domingo, 7 de junio de 2009

La falta táctica

El comentario de hoy no trata sobre fútbol, pero para ilustrarlo voy a utilizar una figura balompédica que viene muy al caso.
En el argot de dicho deporte se acuña a menudo la expresión “falta táctica”, la cual tiene tanto de especificación técnica como de eufemismo, y alude a un tipo de falta que se suele cometer en la zona del centro del campo o las inmediaciones del área rival, cuyo objetivo es, en la mayoría de los casos, frenar un contraataque.
Esta clase de infracción se caracteriza porque no es violenta. Suele consistir en un simple agarrón, un empujón o una zancadilla de patio de colegio, sin saña ni alevosía. De hecho, rara vez el jugador que comete la falta protesta, aunque le enseñen tarjeta amarilla, lo cual explica la razón por la que una acción ilegal se puede considerar asimismo como parte de la táctica deportiva.
El único problema es que los aficionados, aun aceptando tales criterios, acostumbramos a no ver con demasiada claridad el carácter “táctico” de las faltas cuando las comete el equipo contrario. Es decir, que la infracción es evidentemente táctica cuando su autor es uno de los nuestros, pero cuando el agarrón o la zancadilla provienen de un jugador que viste una camiseta distinta a la de nuestros amores, de pronto gritamos al árbitro para que lo expulse, y lo llamamos asesino o hijo de la gran puta.
Ahora vamos al grano.
Hace unos cinco años, casi todos los españoles se manifestaban en contra de apoyar una guerra, la de Iraq, provocada a raíz de un delirio paranoico y torticero del ex presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Más allá de las simpatías o militancias partidistas, casi nadie quería formar parte de un conflicto bélico (algo totalmente lógico); se vive mejor en paz, poniendo a parir al vecino o al partido oponente, pero lejos de las bombas y los disparos.
Sin embargo, y aunque estoy convencido de que el Partido Popular perdió a muchos de sus votantes a causa del empeño de Aznar por salir en la foto de marras, no fueron pocos los que se sumaron posteriormente a las absurdas teorías de sus líderes políticos (echadas por tierra años después, con el reconocimiento del error por parte de los propios protagonistas, ya fuera con la boca grande o chica) y de las aún más retorcidas y grotescas tramas conspiratorias promovidas por determinados medios de comunicación afines, más que al conservadurismo ideológico, a la pura crispación.
Me asombra que siga habiendo gente capaz de creer que el atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid no guarda una relación evidente con la intervención de España en la guerra de Iraq y con el acto de soberbia narcisista de Aznar y sus colegas de retrato.
Pero me asombra todavía más que, personas convencidas de que quieren vivir en paz, hombres y mujeres de buen corazón, tolerantes, generosos, solidarios (en serio, conozco gente de todas las ideologías y partidos), puedan continuar defendiendo incluso a quienes han terminado reconociendo que se equivocaron (reconocen el error, claro, no la culpa, pero algo es algo).
Imagino que dichos simpatizantes del PP interpretaron el patinazo de su ex presidente (afirmar que en Iraq había armas de destrucción masiva) como una “falta táctica” y no como una “agresión”. Está claro que si ese mismo error lo hubiese cometido el líder del partido contrario la cosa cambiaría radicalmente.
De ello deduzco, una vez más, que el hincha de la política es exactamente igual que el del fútbol; que lo mismo que unos son “Der Beti manque pierda”, otros son del PP (o del PSOE, o de CiU, o del PNV, o de IU) porque “sienten los colores” de manera incondicional. Lo de sentir los colores está bien cuando hablamos de un juego, pero si nos referimos a las ideas que sirven para gobernar un país la cosa cambia, creo yo.
Se supone que hoy los ciudadanos votan pensando en Europa. Una patraña. Hoy se va al colegio electoral (los que vayan, que no serán legión) lo mismo que un domingo cualquiera se acude al estadio con la bufanda y la bandera, con el bocata y la trompeta, a jalear a los futbolistas propios y a cagarse en los muertos de los ajenos. Hoy no se vota pensando en el bien o el futuro del viejo continente, sino a expensas del diario que se compre o la emisora que se escuche. Los españoles visitan hoy las urnas con un sobre en cuyo interior se deciden asuntos de política internacional, pero con un cerebro que alberga filias y fobias arraigadas y localistas (o directamente provincianas). Unos llevarán en mente Iraq, otros la ETA; unos la crisis económica, otros la ley del aborto; unos la enseñanza bilingüe, otros la violencia de género.
Que os sea leve.

3 comentarios:

On the road dijo...

La sociedad actual nos educa para ver así las cosas. A o B. Barça o Madrid. PP o PSOE. Español o catalán. Eje del bien o terrorismo internacional. Esperanza o Gallardón. Nadal o Hamilton. Lo tuyo es guay, lo del otro son mamonadas. Los matices no caben en los titulares.
Saludos.

Poesía Intimista dijo...

Vaya tres patas para un banco... Viendo esta foto me dan ganas de decir la frase de Groucho Marx "Paren el mundo que me bajo"
Besos patosos.

El último peatón dijo...

On the road: Tienes razón. Si no fuera por los matices, nada nos distinguiría de los simios (bueno, a algunos es cierto que no se les nota la evolución...).

Un abrazo.


Encarna: Con este trío y un par de elos más se podría hacer un reality show de esos que abandonan a la gente en una isla desierta... ¡qué descanso!

Besos.