viernes, 23 de abril de 2010

Discriminaciones positivas (1)

La periodista Mónica Planas se quejaba días atrás por culpa de un señor que había aparecido en uno de esos programas televisivos de contar chistes exhibiendo un repertorio arcaico de vulgaridades machistas del tipo: “¿Por qué una mujer no puede ser guapa y lista a la vez; pues porque, en ese caso, sería un hombre”.
El chiste es ciertamente lamentable, y la posible gracia de insistir en una versión tan ramplona de la guerra de sexos parece más pasada de moda que el decorador de Cine de Barrio.
Planas añadía a su censura una cuestión interesante, ya que se planteaba si aquel señor aparentemente tan bravo y desinhibido lo hubiera sido igual si el chiste tratara sobre negros, en vez de sobre mujeres.
Tiene razón la periodista, ya que el universo jocoso del chiste sigue siendo un territorio eminentemente machista (que se lo digan a los homosexuales).
Pero, ojo, que no todo está tan claro.
Quiero decir que, de igual modo, este peatón invitaría a Planas y a cualquier otra mujer que lo desee a reflexionar en la misma medida. O sea, ¿qué pasa cuando una mujer de hoy, moderna, atrevida, independiente, cool, seguidora fiel de Sexo en Nueva York y similares, cuenta un chiste o recita un monólogo cómico en el que, consolador en ristre, afirma cosas como “Éste por lo menos no me deja a medias”, o “Éste por lo menos no me obliga a ver el fútbol”?.
Recuerdo un anuncio de electrodomésticos en el que una mujer llamaba al servicio técnico para que le cambiaran el novio porque no sabía programar la lavadora, con lo que el mensaje de la marca comercial era algo así como: “Tan fácil de manejar, que hasta él sabrá hacerlo”.
También vi en su día otro anuncio de una marca de cafés que insistía en ese tópico que sostiene que los hombres no somos capaces de hacer dos cosas a la vez, y promocionaba así su nuevo envase, el cual, lo mismo que la lavadora anterior, era sencillo de abrir incluso para nosotros, pobres machos cazurros.
En fin. Los chistes machistas huelen a naftalina y a sobaco rancio, igual que los de mariquitas y gangosos, pero cuidado, porque ese nuevo género cómico que confunde la liberación y la igualdad con la feminización de la vulgaridad, por muy moderno que sea, también apesta.

Foto: Eva Hache - Paramount Comedy

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bueno