miércoles, 2 de diciembre de 2009

Seguridad y socorro

En uno de sus monólogos, el humorista Gila decía que el cinturón de seguridad de los aviones servía para que, en caso de accidente, no se desparramaran los cadáveres.
Nunca el humor negro fue transmisor de una verdad tan grande. Me imagino en un avión que cae sin control desde una altura de miles de metros y a una velocidad de miles de kilómetros por hora, con todos los pasajeros gritando horrorizados a mi alrededor, y yo tan tranquilo mientras me digo: “No pasa nada, hombre. Estoy atado a mi asiento”. Pues eso.
Esto me lleva a otra reflexión aún más disparatada, si cabe. Recuerdo que en los autocares acostumbra a haber una ventanilla que se denomina “De emergencia” o “De socorro”. Junto a ella, suele colocarse también un extraño utensilio conocido como “martillo”, si bien no se parece en nada a los martillos que tenemos en casa, junto a otras herramientas corrientes como destornilladores y alicates. Este artilugio (igualmente común en los trenes) tiene algo de tullido o amorfo. Me refiero a que su diseño es una mezcla de soldador de estaño y empuñadura de manguera de gasolinera, y sin embargo resulta ser una herramienta de lo más convencional y pedestre, sin cable ni tubo que la provea de energía. La fuerza que la hace funcionar es la de la mano que lo acciona.
Y así vuelvo a imaginarme en medio de un accidente. Esta vez es un autobús que se precipita por un barranco tras tomar mal una curva. Todos los pasajeros chillan de pánico y yo me levanto, martillo en mano, para decirles: “Tranquilos, no os preocupéis, que tengo un martillo”. Pues eso.
Pero lo más asombroso, sin duda (y al margen de la inutilidad ostentosa del cachivache), es que la gente los robe. Casi nunca están en el lugar que les correspondería y donde recordamos haberlos visto cuando aún constituían una extraña novedad. Sólo queda su soporte, ridículamente vacío, haciendo absurda la advertencia de que su uso indebido será sancionado económicamente.
¿Para qué demonios los robarán? No me imagino a nadie haciendo bricolaje con ellos, la verdad.
Supongo que lo hacen, sencillamente, para joder. Porque sí. De igual modo que sigue habiendo quien se lleva las toallas de los hoteles, aun siendo éstas de peor calidad que las que guardan en sus maletas o las que tienen colgadas en sus cuartos de baño.
Eso sí, se trata de una modalidad de vandalismo bastante cutre, para qué nos vamos a engañar. Pero quién sabe; a lo mejor los Conde, Roldán, De la Rosa, Millet y compañía empezaron sustrayendo martillos de los transportes públicos.

2 comentarios:

Palimp dijo...

El cinturón del avión es para que, si hay turbulencias, no salgas de un bote al techo.

El último peatón dijo...

Pues entonces no estaría mal que dieran también un casco...