuello en dirección a donde estaba aquella desconocida. Yo seguía fingiendo que me interesaba la conversación de mis amigos, aunque mi atención ya tenía una dueña difícil de vencer.
Nunca he creído en los moldes ni en los estereotipos de cuestionario de revista, y aun así la chica tenía todos los números para convertirse en lo más parecido a un patrón de mujer ideal que yo pudiera imaginar.
Un prodigio de compensación. Turgencia y belleza, presencia y dulzura. Incluso desde la distancia (unos quince metros nos separaban; yo, arrimado a la barra junto a mis colegas de bebercio; ella, balanceándose copa en mano al ritmo de la música, a la entrada del exiguo pasillo que daba acceso a los baños).
Idéntica nota para el vestuario. Matrícula de honor. Insinuante, sugerente, calculado con inteligencia para disfrutar tanto de lo que ocultaba como de lo que generosamente dejaba a la vista.
Tener aquella imagen ante los ojos y no hacer nada hubiera sido un crimen imperdonable. Tenía que acercarme, decirle algo, intentarlo.
Dejé a mis amigos con sus bocas repletas de senos y culos quiméricos para embarcarme en la aventura hacia el cuerpo perfecto y real.
Ella parecía absorta en su tímido bailoteo, y sólo cuando me tuvo a un metro reparó en que tenía ante sí a un chorlito hipnotizado.
Llegó el momento. Me tomé unos segundos antes de articular palabra para recrearme en la estampa. En efecto: las palabras sobraban. La imagen, idílica, sublime, hablaba por sí sola. Sabiduría popular.
“¿Cómo te llamas?”, pregunté por fin.
“¿Cualo?”, me contestó, a voz en grito (la música en los bares, ya se sabe).
“Esto... que si quieres que te invite a una copa”.
“Me se ocurre de que sí”, dijo, y volviéndose hacia su izquierda, le espetó a otra chica: “Chochooo, que me abro con éste” (nuevamente a gritos, claro, aunque en realidad la música no estaba tan alta).
No fueron mil palabras, sino trece. Pero ya daba igual. Con la excusa de avisar a mis amigos, di media vuelta y escapé como pude hasta la salida.
Sabiduría popular. Los cojones.

5 comentarios:

T.M. dijo...

Es un alivio saber que hay bellezones de éstos que igual que atraen, repelen, que sino que sería de nosotras las normalitas. Ufff qué alivio, jajajaja.

Pero también hay chicas guapísimas muy muy inteligentes y cultas, a estas sí que les tengo miedo, no nos dejan nada a las demás.

Palimp dijo...

Pa que luego digan.... no está hecha la miel pa la boca del asno, pásame el teléfono de la piva.

El último peatón dijo...

T.M.: Ya sabes que la prueba infalible para detectar el nivel de inteligencia de una chica guapa es preguntarle "¿Qué sabes de Rusia?". Esto me hace plantearme igualmente qué les preguntarán a las aspirantes a Miss Rusia...

Palimp: Buscaré el número en mi agenda (lo tendré apuntado en la CH...).

Asun dijo...

Si el nivel intelectual de un persona se pudiera medir con una sola pregunta!Demasiado general, no te parece?Porque tambien estan las que callan por timidez, las que deliberadamente prefieren no decir nada,las que no necesitan demostrar lo que saben (no por orgullo, por seguridad) y una larga lista mas.

Asun dijo...

Si el nivel intelectual de un persona se pudiera medir con una sola pregunta!Demasiado general, no te parece?Porque tambien estan las que callan por timidez, las que deliberadamente prefieren no decir nada,las que no necesitan demostrar lo que saben (no por orgullo, por seguridad) y una larga lista mas.