viernes, 24 de julio de 2009

Pasiones compartidas

Todo aquel que sienta una pasión incondicional hacia cualquier cosa correrá siempre el riesgo de pecar de pelmazo, o de pedante, o de empalagoso. Es inevitable, me temo.
Pero del mismo modo, uno agradece encontrar de vez en cuando indicios o pruebas concluyentes de que existen otros muchos “enfermos” que padecen su misma patología.
En mi caso, la pasión por las películas podría clasificarse perfectamente dentro de la mencionada categoría, y por eso he disfrutado leyendo un artículo de Carlos Boyero en El País, donde el crítico explica su amor hacia los cines de barrio y evidencia su nostalgia y temor por lo que parece el augurio de una muerte segura.

Como sé que no soy el único aquejado de filmosis aguda galopante, me permito recomendaros dicho artículo

1 comentario:

El veí de dalt dijo...

La vorágine es ya imparable...