miércoles, 14 de octubre de 2009

Farsantes

Raro es el día que no me topo con alguien que, de una u otra manera, termina echando pestes de la televisión. De todas las modalidades posibles, la que más me revienta es sin duda la de quienes utilizan dicho argumento como airada consigna para reivindicar su supuesta dignidad intelectual.
La última que recuerdo fue una persona que, al preguntarle yo si había visto el primer capítulo de una nueva serie, me respondió: “Yo prefiero leer”.
Desde luego que mi primera tentación fue la de aclararle que tal vez a mí me gustara leer todavía más que a ella, si bien aquello hubiera sido lo mismo que rebajarme a su patético nivel de soberbia.
Imaginad que le preguntáis a alguien: “¿Has probado la sangría?”, y os contesta: “Yo es que prefiero follar”.
Claro. Estáis pensando lo mismo que yo. ¿Qué diantre tiene que ver una cosa con la otra? ¿Acaso el que te guste la sangría es incompatible con la posibilidad de disfrutar del sexo? ¿Sólo follan los abstemios?
Pues así parece ocurrirle a no poca gente cuando, en teoría, se encuentran diariamente con el enorme dilema de elegir entre la tele o un libro (me río yo del dilema).
No sé a vosotros, pero a mí el día me da para un surtido variado de actividades que, no por ser de naturalezas y objetivos a veces radicalmente opuestos, son incompatibles si se saben repartir bien. Y, en todo caso, cuando el tiempo apremia, se elige lo poco que se puede, pero no tanto en detrimento de otras cosas como movidos por lo que realmente nos apetece. Vamos, sería lo más lógico.
Pero la gracia verdadera de todo está en que, según mi experiencia, por regla general este tipo de personas suelen caracterizarse (aparte de por ofenderse cada vez que les nombras la televisión) por una serie de contradicciones e incongruencias que delatan su fatuo y a la vez ingenuo disfraz:

- En primer lugar, suelen ser personas con una idea —a mi parecer— demasiado cursi de la literatura y la lectura. Digamos que el oficio de escribir o el placer de leer suele evocarles invariablemente estampas como las de un señor fumando en pipa sentado en una mecedora, o un butacón de orejas frente a una chimenea crepitante, o un grupo de excursionistas narrando cuentos infantiles alrededor de un fuego en mitad del campo y de la noche; cosas así, creo que se me entiende. No es que tenga nada en contra de ello, pero me parece que es reducir la literatura a un estereotipo arcaico y un tanto ñoño.

- Asimismo, los susodichos acostumbran a ser lectores de eso que podríamos denominar “literatura de gran consumo”, por emplear la terminología típica del marketing, ya puestos. Vaya por delante que tampoco tengo nada en contra de este tipo de lecturas (ni de ninguna otra, a priori). Siempre he defendido que cada cual lea lo que le venga en gana y, sobre todo, que no es recomendable juzgar intelectualmente al prójimo por cosas tan superficiales como determinados gustos y aficiones. Ahora bien, si recalco esto ahora es porque me estoy refiriendo precisamente a personas que sí me juzgan a mí cuando digo haber visto algo en la tele, o incluso que se atreven a juzgar severamente a toda la humanidad telespectadora, tildando así de borregos, catetos, pollinos y otras lindezas a la mayoría de sus vecinos, amigos, compañeros o familiares.
Personas —insisto— que hablan de Bucay, Jodorowsky o Coelho (sí, Palimp, Coelho) como si fueran los sucesores de Aristóteles, Platón y Cervantes. Y que nadie se confunda: yo soy el primero que no ha vuelto a ojear un libro de filosofía desde que tuve que engullirlos por obligación en la escuela, pero, en cambio, intento ser lo suficientemente cabal como para no confundir a un gurú de la autoayuda con un filósofo clásico.

- Por otra parte, no creo que Ken Follet, Dan Brown y compañía respondan al estereotipo rancio antes citado. Más bien creo que representan un tipo de escritor (mejor o peor, más o menos “culto”) moderno, en el sentido más neutro y menos elevado de la expresión. O, por decirlo de otro modo: seguro que son conscientes de ser autores de la era de la televisión, de los videojuegos y de Internet, y diría que escriben sabiendo perfectamente que hoy por hoy todo hijo de vecino ve la tele y que no son tiempos en que se acostumbre a leer a Dante o a Proust o a Faulkner frente al fuego. Así que no sería de extrañar que alguno de estos remilgados anticatódicos a los que hoy me refiero sufriera el disgusto de su vida al descubrir que quienes considera los grandes nombres de la literatura universal, digna e incorrupta (aunque superventas, en su mayoría) tienen televisión y —oh, horror— la encienden cuando llegan a casa y, peor todavía, la ven.

