miércoles, 1 de julio de 2009

El fuego de los imberbes

Cuando una persona afirma ser republicana, no veo la necesidad de que tenga que especificar también que es “anti monárquica”, pues dicha contradicción u oposición de conceptos está ya implícita en la semántica de la propia palabra, y además de un modo tan elegante como poco conflictivo.
No es que una cosa sea compatible con la otra, claro está, pero me parece que, en el caso mencionado y en la época actual, bastaría con ser “no monárquico”, sin recurrir al tan agresivo prefijo “anti”.
Si mañana se convocara un referéndum para elegir el modelo de estado que preferimos los ciudadanos, yo votaría por la república. Es una cuestión que tiene que ver con mi mentalidad, con mi razonamiento subjetivo y con mi forma de entender la labor de un gobernante. Y desde luego que esa idea siempre estará influida por el momento histórico que me haya tocado vivir, algo que a menudo parecen olvidar quienes promueven fanáticos debates sobre la cuestión.
Me parece a mí que este tipo de cosas siempre deben contextualizarse. Si nos quedamos en los conceptos genéricos, todos tendríamos algo que callar (Berlusconi, por poner un ejemplo cercano, es un presidente de república que no querría yo ni regalado). Además, no deberíamos olvidarnos de una cuestión sumamente importante: por qué ahora tenemos rey y no otra cosa.
Cuando pienso que lo inmediatamente anterior era una dictadura fascista, lo de la monarquía parlamentaria me parece Disneylandia, la verdad.
He visto que la mayoría de los que se han aficionado en los últimos tiempos a quemar banderas, retratos de la familia real o pantallas destinadas a retransmitir partidos de fútbol, son jóvenes, chavales, universitarios o estudiantes de instituto; adolescentes imberbes.
Cómo se nota que nunca han tenido toques de queda, que siempre han podido ver tetas en el cine, que pueden viajar adonde quieran, vestir como quieran, leer lo que les dé la gana, insultar al político que quieran, ver la tele hasta las tantas, y además no tienen que perder un año de su vida en el ejército por obligación legal.
Tal vez, si fueran realmente conscientes de lo que hubo aquí antes de ese modelo de estado que ahora pasan por la hoguera, entenderían que esa forma de protesta tan radicalmente incívica es, amén de cobarde, una manera burda y gratuita de tocar los cojones, sin más, por mucha pompa seudo revolucionaria que nos quiera vender la camarilla pirómana de turno.
Supongo que muchos de esos chavales que hoy se divierten haciendo fogatas fundamentalistas eran todavía un minúsculo espermatozoide cuando un señor con tricornio y muy mala leche se coló en el Congreso de los Diputados para amargarnos los candores recién estrenados de la Transición. Pues a ellos les digo que, por increíble que les pueda parecer, y por muy republicano que sea uno, nunca en la vida he visto a un país alegrarse tanto al contemplar a un rey en la pantalla del televisor.
De ahí, como he dicho antes, la importancia del contexto, por encima de otros fundamentos teóricos.
Tenemos miles de razones para quejarnos de chapuzas políticas, ministeriales o institucionales, para reclamar derechos y hacer valer nuestra libertad de expresión. Tenemos la suerte de poder discrepar sin que sea delito, de poder utilizar, por ejemplo, este espacio para decir lo que nos salga de las narices sin profanar imágenes ni destruir mobiliario urbano.
Que cada cual opine o airee su ideología, en voz alta, en susurros o por escrito. No entiendo a los melindrosos y reaccionarios que piensan que la corona o la bandera son intocables, si bien tampoco sé por qué hay tantos otros empeñados en que vivimos bajo la maldición de un régimen opresor y absolutista. Que me lo expliquen, de verdad, porque no lo veo por ningún lado.
Hay una diferencia sustancial entre promover un modelo de estado alternativo y querer imponerlo a sangre y fuego. Aquí hace mucho que no gobierna un tirano, así que tengamos la fiesta en paz.

5 comentarios:

T.M. dijo...

Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Se pueden defender ideales, pero sin violencia. Todos los violentos para mí son lo mismo, sean republicanos o monárquitos.

T.M. dijo...

Monárquicos quería decir.

Poesía Intimista dijo...

Aunque no hayan vivido en "esos tiempos" Está la historia o, sus parientes de más edad, para contarles "batallitas de la dictadura" En fin, allá ellos.
Últimamente te veo más político que escritor!!
Besos con democracia.

Dosskraz dijo...

Amigo (si me lo permites) Nacho, la política también evoluciona, sin embargo se mantiene el hecho de que hay quienes quieres seguir viviendo de ella, por lo que cambian el argumento, consiguiendo así arrastrar a aquellas almas cándidas que, como bien dices, ni siquiera vivieron tiempos duros o revueltos por ser apenas espermatoziodes...o ni eso.
Si, yo también valoro -no sabes cuanto- el poder discrepar, dentro del respeto, a quienes opinan distinto.
Un saludo.

El último peatón dijo...

Habrá que confiar en que la mayoría de estos chiquillos vayan perdiendo sus impulsos incendiarios a medida que se hagan adultos.

Gracias a todos por la visita.

Abrazos.