domingo, 24 de octubre de 2010

Amigos punto com

La diferencia entre tener un solo amigo y no tener ninguno es, en términos numéricos, obviamente escasa, pero si lo observamos desde el ángulo de lo estrictamente emocional y humano, veremos que entre una y otra opción existe un abismo inconmensurable.
La novela Cuatro amigos, de David Trueba, comienza con la siguiente reflexión: "Siempre he sospechado que la amistad está sobrevalorada. Como las carreras universitarias, la muerte y las pollas largas".
Me gusta esta novela, aunque no comparta la sospecha de su narrador. Lo que yo creo, muy al contrario, es que en realidad no valoramos la amistad todo lo que debiéramos, precisamente porque tendemos a considerar como amigos a demasiadas personas que no llegan a serlo.
Nuestra vida está recorrida por numerosas situaciones que requieren la interrelación con el prójimo. Vecinos, colegas de trabajo, compañeros de estudios, familiares sanguíneos y políticos, conocidos ocasionales o "colaterales", amantes y otros affaires; gente, en suma, con la que compartimos momentos, experiencias, aficiones, pasiones y un sinfín de cosas más, sin que por ello se correspondan necesariamente con la etiqueta de "amigo".
Me temo que a fuerza de malgastar y pervertir el término amigo, hemos terminado por devaluarlo y banalizarlo hasta el extremo. Con esto no estoy afirmando que el resto de relaciones sean prescindibles. Familiares, amantes, colegas, compañeros y demás nos enriquecen y nos ayudan a disfrutar de nuestro paso por el mundo. Pero hay un cierto tipo de complicidad y de incondicional dedicación que sólo los verdaderos amigos nos prestan, y es por ello que parece exagerado y gratuito atribuir competencias de amistad a personas con las que nos unen tan sólo unas cuantas copas (o muchas, tanto da) o unos cuantos polvos (ídem).
De esto más que nada habla La red social, último trabajo del brillante David Fincher (Seven, The game, El club de la lucha, La habitación del pánico, Zodiac, El curioso caso de Benjamin Button). Aunque en teoría la película vendría a ser una especie de retrato biográfico del creador de Facebook, al final lo que menos importa es si estamos ante una historia real o ficticia, si el protagonista ha triunfado en la vida o no. De hecho, sí lo hizo, en cierto sentido: es el multimillonario más joven del mundo, según parece. Y digo "en cierto sentido" porque lo más interesante de esta obra es que se centra en el lado oculto e íntimo del personaje, huyendo de hagiografías y biopics al uso, para revelarnos que, detrás de un gran éxito profesional, puede esconderse la más vulgar y primaria de las emociones humanas.
Que un simple ataque de cuernos o de orgullo venéreo pueda ser el origen de una de las mayores hazañas empresariales de nuestro siglo es, como mínimo, curioso. Igual que constatar que el creador de un foro de proporciones universales orientado presuntamente al fomento de la interrelación, es al mismo tiempo el tipo menos dotado del planeta para la sociabilidad.
El guión de Aaron Sorkin es una pieza de máxima precisión, y Fincher lo filma con la eficiencia de siempre y con resultados sorprendentemente eficaces, teniendo en cuenta que es una película de diálogos más que de acciones (aprovecho para rescatar del olvido y de la ignorancia mayoritaria dos filmes recientes del director Billy Ray, El precio de la verdad y El espía, más modestos que el que nos ocupa pero construidos con idénticos mimbres; historias reales sobre la ambición y el fracaso, la lealtad y la traición, rodadas con fluidez y sin aspavientos, con el clasicismo bien entendido como consigna de estilo).
En la primera secuencia de la película, la novia le dice al protagonista: "Creerás que no gustas a las chicas porque eres un friki, pero no les gustas porque eres un gilipollas". Hacia el final, otra mujer le reprocha: "No eres ningún gilipollas, aunque te esfuerces en parecerlo".
Estos dos momentos definen perfectamente al personaje y sus contradicciones. Un carácter paradójico que es probablemente el mejor reflejo de su lucrativo negocio: un espacio virtual donde uno puede sumar millones de amigos cibernéticos sin que ello le convierta en el verdadero amigo de nadie.

1 comentario:

Asun dijo...

"La amistad es una forma de amor totalmente libre de egoismo"
Quizas seria mas sabio, en lugar de hablar de cantidad,hablar de calidad.Como queremos a nuestros amigos? Como queremos a todo el mundo? Porque si amaramos de verdad, en la unica forma perfecta del amor,segun los filosofos antiguos, (aquella en la que uno se da y no espera nada a cambio, pero de verdad), todos, pero todos, serian nuestros amigos. No solo unos pocos.
Tengo el dia trascendente, pero la pregunta correcta es, si se entiende lo que digo o "predico en el desierto".