miércoles, 7 de octubre de 2009

Que no


En la última entrada os hablaba sobre mi escepticismo respecto a las supuestas preferencias de las mujeres a la hora de decidir qué tipo de hombre consideran más atractivo, si el modelo tradicional y un tanto primitivo basado en el código de la testosterona, o bien el prototipo supuestamente más moderno del varón que no esconde su lado más tierno y se esfuerza por ser comprensivo con el sexo opuesto.
Algunos amigos viandantes, como Letras de arena y Palimp, suscribían mi incredulidad, mientras que T.M. aportaba una opinión que me ha inspirado el texto que ahora leéis.
Lo que T.M. dijo fue: “Pienso que es cuestión de saber seducir. Un jeta pone morro, porque es lo único que tiene, quizá es lo que les falta a los hombres inteligentes y sensibles, más decisión y aprender a seducir con sus armas. Que una cosa no quita la otra”.
Es aquí precisamente donde creo que radica la más peligrosa de las trampas. ¿Por qué habría uno de diseñar una estrategia o poner en práctica un plan magistral? ¿Por qué enrollarse con alguien que nos gusta debe ser el resultado óptimo de una táctica? Es decir, ¿por qué hay que currárselo?
Entendedme bien. No hablo de cuidar las formas o buscar la mejor manera de entrar en contacto con alguien. Eso se presupone necesario, y no sólo en el terreno de la seducción, sino en cualquier situación que implique la relación con los demás.
Mi censura se dirige hacia ese concepto de la seducción como si fuera una competición deportiva o un proyecto empresarial. Y aquí insisto de nuevo: ¿Por qué si sabemos que alguien nos gusta debemos someterlo a examen? ¿Por qué una persona que se siente atraída por otra debe sentirse obligada a ser brillante, a destacar sobre el resto, a sacar la mejor nota?
En mi opinión, enrollarse con alguien debería ser algo que uno hace porque le apetece (porque les apetece a ambos, se entiende). Y nada más.
Es ridículo que nos creamos merecedores de tamaño esfuerzo a cambio de algo tan natural como el magreo o la coyunda; pero es que es aún más ridículo supeditarlo a los méritos ajenos cuando nosotros lo deseamos tanto o más que la otra parte interesada.
De hecho, si la excusa de una mujer para negarme sus encantos fuera “Es que no te lo has trabajado”, pensaría que me estaba tomando por gilipollas. No cuela.
Comprendo lo que T.M. quería decir en su comentario, pero da la impresión de que uno puede perder la oportunidad de liarse con alguien que le gusta sólo por fallar en el proceso de selección, del mismo modo que podemos perder un trabajo por cagarla en la entrevista, por mucho que nuestro currículum sea infinitamente más nutrido que el del resto de aspirantes. (Ya tengo mis reservas respecto a estos procesos selectivos en las empresas, como para encima aplicar la misma filosofía a las relaciones humanas.)
No me trago que una mujer de hoy prefiera estar con un hombre que no la satisface sexualmente sólo porque es inteligente. Más bien la imagino planteándose cosas como: “Bueno, no es ninguna lumbrera, pero sólo con pensar en él me pongo como Chernóbil”.
No nos engañemos. La alusión a las virtudes sentimentales e intelectuales no es más que la manera civilizada y eufemística de expresar el rechazo o la negación sexual al prójimo.
Por resumirlo claramente (y volviendo al origen; la encuesta aludida en la entrada anterior): me cuesta admitir que los hombres más rudos y elementales (zafios y hasta machistas, en no pocos casos) liguen más que los delicados y sensibles sólo porque se lo curran más o porque dedican más horas a ensayar el teatrillo de los rituales seductores.
Que no.

6 comentarios:

T.M. dijo...

Hola! vaya vaya qué interesante debate se ha creado.
Ya le he contestado a Palimp en tu entrada anterior.
No sé las demás, a mí en particular un "jeta" (es que me ha gustado esa definición) por mucho que se lo curre....ná de ná, me considero inteligente para verlo venir.
Y no es cuestión de que sea un trabajo forzoso atraer a la persona que te gusta, es cuestión de seducción, o sino qué vamos al grano y ya está? a eso me refería. En fin....por mucho que hable pienso que no me sabré explicar.
Pero que como le decía a Palimp, los chicos sensibles que miren también en todas direcciones que igual se están perdiendo algo.
Saludos a todos.

El veí de dalt dijo...

¡Vaya desilusión! Ahora entiendo porqué no ligo nada. O sea que aquello del "estudias o trabajas" en la disco ¿ya no se lleva?; ni " tus ojos refulgentes son mis faros en la noche oscura"que le digo cada mañana a lasecretaria, menos.
PS Por cierto, has salido muy favorecido en la foto. ¿Gastas un 69 de calzoncillos?

Palimp dijo...

Otro inciso: el mercado del ligoteo funciona igual que cualqueir otro. Como bien dice T.M. tienes que saber venderte. Otra cosa es que prefieras no someterte a ese juego. Pero existe. Y en ese mercadeo lo que triunfa es el atractivo físico.

Confieso que yo también sucumbo un poco; cuano conozco a una chica lo primero que le pregunto es ¿te gusta Coelho? Si la respuesta es afirmativa muy buena tiene que estar para que siga hablando con ella.

El último peatón dijo...

T.M. : Pues sí. Menudo debate. Me dan ganas de crear un blog monográfico sobre el tema...
Yo no creo que los hombres sensibles miren hacia el lado equivocado. Miran lo mismo que el resto, lo que ocurre es que miran en silencio (por respeto a las mujeres, principalmente), pero la mayor parte de las mujeres (y he aquí el meollo) parece que sólo siguen reaccionando a los reclamos más primarios y ruidosos.
Y esto va para largo (por los siglos de los siglos, que diría aquél), así que mejor no engañarse.

Veí: Ahora entiendes por qué mi asesor de imagen cobra ese sueldazo que le pago, ¿eh?
El número exacto de mi talla de gayumbos no lo sé, pero mi sastre los llama "efecto traje de luces".
Si acaso, cambia lo de "¿estudias o trabajas?" por algo del tipo "¿PS3 o XBox?", o "¿tatu o piercing?", en fin, cosas así. De nada.

Palimp: Interesante argumento para un estudio: ¿Qué leen las tías buenas?
No descarto investigar sobre ello.


Gracias a todos por sumaros al debate.

C. Martín dijo...

No sé si llego tarde al debate. En mi opinión, sí que creo que el tipo «canalla» ejerce una fascinación en sectores femeninos que tratan de «redimirle», igual que pasa con los guapos que son una victoria para ellas y una muesca para ellos, en fin, el deseo tiene su caminos inextricables.
En cualquier caso, una cosa es ligar y otra buscar pareja. Lo que ocurre es que estos profesionales del ligoteo son más visibles y tiran más veces la caña, no les arredra una negativa, sólo pasan a la siguiente y listo.
Los otros, los sensibles, inteligentes y cultos suelen estar más escondidos, y que hay menos también.
Particularmente, no me interesa alguien que considere que mi atractivo físico es lo más le interesa y tampoco me siento atraída más de dos minutos por alguien que no tenga nada en la cabeza, y no hablo de pelo.
Eso sí, si hubiera un tío bueno, sensible, inteligente y que folle bien sería la bomba. Pero creo que ese era el Príncipe Azul y la última condición no estoy segura de que la cumpliese, Blancanieves no se pronunció nunca al respecto :-P

El último peatón dijo...

Tranquila, que a este debate nunca llegarás tarde. Me parece a mí que no se acabará nunca...

Gracias por la visita (y suerte con el príncipe, del color que sea).