- Finalmente, su motivo preferido para demostrar que la tele es un artefacto exclusivo para tontos es que “sólo hay programas de cotilleo”.
De aquí deduzco que, obviamente, son ellos los que sólo ven programas de cotilleo (aunque lo oculten por razones obvias, si bien ridículas). Que en la televisión de nuestros días hay de todo es un hecho tan flagrante que hasta da pudor mencionarlo. Bastaría con observar las cadenas llamadas generalistas, por mucho que haya quien siga empeñado en que sólo se emite basura (sic), pero es que entre las parabólicas y la TDT el repertorio se multiplica hasta el empacho. Huelga aclarar que cuando digo que hay “de todo” no estoy afirmando que “todo sea bueno” (ni siquiera que la mayoría sea mínimamente potable; eso que lo decida cada cual). Lo que intento recalcar es la estupidez de un argumento como “sólo hay programas de cotilleo”, especialmente cuando es esgrimido por personas que alcanzan el éxtasis místico o, en su defecto, accesos de incontinencia urinaria, cuando te dicen, por ejemplo, que han leído un volumen que recopila las cartas del novelista Fulano a la poeta Mengana, o los diarios de tal o cual escritor.
¿O es que interesarse por la vida privada de un hombre culto no es cotillear, y sí lo es, en cambio, hacerlo por la intimidad de un tipo del montón? Y aquí no me vale lo del posible interés artístico o cultural, porque no me estoy refiriendo a textos literarios inéditos, sino a cartas de amor, confesiones, secretos familiares, etc.
Que el legado cultural de Sartre sea en principio más valioso que el de Paquirrín no implica que sea menos cotilla quien se interese por saber si el escritor francés se drogaba, se masturbaba pensando en un caballo, ponía lo cuernos a su enamorada o leía en el váter (recuerdo haber leído hace tiempo un artículo estupendo de Javier Marías sobre todo este asunto de traicionar la voluntad de los autores muertos y la profanación de sus obras y legados).

En resumen, si cuando le pregunto a alguien sobre un episodio cualquiera de Frasier, Seinfeld o Los Simpson (excelentes las tres, por cierto), me dice “No me gustan las telecomedias”, o tal vez “No me gusta ver la tele”, o aun “No tengo tele” (ciertamente exótica esta última opción; que recuerde, sólo conozco a tres personas que no tienen televisor, y ya me parecen muchas), no os quepa duda de que me daría por bien respondido.
Sin embargo, cuando me sacan a relucir lo de la lectura, tiendo a sospechar que esa pomposa excusa no es sino la máscara de un farsante.

14 comentarios:

Poesía Intimista dijo...

Vamos a ver... Que cada cual vea, lea o diga lo que quiera. Si se mienten a ellos mismos, peor para ellos. Yo he leido a Bucay, Coelho, y hasta Richard Bach, como también a autores que no los conoce nadie y conocidos de prestigio, que dicen que si no los lees no entiendes de lectura... En mi casa tengo dos televisores, y vivo sola, y veo la tele, cuando me apetece, y si me gusta el programa, por ejemplo, El Intermedio porque me meo de la risa Y Sálvame también, cuando tengo tiempo. Soy peor que otra persona, o menos culta, que ve de la tele sólo los documentales de la 2 y no ha leído nunca a Bucay?????? Para gustos los colores.

Jebluss dijo...

Jajaja! Desternillante y certerísima semblanza. Siempre que necesito leer cosas con lucidez y sentido del humor me pego una vuelta por tu blog. Y fauna de la que hablas, encuentro cada vez más (y ahora están los que dicen haber leído tal libro, pero que, cuando se los inquiere sobre detalles del mismo, allí demuestran que, en realidad, sólo han leído la contraportada). La velocidad televisiva ha alcanzado todos los rincones de nuestra cultura (por eso tanta lectura diluida, lectura fast food). Un fuerte abrazo y espero vernos pronto para unas cañitas.

Gregorio Jebluss (el hombre del whisky)

T.M. dijo...

