lunes, 3 de agosto de 2009

Orgasmos de plástico

Parece ser que los japoneses, siempre empeñados en hacer de este mundo un lugar cada vez más artificialmente perfecto (o perfectamente falso), han logrado un nuevo hito en el apasionante terreno del fetichismo sexual (nunca mejor dicho lo de “Hito”, ahora que lo pienso).
Por el humilde precio de 6.000 euros puede adquirirse vía Internet el nuevo y ultimísimo modelo avanzado de muñeca hinchable, cuyo perfeccionamiento físico llega, según alardean sus fabricantes, al máximo nivel de parecido con un cuerpo humano femenino de verdad. Pelo natural y esqueleto metálico son algunos de los rasgos que hacen de esta concubina de látex el consuelo perfecto para los solitarios o poco diestros en las artes amatorias.
Me hace gracia esto. No me digáis que no es grotesco que la industria del ocio sexual se esfuerce en diseñar muñecas que se asemejen a las personas, cuando uno tiene la sensación de que cada día hay más personas que quieren parecerse a las muñecas (véanse Victoria Beckham o Ana Obregón).
La réplica occidental a la manceba nipona dicen que se prepara en Alemania, donde se augura la llegada de un “androide sexual femenino, capaz de responder a estímulos sensoriales, de imitar una respiración agitada, de mover la pelvis por control remoto y de aumentar su temperatura corporal durante el acto”, según palabras de su creador, el ingeniero Michael Harriman, que no se llama Frankenstein, pero casi. Por si fuera poco, también nos asegura que “será capaz de mantener los pies fríos, igual que una mujer real”. Sólo le ha faltado decir que se acostará con rulos y que sabrá fingir una migraña para eludir el sexo (en cuanto al orgasmo, se supone que será por fuerza fingido, tratándose de una muñeca. ¿O no?). Cualquier día de estos inventan la muñeca hinchable con menstruación, y si no, al tiempo. ¡Viva la igualdad sexual!
Si de verdad los hombres del futuro terminamos prefiriendo a los robots sofisticados antes que a las señoritas de carne y hueso, no faltará quien diga o piense que esto de la ingeniería humanoide será la solución a la prostitución marginal. Nada más limpio y cómodo para los proxenetas que proveerse de un ejército de muñecas que no piden seguridad social, ni derechos fundamentales, y que además no contagian enfermedades ni se quedan embarazadas.
Mi novia me ha dicho que por 6.000 euros ella se disfraza de la Nancy, la Mariquita Pérez, la Barbie, de muñeca de jura de bandera y hasta de flamenca con faralaes, de ésas que se ponían antes encima del televisor.
Si es que como una mujer de verdad no hay nada.

3 comentarios:

letras de arena dijo...

Que detalle más lograo lo de los pies fríos, si es que no pasan nada por alto.
Un abrazo de carne y hueso.

C. Martín dijo...

Me da que el público hacia quien va dirigido este tipo de juguetitos no es que los prefiera a su versión real, es que no puede permitirse la versión real por motivos variados (la gente es muy rara, ya sabes).
Lo que sí me ha hecho gracia es lo que dices de que cada vez la gente se quiera parecer más a las muñecas de plástico, tienes razón. Según veo yo en mi playa urbana es una auténtica plaga: a este paso los socorristas se van a quedar sin trabajo, juas.

El último peatón dijo...

Ahora ya sé en qué se parecen Sara Montiel y Angelina Jolie: más plástico que chicha.

Besos recauchutados a las dos.