jueves, 11 de marzo de 2010

El banquete de Darwin

Un familiar que ha recorrido prácticamente el planeta entero me contó que, estando en Nigeria, el propietario de un puesto callejero les invitó a él y a sus acompañantes a que probaran un guiso de carne especial.
Dudaron algo al principio, como es natural, pero al final accedieron a comer, y no se arrepintieron, pues el guiso resultó ser francamente suculento. A continuación, el hombre del puesto les retó a que adivinaran el animal que había servido de ingrediente principal. Descartaron de antemano las especies más o menos convencionales (cordero, aves tipo pollo, gallina o pavo; cerdo, etcétera), centrando su especulación en animales más propios de la zona y dando por sentado que la respuesta sería sorprendente y exótica.
Gacela, hiena, leopardo, avestruz, hipopótamo, cocodrilo, elefante, jirafa…
Tras enumerar la casi totalidad de animales que recordaban de sus libros escolares de ciencias, de las películas de Tarzán o de los documentales de Rodríguez de la Fuente, decidieron rendirse y escuchar la verdad de boca del propio cocinero.
“Es mono. Han comido carne de mono”.
En estos tiempos en que comer carne se está convirtiendo cada vez más en un estigma (a veces tengo la sensación de que debería pedir perdón a todas la oenegés del mundo por seguir fiel al bocata de chorizo o el guiso castellano, entre otras delicias cárnicas), la revelación de que hay por ahí quien se come a los monos será para algunos un desafío a los sagrados cimientos de la tolerancia. Lo cierto es que algo de morboso hay en el hecho de que sea el mono y no otro el animal que metamos en la olla. Haciendo memoria, me consta que he probado la carne de las siguientes criaturas: cerdo, jabalí, cabra, oveja, vaca, buey, toro, búfalo, pavo, pollo/gallina, perdiz, pato, faisán, codorniz, paloma, venado, ciervo, liebre, conejo, avestruz, canguro, rana, decenas de variedades de pescados y mariscos (si las enumerara todas se colapsaría el sistema informático), el gato lo pongo en suspenso (con el conejo nunca se sabe, y con los restaurantes chinos, según dicen, tampoco), y dejo también en el aire la posibilidad de haber engullido cualquier otra especie mezclada o escondida entre la comida. En cuanto a los insectos, ni los he probado ni me apetece hacerlo, si bien una vez, con doce o trece años, se me coló una mosca en la boca mientras iba en bicicleta y llegué a masticarla, aunque afortunadamente logré escupirla a tiempo. Repugnante.
Decía lo del mono porque hasta los más escépticos de la teoría de la evolución se rinden a la evidencia morfológica y jamás podrían negar el enorme grado de semejanza que compartimos con los simios, primates, macacos y demás familia.
Más aún (y perdonadme los escrupulosos y los aprensivos), si me imagino cómo sería un mono ya despellejado y listo para llenar el puchero, el escalofrío lo tengo casi asegurado…
Pero tampoco conviene exagerar. Sabemos de sobra que existe siempre un factor cultural muy importante en todo lo relacionado con la gastronomía y la costumbres culinarias de cada pueblo. En ciertos países sienten arcadas cuando se enteran de que aquí nos zampamos a las pobres gambas, y en otros lugares, como Corea, parece ser que consideran comestibles a determinadas razas de perros.
Nuestra naturaleza es omnívora. Por algo será.

7 comentarios:

Palimp dijo...

Ya lo dice el saber popular: todo lo que corre y todo lo que vuela ¡a la cazuela!

T.M. dijo...

Qué no habremos comido.....?
saludos.

El último peatón dijo...

¡Buen provecho a los dos!

El veí de dalt dijo...

Que el hombre viene del mono es más que evidente: sólo hay que poner de lado a Aznar y la mona Chita y se vevclaro! Ahora bien, cuando pones a la Aguirre de lado, dudas en menospreciar el coeficiente de la mona. Me refiero a la que no lleva moño.

letras de arena dijo...

Me has hecho hacer memoria de los tipos de carne que he comido y lo más raro que encuentro en mi memoria es la carne de tortuga marina en forma de pinchitos morunos, quien sabe qué llegaremos a tragar... con los tiempos que corren. Me temo que puede ser mucho peor que comer carne de mono.

Franco Chiaravalloti dijo...

El vegetarianismo (así como otras clases de filosofías salidas del armario) son producto de nuestro exceso de razón. Todo aquello producido y deglutido en exceso nos acaba atragantando.

El último peatón dijo...

Veí: Visto así, más que demostrar que el hombre viene del mono, lo que se demuestra es que algunos hombres pueden regresar al mono...

Letras de arena: A mí lo de probar la chicha de mono no me importaría. Si me entero de dónde la sirven te aviso.

Franco: No olvidemos que Hitler era vegetariano. Con eso está todo dicho.


Bon apetit.