Quien quiera cotilleo verá cotilleo, pero también hay cosas buenas en TV. Los simpson me encantan, y en canal33 hay una buena programación. Y por supuesto también estoy enganchada a alguna serie......Doctor Mateo por ejemplo, jajaja,esa es la verdad. Y tienes razón hay momentos para todo.
Saludos.

El veí de dalt dijo...

¡Pues a mi me gusta leer viendo la tele...!

Palimp dijo...

Conozco a personas inteligentes a las que les gusta la televisión -no es mi caso (ni soy inteligente ni me gusta la telvisión), pero no conozco a ninguna que le guste Coelho. Puede ser que existan, pero todavía no me las han presentado.

Por lo demás, tienes más razón que un santo y aunque a mí el audiovisual en general me la trae un poco al fresco siempre he dicho que me parece más estimulante intelectualmente ver los Soprano que leer a Dan Brown. O ya puestos, es preferible ver Gran Hermano que leer a Coelho.

Poesía Intimista dijo...

Palimp, juzgas a las personas por lo que leen o dejan de leer. No me parece justo. Además, a veces, prefiero ser "tonta" y no leer ciertas cosas.

El último peatón dijo...

Poesía intimista: Voy a decirte algo que tal vez te cause un trauma irreversible: los documentales de La 2 no existen; son una leyenda urbana.

Jebluss: Muchas gracias, amigo. Un placer tenerte de visita por aquí. Tendremos que tomarnos pronto esas cervezas, antes de que nos quiten para siempre la hora feliz...

T.M.: Nunca he visto Doctor Mateo, pero suena a droga dura... Vigila tu salud. :)

Veí: Eres un artista. Para que luego digan algunas que los hombres no sabemos hacer dos cosas a la vez.

Palimp: Puede que pronto tú también te conviertas en un adicto a las pantallas (parece ser que ese será el futuro formato de los libros).
Por cierto, he conseguido cierta información sobre el insigne López Bobadilla. En cuanto verifique mis fuentes podré contar más...

Poesía Intimista dijo...

Cómo que no?? Si son ideales para echarte una cabezadita.
Qué tal va tu novela?

Palimp dijo...

Poesía intimista, yo no juzgo la inteligencia de las personas por lo que lean o dejen de leer (yo también he leído a Coelho -si no, no podría criticarlo), sino por lo que les gusta. ¿De qué otra manera podríamos juzgar la inteligencia de alguien? Con la salvedad de que yo no me considero inteligente; me gusta cada cosa...

Poesía Intimista dijo...

No era mi intención decirlo así pero por escrito es muy difícil expresar lo que realmente quiero transmitir. Lo de Coelho, yo hace 10 años que empecé a leerlo hasta que me cansé, porque empezó a hacerse muy empalagoso. Ahora, si te soy sincera, no me lo leería, y yo me leo casi todo.
Espero no haberte molestado.
Un saludo.
Encarna.
Lo de ser inteligente o no, es una cosa que me repatea cuando no te conocen de nada y por como vistes, hablas, o piensas - no es tu caso- ya te ponen una etiqueta.

C. Martín dijo...

Es curioso, la única persona que conozco que no tenía televisión, era la más preocupada por su imagen, la decoración de su casa, la obsesión por el orden, el «como dios manda» en todos los aspectos de la vida, suya y de los demás.
Me juré a mí misma que nunca sería como ella, ejem.
Yo, como Poesía intimista, veo lo que caiga en la tele si no me apetece hacer otra cosa más cansada, relaja que no veas. Y últimamente disfruto mucho con lo que llama David Broc "placer culpable": algo que es malo, pero malo de narices, pero que de puro malo que es, te engancha. Aplicable a series, programas de producción propia, concursos, telediarios, tertulias...

Palimp dijo...

Al comtrario Encarna, perdona tú por mi vehemencia. No suelo ser así, pero con Coelho me doy permiso.

Poesía Intimista dijo...

No hacía falta Palimp, de verdad. Soy una mujer de "prontos" y luego no mato ni a una mosca. Nadie es perfecto y menos yo.
Según tú no serás inteligente pero sí tienes un blog muy interesante.
Un saludo.
Encarna.

Palimp dijo...

Gracias por el piropo al blog :) Yo también he visitado los tuyos, aunque confieso que la poesía sigue sin ser lo mío.