lunes, 1 de febrero de 2010

Algunas e-dudas

Me parece que ya he opinado aquí sobre las futuras ventajas y los inevitables inconvenientes que traerá consigo la llegada del libro electrónico a nuestras vidas lectoras.
Sobre este particular, os recomiendo echar un vistazo a dos de las reflexiones más interesantes que he encontrado en el ciberespacio, las que plantean Palimp en su web Cuchitril Literario (por cierto, yo también pienso que aquello de “cultura gratis” queda muy bien en un graffiti, pero nada más), y Javier Marías en el diario El País.
Por mi parte, abordaré una serie de preocupaciones que quizá sean tan sólo producto de mi ignorancia o de mi todavía escasa información.
A priori, daría por sentado que tarde o temprano se consolidará un soporte más o menos homologado de e-book. Pero me permito dudar.
No hay que olvidar que el término “libro electrónico” hace referencia a un soporte reproductor (como los de DVD, Compact Disc o MP3) y no al libro propiamente dicho.
Así pues, las obras literarias pasarán a ser archivos informáticos o, en su defecto, mini discos, y es de suponer que el negocio verdadero estará en la venta de los mencionados soportes reproductores (posiblemente, uno de los regalos estrella de las próximas navidades, lo mismo que en las últimas lo fue el descodificador de TDT), de ahí mis dudas respecto a la fabricación de un modelo único y para siempre.
Con ello, las grandes cifras del negocio editorial pasarán a ser propiedad de Sony, Panasonic, Toshiba, HP, Dell, Samsung o IBM (¿o tal vez los nombres ilustres de siempre, Anagrama, Planeta, Mondadori, Alfaguara, etc., se reconvertirán a la industria tecnológica?).
Por otro lado, la temida piratería empezará a cobrarse piezas librescas que sumará a sus botines musicales, cinematográficos e informáticos. Esto quiere decir que quienes más perjudicados saldrán de ello serán, una vez más, los autores (los soportes se venderán igual, aunque los llenemos con material pirateado).
Otros negocios y productos asociados tradicionalmente a la literatura (las imprentas, las estanterías, los puntos de libro, las mochilas escolares, etc.) sufrirán sin duda pérdidas críticas.
A la vista del panorama, y teniendo en cuenta que una gran cantidad de los libros que se compran van destinados a compromisos y regalos, mi primera duda es: ¿Cómo se regalará un archivo que uno debe bajarse de Internet? ¿Se impondrá el neologismo e-regalo? ¿Tendremos que acostumbrarnos a enviar nuestros regalos por e-mail? Y si es así, ¿que será de la mítica expresión: “Me lo envuelve para regalo”?
Bueno, en realidad es una duda apócrifa. Aquí imagino que es donde tendrá cabida el formato mini disco (o similar), debidamente presentado con un estuche atractivo, igual que las películas de DVD. O tal vez sea éste el auténtico futuro del libro convencional, el de toda la vida, el impreso: un artículo de lujo para regalar o para el coleccionismo, como ya empieza a ocurrir con los discos de vinilo.
Otra de mis inquietudes digamos que me afecta más particularmente. No pretendo que todo el mundo sea consciente de ello, pero conviene recordar que los autores pequeños que publicamos nuestros libros con tiradas modestas —por no decir ínfimas— encontramos nuestro entorno comercial más propicio en las presentaciones en público. Los ejemplares que más se venden en las librerías pertenecen a los autores consagrados y/o premiados.
Además, a nuestras presentaciones suele acudir principalmente gente conocida y allegada, con lo cual, y aunque pueda pareceros una ridiculez, uno de los mayores alicientes para ellos es llevarse su libro dedicado por el autor.
¿Cómo se “firma” en un archivo electrónico, en un libro virtual?, me pregunto. Sí, claro, para eso está el estuche, o incluso la superficie del disco, pero no es lo mismo, y aquí el inconveniente es tanto de tipo práctico como cuestión de espacio para explayarse con la dedicatoria.
Y si pensamos ahora en los grandes, en los prestigiosos y superventas... ¿Qué será de la Feria del Libro? ¿Tendremos que asistir ahora (desde casa, desde el ordenador) a la Feria del e-Libro? ¿Dónde y cómo firmarán los escritores? ¿Se habilitarán e-casetas en sus respectivas páginas web?
Una última duda: ¿Leer una novela en formato electrónico implicará tener que soportar todas las irritantes estrategias publicitarias que ya sufrimos en Internet (impertinentes ventanas flotantes, páginas que tardan un siglo en cargarse, etc.)?
Tiemblo con sólo imaginarlo.

2 comentarios:

Palimp dijo...

Gracias por la cita; nunca había estado en la misma línea que Javier Marías, intentaré que no me afecte :)

Creo que la 'revolución digital' va a favorecer a los escritores de poca tirada, que venderán más en digital por el boca a boca y sin tantos problemas de distribución y visibilidad en librerías, y que los grandes superventas recibirán un palo gordo, aunque no tanto como para que vivan en la miseria.

Por otro lado el libro no sufrirá tanto como la música porque seguirá siendo un fetiche y es que un ebook nunca podrá reemplazar a una buena biblioteca como elemento decorativo.

El último peatón dijo...

Ya te pediré consejo cuando me decida a tener un e-book. He visto que eres todo un experto...