lunes, 10 de agosto de 2009

Teoría del garrafón

Voy a demostraros que el garrafón no existe.
Tranquilos. Antes de que os pongáis en pie de guerra, me llaméis loco, insensible, o me acuséis de venderme al enemigo, dejadme que os explique.
Seguro que los que pasáis ya de los treinta os habréis despertado más de una mañana hechos una piltrafa y diciendo: “Ayer me pusieron garrafón. Con sólo dos cubatas es imposible que yo tenga esta pedazo de resaca”.
Os invito ahora a que retrocedáis en el tiempo unos quince años. Entonces, también bebíais cuando salíais por la noche. Os metíais en el cuerpo mejunjes y mezcladillos que se llamaban “Leche de pantera”, “Hashimuri” o “Calimocho” en copones de cinco litros, o bien os ibais a las fiestas de un pueblo o a la verbena de un barrio y os atizabais diez o doce cubalibres en vaso de cartón como si tal cosa. Al día siguiente, teníais resaca, claro. Pero no había nada que no se curase con un chocolate con churros, un zumo de naranja, una vuelta en bici o una cerveza bien fresquita. Además, es importante tener en cuenta que lo más parecido a una cena que habríais ingerido antes del carrusel de copas sería un bocata grasiento de panceta o de calamares, o un perrito caliente embadurnado de mostaza (cuestión de presupuesto).
Volvamos ahora al tiempo presente. La noche anterior a esa resaca que nos martiriza lo más probable es que hayamos cenado dos platos y postre. Todo ello, acompañado con vino. También con seguridad hemos brindado al finalizar la cena con cava o champán, y con un poco de suerte el restaurante se ha tirado el rollo y nos ha invitado a un chupito de orujo o una copa de pacharán. A continuación, nos hemos ido a cualquier garito y allí nos hemos bebido esos dos o tres cubatas que ahora nos corroen las entrañas y juegan al frontón con nuestras neuronas.
Hemos mezclado licores, sí, pero en cantidades irrisorias si las comparamos con las que éramos capaces de aguantar en nuestra tierna juventud.
Así que le echamos la culpa al whisky, el vodka o el ron que nos han servido al final de la noche. Garrafón seguro.
Total, que antes, bebiendo el doble y sin miramientos, nos recuperábamos mejor que ahora, bebiendo la mitad y exigiendo marcas punteras. No cuela.
Si lo de anoche era garrafón, imaginaos qué no sería lo que tomábamos hace quince años a precio de saldo. Pues eso. Que la culpa no es del garrafón, ni del cha cha cha. Es de la edad. Qué le vamos a hacer.
Por eso, si llegados a este punto convenimos que siempre hemos estado bebiendo garrafón, y que la única diferencia respecto al pasado es que nuestro cuerpo cascado ya no lo soporta como antes, nos encontramos con el principio básico de mi teoría, que no es otro que la evidencia de que TODO es garrafón.
Por consiguiente, si sólo existe el garrafón, si todo lo que nos ponen en los bares es garrafón, ¿qué sentido tiene llamar garrafón al garrafón? O, de otra forma: el calificativo peyorativo “garrafón” se debe a la idea de que existe una alternativa al mismo en forma de bebida pura, auténtica, sin adulterar. Pero, como hemos visto, llevamos casi dos décadas recorriendo bares, tabernas, pubs, chiringuitos, tascas, bodegas, discotecas, terrazas y mesones. Y nada.
Es duro, amigos; lo sé. Pero cuanto antes lo asumamos, mejor. Si el garrafón es lo único y verdadero, si la presunta bebida auténtica no es más que un mito, reconozcámoslo de una vez por todas: no hay nada más allá del garrafón. O, mejor dicho, lo que nos empeñamos en llamar garrafón es en realidad lo contrario, o sea, lo auténtico.
Conclusión: si no aguantas las resacas, mejor será que te hagas abstemio.

6 comentarios:

El veí de dalt dijo...

Per això només bec cervesa!

malditas musas dijo...

Dame otra buena noticia: dime que tampoco existen las fiestas rave :)

bsos
musa

El último peatón dijo...

Vecino, tú sí que sabes. Qué sería del verano sin la cerveza helada... ay.

Musa: no sólo no existen las fiestas rave; tampoco los politonos pachangueros del móvil ni los bailódromos latinos... Todo es posible en agosto :)


Un abrazo refrescante a los dos.

letras de arena dijo...

Yo me he pasado a la cerveza sin alcohol...no sabe igual pero me evito el dolor de cabeza.
Un beso.

El último peatón dijo...

Eso es hacer trampas, pero te perdono.
Besos cerveceros.

C. Martín dijo...

uy qué mayor te estás haciendoooo... X-D