jueves, 6 de mayo de 2010

Bisutería espiritual

De un tiempo a esta parte, me asaltan por la calle numerosos repartidores de tarjetas, panfletos u octavillas, cuyo contenido siempre hace referencia a asuntos relacionados con esoterismo, espiritualidad o búsqueda de respuestas a los misterios de la vida y otras eternas inquietudes existenciales.
Pese a lo pomposo de las propuestas, no me cabe duda de que se trata de simples camelos, estafas propias de charlatanes y espabilados que juegan con las debilidades de los incultos y los desesperados.
Baste decir que la mayoría de dichos soportes publicitarios demuestran una carencia absoluta de gusto por la estética o por los fundamentos esenciales del diseño gráfico; y, más grave aún, a menudo están repletos de aberraciones gramaticales y horrores ortográficos que desnudan su naturaleza cutre y fraudulenta (lo superficial importa, no lo olvidemos, pues forma parte del conjunto. Si acudimos a una entrevista de trabajo y no nos seleccionan, no es igual que nos lo digan educadamente a que nos manden literalmente a la mierda o se rían en nuestra cara; en el caso de la publicidad, aplico el mismo criterio: un anunciante que no cuida la forma de dirigirse a mí, potencial cliente, nunca gozará de mi crédito ni de mi respeto).
En la última de esas tarjetas que me entregaron a la salida de una estación de metro, leo grandilocuencias como “Investigaciones sobre la verdad y la vida” (¡casi nada!) o “Hacia un mundo sin fronteras” (que podría ser lo mismo el título de una nueva entrega de la saga Star Trek que el eslogan del próximo congreso del G-8, el G-16 o cualquier camarilla de poderosos manejantes).
Acompañando a tales fanfarronadas retóricas, figura una lista de las materias sobre las que los gurús de turno ofrecen su supuesta sabiduría y sus presuntas soluciones, un batiburrilo que abarca conceptos más o menos comunes como Filosofía, Cristianismo, Metafísica y Teología, mezclados con otros que suenan a las típicas creaciones nacidas del onanismo de un iluminado, cosas como Testamento de la Nueva Era, Nuevo Idioma Cultural Científico y Espiritual, o Universalismo del Amor Universal (literal, no me invento nada, y todo en la misma tarjeta; lo prometo).
Vale que un servidor sea quizá alguien excesivamente apegado a lo terreno (en asuntos del espíritu, también soy un peatón aferrado a su acera), y tal vez mi sensibilidad hacia las posibles respuestas que habiten en los recovecos intangibles del universo sea prácticamente nula, pero de ahí a creerse a toda esta sarta de farsantes lenguaraces, me vais a perdonar, pero me parece que media un sinfín de opciones cabales.
No obstante, compruebo continuamente que el número de personas que se interesan por esta clase de dudosas disciplinas es creciente (las secciones dedicadas a ellas en las librerías ganan espacio), lo cual, para qué engañaros, me provoca más pavor que las profecías de Nostradamus, las siete plagas bíblicas, la gripe A, el crimen de Puerto Hurraco o la madre de Norman Bates.
No vale de nada, digo yo, jactarnos continuamente de nuestro escepticismo hacia los políticos si luego demostramos ser unas criaturas cerriles y maleables al antojo de estos pirotécnicos del timo.
Allá cada cual. Estamos en crisis, sí; puede que nuestra desesperación nos arrastre a veces a la necesidad de encontrar placebos y distracciones que nos proporcionen cierto alivio. Pero, coño, ¿tan difícil es reconocer al estafador, cuando la mayoría ni se molestan en disimularlo?
El éxito de los libros de autoayuda y demás subgéneros de su calaña, según parece, me quita la razón. Pues que no nos pase nada.


Foto: National Communication Association

1 comentario:

Asun dijo...

No se si lo sabes pero mucha gente anda como desesperada buscando respuestas a preguntas que ni siquiera han llegado a plantearse conscientemente.
Por ejemplo:quieren, como sea, que "fulanito" o "menganita" les correspondan, a nivel sentimental. Pagarian lo que fuese por oir que, efectivamente asi va a ser. Y ahi es donde entra el aprovechado fantasmon de turno, por supuesto sin escrupulos, dispuesto a sacarte hasta el ultimo euro.
Lo dicho,estan desesperadas.
Porque quizas su vida es una mierda (a ellos se lo parece), no se sienten llenos y necesitan algo mas.
A lo mejor creen ,otra trampa y de las gordas por cierto, que el amor humano va a saciarles por completo, inconscientes ellos de que si no se ayudan a si mismos, ese amor no es sino un parche con el que rellenar los huecos.
Parche, del que posiblemente terminaran cansandose pasado cierto tiempo.
Peatón, hay quien consulta a un espiritista para oir que la abuela, o el marido, o la hija, estan en un lugar mejor. Porque necesitan saber que su desgracia, aquella que les arrebato a quien tanto querian, ha tenido algun sentido.Que no murio para nada. Es mas, que sigue vivo o viva y esta bien.Porque no pueden asumir la perdida.
No es que sea dificil reconocer el engaño. Ni la estafa.
Menos para alguien como tu, perfectamente equilibrado y muy bien afianzado en su "vida terrenal".
Pero, y todo esos y esas que andan como en suenos sin un objetivo claro en la vida, ya sea por mala suerte, abandono o incultura?Que pasa con ellos? Porque no tienen tu punto de vista, ni tu nivel intelectual, ni tu formacion profesional,ni , en definitiva, nada a lo que aferrarse. Ni a quien.
Si quieres que te sea sincera, te dire que me parecen mas dignos de compasion que de reproche, la verdad.
Personalmente, yo no voy a los espiritistas,videntes,ni similares. No llamo a Aramis Fuster, te lo aseguro.(Estupideces de la adolescencia a parte, que gilipolleces las hacemos todos y una vez me leyeron las lineas de la mano)
Pero puedo entender que tipo de engranaje cerebral se pone en marcha cuando uno, o una, a la desesperada, decide contactar con un vidente.
Lo que hay que hacer es ayudarles a dejar todo eso, porque de constructivo no tiene nada. No aporta conocimiento, no te hace mejor persona, no engrosa tu cuenta corriente,al contrario.Lo mejor es hacerselo ver.
Pero cachondearse? Eso jamas.
Es mi opinión.