sábado, 24 de octubre de 2009

Paseo por la cartelera

El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella

De lo mejor que se ha visto en este año. A la altura de Gran Torino, Déjame entrar y los grandes estrenos de la temporada. Clasicismo narrativo y generosidad inmensa. Gracias, Campanella. Gracias por pensar en el espectador que paga una entrada. Gracias por una historia emocionante, entretenida, misteriosa y sorprendente. Gracias por sacar lo mejor de cada intérprete. Ricardo Darín y Soledad Villamil están geniales, pero ojo a los secundarios, que no desmerecen en absoluto. Gracias por dejar de lado la sensiblería de tus últimos trabajos y gracias, sobre todo, por no ser un autor comprometido, ni trascendente, ni alternativo, ni rompedor. A muchos nos basta con que nos cuenten una buena historia y no nos falten al respeto. Sobresaliente.


Malditos bastardos, de Quentin Tarantino

Tarantino ha vuelto. Afortunadamente (¡uf!) lo de Death proof se quedó en un caprichoso patinazo. Estos bastardos llegan cargados de diálogos intrincados, eternos y brillantes. No faltan tampoco los inevitables destellos de humor gamberro. Y los personajes, claro, con inconfundible denominación de origen tarantiniana. Mención especial para el nazi interpretado por Christoph Waltz, hoy por hoy el mejor posicionado para hacerse con el Oscar al secundario del año. Que no os engañe el trailer. Malditos bastardos no es una de acción trepidante (ninguna de Tarantino lo es, de hecho; salvo, en todo caso, Kill Bill vol. 1). Ya sabemos que este director carga con el sambenito de la violencia, pero la película dura dos horas y media y las escenas de violencia escasamente pasan de los 5 ó 6 minutos. Palabra. El toque Tarantino está en la creación de tensión a través de la palabra, para después —eso sí, y como colofón— dejarnos helados con un borbotón de sangre o un estacazo en toda la mollera. Sólo por la habilidad de encajar su universo en otra época y por el atrevimiento de pasarse el rigor histórico por el forro ya merece la pena. Notable alto.


Ágora, de Alejandro Amenábar

Por si acaso, aclaro que no es obligatorio ver Ágora. Ya sé que lo parece. Es algo así como un Real Madrid-Barça. Un acontecimiento tan sumamente popular y publicitado que hasta los no aficionados suelen sentirse obligados a tener una opinión sobre el mismo. Hasta ahora, el nombre de Amenábar era una garantía de cine de género intachable. En los anuncios, Ágora aspira a ser pariente de Espartaco, de Troya o de Gladiator. Pero no (y dale con los trailers engañosos). Esta vez todo se ha quedado a medio camino. Una película tibia y sin garra. Parece un telefilme de presupuesto generoso, y poco más. El clímax llega a la media hora y, a partir de ahí, se estanca. Grandiosidad, sí, pero sin espectáculo. No hay drama, ni aventura. Los temas que plantea son interesantes, pero se defienden con poca enjundia. Los actores no transmiten nada. Se salva Rachel Weisz, que es una profesional estupenda, pero aquí parece desganada (da la sensación de saber que está participando en un proyecto muy importante para alguien, aunque para ella sea sólo un compromiso más). Lo lamento por Amenábar. Espero que se recupere, como Tarantino. Alejandro, por favor, vuelve al thriller. Te pongo un aprobado justito porque aún me dura la alegría que me diste con Tesis.


La huérfana, de Jaume Collet-Serra

¿Otra de miedo con niño endemoniado? Pues no, so listos. Aunque lo parezca, no vamos por la senda de las clásicas El exorcista y La profecía, ni tampoco por la de las flojas El orfanato y Expediente 39. Ni siquiera tiene que ver con el amigo Chucky y demás engendros diabólicos. Si a alguna película se asemeja, es a la casi olvidada El buen hijo, de Joseph Ruben, con guión de —nada menos— Ian McEwan, música de —nada menos— Elmer Bernstein y protagonizada por —nada menos— Elijah Wood y Macaulay Culkin. Así que hablamos básicamente de suspense, no tanto de terror truculento. Es verdad que Collet-Serra le añade unos cuantos elementos típicos (y tópicos) del género, pero ojito con pasarse de enterados y creerse que nos lo sabemos todo. La sorpresa, en este caso, es real. No inventa nada, pero da lo que promete, que no es poco, y además sorprende, algo inusual en un género saturado de remakes ochenteros y de galimatías oníricos de reminiscencia oriental. Voto por Isabelle Fuhrman como candidata al Oscar a la mejor actriz secundaria. Impresionante. Un merecido notable.


