domingo, 30 de agosto de 2009

Hasta que agosto os separe

Puede que hoy sea para muchos de vosotros el día más deprimente del año. A la cualidad intrínsecamente depresiva de cualquier domingo, hay que unirle la circunstancia de que mañana es, para la gran mayoría de los currantes autóctonos, el día de la vuelta al trabajo tras las vacaciones.
Mira que os tengo dicho que no volváis un lunes. Que lo mejor es reincorporarse un miércoles, un jueves o un viernes, que así el regreso a la rutina se completa de forma progresiva y no traumática… pero, en fin, ya es demasiado tarde, me temo.
No voy a hurgar más en esta herida. Simplemente voy a detenerme en un aspecto que todos los años se comenta al hilo de este asunto.
Parece ser que las vacaciones de verano son una época propicia para las separaciones de pareja. Lo que inicialmente debería ser una ventaja, es decir, poder pasar más tiempo junto a la persona presuntamente amada, resulta que se convierte en un suplicio que termina por agotar la paciencia de los cónyuges o amancebados.
Pues vaya. Una vez más, me obligan a citar la frase que Annabella Sciorra decía en la película El misterio Von Bulow: “El amor es fantasía y vivir con alguien es trabajar”.
Va a ser verdad que nos casamos por motivos ajenos a los sentimientos, que el matrimonio o la formalización de una relación son simples vehículos para poder pagar una hipoteca a medias y tener así una casa en propiedad, o bien una garantía para satisfacer nuestros deseos sexuales (o para presumir de ello, como mínimo) y no quedarnos, como se decía antes, “para vestir santos”.
El sexo y el dinero son las dos obligaciones insalvables que los ciudadanos de hoy nos imponemos para no ser menos que el vecino. Se pueden reconocer o incluso alardear ciertas carencias o defectos, como la incultura, el egoísmo, la xenofobia o el machismo, amparándonos en el socorrido y tramposo “nadie es perfecto”. Ahora bien, pobre de aquél que no vaya sobrado de follar y que no se haya comprado un piso “como inversión”.
La unión de ambas cosas, pareja y casa, compone la estampa prefabricada de la felicidad contemporánea… y nosotros nos lo creemos. Damos más importancia al verbo tener que a otros más estimulantes y ricos en matices, como disfrutar o sentir.
Yo siempre he sostenido que la salud de una pareja se mantiene y prolonga si sólo se hace en común lo que realmente se desea. Quiero decir que somos individuos, al margen de nuestro estado civil. No creo que el amor se demuestre por medio del sacrificio, ni que vivir bajo el mismo techo sea una garantía de estabilidad (mucho menos de fidelidad).
Conservar una parcela de intimidad individual es una vacuna contra la amenaza de la monotonía y la dictadura de los tópicos y lugares comunes de la pareja.
En resumen, nunca vivir junto a alguien debería estar supeditado a una obligación. Por desgracia, así ocurre a menudo, y por eso las vacaciones supuestamente idílicas pueden transformarse en un sofisticado ejercicio de tortura para muchos de nuestros paisanos.
Bueno, nada de deprimirse, que ya queda menos para el viernes.

4 comentarios:

T.M. dijo...

Hola peatón. Me hace gracia leer tu post pero añadiría que no solo el mes de Agosto es difícil para las parejas, sino para amigos, que deciden irsen de vacaciones y pasar 24 horas juntos. Es un "gran hermano" creo que no lo volveré a hacer. Como bien dices, tanto en la convivencia en pareja como en la amistad deberíamos tener nuestra parcelita para nosotros solos, sino puede llegar a ser un agobio. Saludos.

Poesía Intimista dijo...

Vivir con alguien al cual no te une nada salvo el sexo y la casa...Ufffffffff, yo me quedo como estoy.
Besos.

El veí de dalt dijo...

¡Un día más y rompemos! ;-)

El último peatón dijo...

Bueno amigos, sobreviví a agosto...

Gracias por visitar esta acera en vacaciones.

Besos y abrazos.