viernes, 30 de abril de 2010

Discriminaciones positivas (2)

Vivo en Barcelona desde hace doce años y, sin embargo, no hablo catalán. Esto se debe principalmente a mi pereza para estudiar cualquier cosa y también a una cierta torpeza natural para el aprendizaje de idiomas.
Por supuesto que a estas alturas soy capaz de entenderlo casi perfectamente, pero el dato que me parece importante destacar es el hecho de que nunca, en más de una década, me he sentido obligado a saber hablarlo. Lo resalto porque, desgraciadamente, todavía existen determinados medios de comunicación (sumados a otros grupos de diversa influencia) que parecen empeñados en difundir la falsa idea de que un castellanoparlante ha de sentirse por fuerza como un extraño o un paria cuando visita una comunidad en la que se habla cualquiera de los otros idiomas oficiales que contempla la Constitución.
Seguro que muchos os acordáis de aquel pelmazo que llamó “José Luis” a Carod-Rovira, y cuando éste le corrigió aclarándole que su nombre era Josep Lluís, el otro insistió en su forzada traducción, demostrando una predisposición al conflicto que olía a ideología reaccionaria más que interés por el uso adecuado de los nombres.
Carod-Rovira no es precisamente alguien a quien yo admire, pero reconozco que entonces llevaba toda la razón. No es lo mismo llamarse Jordi que Jorge, del mismo modo que tampoco es lo mismo que llamarse George.
Ahora bien (tenía que haber un pero, porque voy a hablar de eso que se ha dado en llamar discriminación positiva, no lo olvidéis), así como defenderé siempre el respeto a cualquier idioma, insisto igualmente en recordar que dicho respeto debe ejercerse en ambas direcciones.
Si a aquél que se empecina en decir “Presidente de la Generalidad” en vez de President de la Generalitat, o “Gimnástico de Tarragona” en vez de Nástic de Tarragona, o “Juan Lapuerta” en vez de Joan Laporta, le despojamos de su presunción de inocencia de manera fulminante y lo arrojamos al saco de los fascistas retrógrados, miremos también con lupa a los numerosos periodistas, locutores o presentadores de medios catalanes que se refieren alegremente al Real Madrid como “Reial Madrid”, o al Real Zaragoza como “Reial Saragossa”, o a la Real Sociedad como “Reial Societat”, o al Atlético de Madrid como “Atlétic de Madrid”, o le dicen Sergi a Busquets, quien, en su camiseta azulgrana, lleva claramente grabado su nombre, que es “Sergio”... Si hay que respetar los nombres propios, que sean los de todos los idiomas. No les demos argumentos a quienes ya sabemos, por favor.
Añado otra curiosa cuestión: me hace gracia la recriminación casi obsesiva que gran cantidad de mis conciudadanos barceloneses me hacen por no pronunciar correctamente las palabras terminadas en elle. Bastaría aclarar (dudo que sea necesario, pero en fin) que en castellano no existe palabra alguna que finalice con dicho fonema. Por ello, si le consentimos a un inglés que no sepa pronunciar la doble erre y a un argentino (o a un canario) que no pronuncie la zeta por su falta de familiaridad con dichos sonidos, digo yo que habrá de mostrarse la misma consideración hacia un talaverano que dice “Sabadel”, en vez de “Sabadei” (que es más o menos como suena).
Es más; me divierte especialmente que me echen esto en cara personas que dicen “Madrit”, en lugar de “Madrid”. Por no mencionar a las muchas otras que dicen “asín” (cada vez encuentro más, y más jóvenes), a las no menos que dicen “lleguemos ayer”, en vez de “llegamos ayer”, o a las también numerosas que manifiestan una tendencia inexplicable a convertir todas las palabras en esdrújulas (“mámpara”, “périto” y “cónsola”, cuando en realidad quisieran decir mampara, perito y consola).
Pues eso. Que prometo esforzarme más a la hora de decir Sabadell, Castell y Ripoll, pero el próximo que delante de mí ose decir “rachola” o “enchegar la lámpara” me va a oír, y no en castellano, ni en catalán, sino en arameo.

3 comentarios:

T.M. dijo...

No puedo con los que dicen "lleguemos ayer" es superior a mí... o con los "si lo fuera sabío..." jajaja, supongo que ellos igual no podrán con mi "rachola" que soy de esas...

Palimp dijo...

Comparto contigo lo de la necesidad de hablar catalán, que no sólo desde fuera parece que los castellanoparlantes estemos marginados, tengo amigos aquí en Barcelona que piensan que stán perseguidos... en fin. Yo soy profesor desde hace 12 años y nunca me ha hecho falta el catalán.

Por otro lado si me dicen que pronuncio mal la 'll' me lo tomo a broma. O mejor, les digo 'Tinc un ull per llegir'.

A mí una falta que escucho mucho aquí y que casi se me ha pegado es la de 'habian mucha gente'. En según que casos, hasta dudo.

El último peatón dijo...

Lo cierto es que se puede hacer toda una antología de los vicios dialécticos de cada provincia, pueblo o región.
Por ejemplo, los vascos tienden a utilizar el condicional en vez del pasado (“si podría hacerlo”, en vez de “si pudiera hacerlo”); para los gallegos el pretérito perfecto no existe (siempre dirán “fui” o “comí”, en lugar de “he ido” o “he comido”); en Madrid y alrededores, el laísmo es más popular que Belén Esteban, y así podríamos seguir sumando hasta cansarnos.

En cuanto a lo de la elle, consultaré con un sexólogo, a ver si me estoy perdiendo algo en lo que al sexo oral se refiere...

Gracias a los dos.