Moon, de Duncan Jones

Ya he dicho alguna vez que 2001: una odisea del espacio me parece la película más sobrevalorada de la historia del cine. Es tediosa y pretenciosa, dos de las cosas que menos soporto (y eso que el resto de la obra de Kubrick me gusta bastante). Por tanto, el hecho de que el filme-fetiche de la ciencia ficción intelectual fuera la referencia más citada en las promociones de Moon, no sumaba precisamente a favor de mi predisposición a verla. Aun así, mi instinto filmófilo (más los ecos del festival de Sitges) me dictaba que debía darle una oportunidad al estreno del hijo de David Bowie como director. No me arrepiento. Puede que la estética y el tono parsimonioso y contemplativo recuerden a veces a mi odiada 2001, pero se nota que Duncan Jones se ha fijado en títulos más suculentos, como Alien, Blade Runner o Atmósfera cero. Porque en Moon, felizmente, prima el suspense sobre la alegoría. Y funciona. No es para todos los públicos, eso sí. Pero tampoco es la sofisticada estafa de Anticristo. Ah, y a Sam Rockwell, que lo añadan a la lista de candidatos al mejor actor. Está que se sale. Notable.


Si la cosa funciona, de Woody Allen

Otro que resucita. El gran Woody Allen regresa a Nueva York para hacer lo de siempre, de acuerdo, pero en el escenario adecuado y con los ingredientes idóneos (sus admiradores solemos conformarnos con eso). Larry David cumple como alter ego del alter ego (rol que ya probaron John Cusack, Kenneth Branagh, Jason Biggs y, en cierto modo, Will Ferrell), los diálogos recuperan la legendaria ironía y la sensación general es la de estar de vuelta en casa (y esto lo digo por mí, no por Woody). En cuanto a ingenio y ácida reflexión quizá no esté a la altura de Desmontando a Harry, ni tampoco es tan divertida como Granujas de medio pelo. Por supuesto que no llega (ni aspira a ello) a la envergadura de Annie Hall, Delitos y faltas o Hannah y sus hermanas. Me da igual. Celebro sobre todo que Allen aparente haber vuelto a hacer la película que él deseaba, libre de compromisos y sin tener que devolverle favores a nadie por su hospitalidad. Sólo para fans, desde luego, lo cual no es poco, teniendo en cuenta la que se lió después de Vicky Cristina Barcelona. Me debato entre el aprobado alto de rigor o el notable nostálgico que me imploran mis vísceras.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hoy no he visto ninguna cartelera y tampoco es mi intencion ir al cine, pero si si voy a hacer un recordatorio de todos los momentos vividos. Estamos en Madrid, alla por la decada de los ochenta cuando un profesor delgado de mirada un poco fria,con barba un tanto espesa, esta dando una clase de Ciencias naturales a un grupo de chiquillos cuyas edades no debian de exceder de los diez años. Es dia de examen y se nota cierto nerviosismo porque no se sabe quien sera el primero en subir a la tarima. El profesor ya tiene elegida su pregunta y llama al niño en cuestion. El niño sube muy nervioso, se produce un silencio sepulcral y el profesor hace la pregunta. Dime ¿Cuales son los estados de la materia?.El niño se sabe la respuesta y dice muy tranquilo, Solido, Liquido y gaseoso. MUY BIEN, responde el profesor. Ahora ponme un ejemplo de cada uno de ellos. El niño muy seguro responde: A ver. solido una piedra. el liquido, el agua,y el gaseoso pues la Casera.... Descojone total en la clase y el niño que no sabe donde meterse,se baja de la tarima para no ver la cara del profesor. Te suena.....

El veí de dalt dijo...

De la primera hice uns post hace unos dias. Coincidimos plenamente. Y cuanto más la recuerdo, más me gusta. (Oye...así por lo bajini y sin descubrir nada...que le dice Isidoro a Expósito al final de la peli. No lo oí bien!) De la última, tengo pendiente un post. Las otras, pendientes.

El último peatón dijo...

Anónimo misterioso: Y tanto que me acuerdo, como si fuera ayer, o anteayer, como mucho...
El profesor, si no me equivoco, se llama Miguel. Y el niño de la gaseosa (dicho así, suena a apodo de torero) se llama Jesús.
Por cierto, ¿eres tú?

Veí: Aunque no lo recuerdo con exactitud, creo que lo que le dice Isidoro a Expósito es "cadena perpetua", o algo parecido. Supongo que con esto te basta.

jesus dijo...

El niño de la gaseosa se llama Jesus, correcto. Aunque tambien le conocian como el Ayojeje, el Dumbo doyer o por la expresion que a ti te hacia mucha gracia que era la del Pancreas con bigote. Me alegro un monton de volverte a saludarte ya que te tenia perdida la pista. Supe de ti navegando por Internet y ya veo que vives y trabajas en Barcelona. Si tienes memoria mi correo es Jesus(mi apellido)@yahoo.es. UN ABRAZO ENOOOORME.